Para Luis de la Fuente, una semifinal contra Francia no constituye una novedad ni puede reducirse al último capítulo de la rivalidad entre dos de las mejores selecciones del mundo. El técnico español lleva trece años preparando versiones distintas del mismo partido. Ha cambiado de categoría, de generación y de escenario, pero el rival y la trascendencia de la cita se han mantenido: ganar a los franceses para disputar un título.

La semifinal del Mundial de 2026 será la sexta que De la Fuente afronte contra Francia desde que se incorporó a la estructura de la Real Federación Española de Fútbol. El balance de las cinco anteriores es contundente: cuatro clasificaciones y una sola eliminación, con 14 goles a favor y ocho en contra. La serie comenzó en 2013 con una derrota en el Europeo sub-19 y continuó con victorias en los campeonatos continentales sub-19 de 2015 y sub-21 de 2019, la Eurocopa de 2024 y la Liga de Naciones de 2025.

Más que una estadística favorable, la sucesión de partidos permite seguir la carrera del seleccionador y la transformación del fútbol español. Algunos de los adolescentes que empezaron aquel recorrido acabaron convirtiéndose en internacionales absolutos. Otros desaparecieron de la primera línea. De la Fuente, en cambio, permaneció dentro del sistema, avanzando desde las categorías inferiores hasta el banquillo principal sin modificar demasiado su manera de presentarse: un técnico de perfil institucional, poco interesado en construir un personaje público y convencido de que el conocimiento acumulado también puede ser una forma de autoridad.

La derrota que inició la serie

El primer episodio se produjo en el Europeo sub-19 de 2013, disputado en Lituania. España, vigente campeona de la categoría, cayó por 2-1 después de la prórroga. Aquella selección francesa incluía a futbolistas como Adrien Rabiot, Anthony Martial, Yassine Benzia y Aymeric Laporte, que entonces defendía al país en el que había nacido y años después se convertiría en internacional con España.

La derrota fue la única sufrida por De la Fuente frente a Francia en una semifinal. También fue el comienzo de una relación que terminaría definiendo buena parte de su trayectoria como seleccionador. En 2013 todavía era un técnico poco conocido fuera de los círculos de formación. Había llegado a la RFEF después de una carrera construida lejos de los grandes banquillos europeos y debía demostrar que podía trasladar su experiencia como formador a los torneos internacionales.

Dos años después llegó la revancha. España y Francia volvieron a encontrarse en las semifinales del Europeo sub-19 de 2015, celebrado en Grecia. El partido permaneció igualado hasta el tramo final, cuando Marco Asensio marcó en el minuto 88 y volvió a hacerlo durante el tiempo añadido para establecer el 2-0 definitivo. La selección española superó después a Rusia en la final y se proclamó campeona.

En aquel equipo ya estaban algunos futbolistas que terminarían formando parte del paisaje habitual de la absoluta. Unai Simón era uno de los porteros de la convocatoria; Mikel Merino ocupaba el centro del campo; Dani Ceballos, Borja Mayoral y el propio Asensio aparecían entre los principales talentos de la generación. Cuatro años más tarde, varios de ellos volverían a trabajar con el mismo seleccionador en la categoría sub-21.

La victoria de 2015 dejó además una escena que resume parte del método de De la Fuente. Antes del encuentro había pedido a sus jugadores que no alteraran su identidad por la superioridad física de Francia: posesión, control y capacidad para detectar las debilidades del rival. No proponía una ruptura táctica, sino utilizar mejor las cualidades que el grupo había trabajado durante la concentración.

La generación que aprendió a ganar junta

La semifinal de 2019 fue la demostración más clara de la continuidad entre las diferentes selecciones de De la Fuente. El técnico había asumido la sub-21 el año anterior y llegó al Europeo de Italia y San Marino con varios jugadores a los que ya conocía de etapas anteriores.

Francia se adelantó en el minuto 16 mediante un penalti transformado por Jean-Philippe Mateta, pero España respondió con cuatro goles. Marc Roca empató antes de la media hora, Mikel Oyarzabal culminó la remontada desde el punto de penalti justo antes del descanso, Dani Olmo marcó nada más comenzar la segunda parte y Borja Mayoral cerró el 4-1. Fabián Ruiz fue titular y Mikel Merino participó durante el segundo tiempo.

Aquella selección terminó conquistando el campeonato al derrotar por 2-1 a Alemania. El título confirmó una de las especialidades de De la Fuente: construir equipos competitivos en periodos breves, con jugadores que llegan desde clubes y contextos tácticos diferentes, pero que ya comparten una educación futbolística y, en muchos casos, una historia común en las categorías inferiores.

La continuidad no es únicamente sentimental. En la convocatoria española para el Mundial de 2026 aparecen Unai Simón y Mikel Merino, campeones sub-19 en 2015, junto a Fabián Ruiz, Dani Olmo y Mikel Oyarzabal, protagonistas de la goleada sub-21 de 2019. El seleccionador no heredó simplemente una generación consolidada cuando llegó a la absoluta: había intervenido directamente en su formación competitiva.

Ese conocimiento explica parte de su autoridad. De la Fuente sabe cómo reaccionan muchos de sus jugadores cuando no son titulares, cómo gestionan una concentración larga y cómo compiten bajo la presión de una eliminatoria. Ellos, a su vez, conocen un discurso que no cambia radicalmente cuando ascienden de categoría. El mensaje insiste en la fortaleza del grupo, la aceptación de los diferentes papeles y la necesidad de que los suplentes se mantengan preparados para intervenir.

No es una idea abstracta. En los cuartos de final de este Mundial, Mikel Merino marcó contra Bélgica apenas dos minutos después de entrar al terreno de juego. Era su tercer tanto decisivo como suplente en una eliminatoria dirigida por De la Fuente, después de su gol frente a Alemania en la Eurocopa de 2024 y el conseguido contra Portugal en los octavos del actual torneo. El técnico volvió a presentar el episodio como una demostración de la profundidad de la plantilla y del compromiso de quienes comienzan los partidos en el banquillo.

Un seleccionador sin carrera de estrella

La trayectoria de Luis de la Fuente no se parece a la de los entrenadores que llegan a una selección después de triunfar en los principales clubes europeos. Nació en Haro, en La Rioja, el 21 de junio de 1961, y fue lateral izquierdo. Disputó 234 encuentros oficiales durante sus nueve temporadas en el Athletic Club y también jugó en el Sevilla FC y el Deportivo Alavés. Con el conjunto bilbaíno formó parte del equipo que ganó dos Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España bajo la dirección de Javier Clemente.

Su carrera en los banquillos tampoco estuvo marcada por un ascenso rápido. Trabajó en categorías modestas, filiales y estructuras formativas antes de incorporarse a la federación. Cuando fue nombrado seleccionador absoluto en diciembre de 2022, ya había sido campeón de Europa sub-19 en 2015, oro en los Juegos Mediterráneos de 2018, campeón de Europa sub-21 en 2019 y medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio. También había dirigido excepcionalmente a la absoluta contra Lituania en 2021, cuando el primer equipo quedó aislado por el protocolo sanitario.

Su nombramiento tras la salida de Luis Enrique no respondió al prestigio mediático, sino a una promoción interna. La federación eligió a un técnico que conocía el funcionamiento de la casa y a buena parte de los futbolistas disponibles. Menos de dos años después, había ganado la Liga de Naciones de 2023 y la Eurocopa de 2024, esta última con pleno de victorias.

Tácticamente, su selección no ha renunciado al dominio del balón asociado tradicionalmente a España, pero ha aumentado la velocidad, la amplitud y la presencia de extremos capaces de atacar en situaciones individuales. La aparición de Nico Williams y Lamine Yamal permitió construir un equipo menos previsible, capaz de combinar posesiones largas con ataques verticales. Su principal sello, sin embargo, no es una innovación concreta, sino la adaptación: conserva una estructura reconocible y modifica las piezas sin presentar cada cambio como una revolución.

Tampoco mantiene una fidelidad inmóvil hacia los jugadores que conoce desde las categorías inferiores. La convocatoria de jóvenes como Pau Cubarsí, Lamine Yamal o Gavi convive con la recuperación de futbolistas experimentados y con decisiones impopulares. Su ventaja no consiste en tener un grupo cerrado, sino en conocer los mecanismos que permiten incorporar a nuevos jugadores sin romper la convivencia.

De los goles de Asensio a la irrupción de Lamine

Cuando De la Fuente volvió a enfrentarse a Francia en una semifinal, ya lo hizo como seleccionador absoluto. En la Eurocopa de 2024, el equipo de Didier Deschamps se adelantó en el minuto nueve mediante Randal Kolo Muani. La respuesta española llegó en apenas cuatro minutos: Lamine Yamal empató con un disparo desde fuera del área y Dani Olmo completó la remontada. Con 16 años y 362 días, Lamine se convirtió en el goleador más joven de la historia de la competición.

El salto entre 2015 y 2024 puede resumirse en dos nombres. Marco Asensio, con 19 años, decidió aquella semifinal sub-19 con dos goles tardíos. Lamine Yamal, todavía con 16, resolvió el momento más delicado de una semifinal de la absoluta. Entre ambos aparecen casi diez años de formación, diferentes generaciones y el mismo entrenador observando desde el banquillo.

Un año más tarde, la rivalidad alcanzó su versión más descontrolada. España venció a Francia por 5-4 en las semifinales de la Liga de Naciones de 2025. Nico Williams, Mikel Merino, Lamine Yamal, en dos ocasiones, y Pedri marcaron para un equipo que llegó a dominar por 4-0 y terminó resistiendo la reacción francesa. Fue el partido con más goles de la historia de la competición.

La sexta semifinal llega, por tanto, después de dos victorias consecutivas sobre Francia con la selección absoluta. Pero el precedente más útil para comprender a De la Fuente no está necesariamente en los resultados recientes. Está en la secuencia completa: perdió la primera eliminatoria, ganó las cuatro siguientes y fue ascendiendo junto a algunos de sus futbolistas hasta alcanzar el mayor escenario posible.

Unai Simón, Mikel Merino, Fabián Ruiz, Dani Olmo y Mikel Oyarzabal no son únicamente internacionales dirigidos por el actual seleccionador. Son fragmentos de sus equipos anteriores. Incluso quienes no pasaron por sus primeras convocatorias han entrado en una estructura construida con las lecciones de aquellos campeonatos juveniles.

Por eso la semifinal del Mundial de 2026 no será para Luis de la Fuente un partido aislado. Será la continuación de una historia iniciada trece años atrás en Lituania, cuando todavía dirigía adolescentes y Francia le cerró el camino hacia una final. Desde entonces ha regresado cuatro veces al mismo cruce y siempre ha avanzado. Ahora ya no tiene a Marco Asensio esperando el minuto 88 para decidir una semifinal sub-19. Tiene a Lamine Yamal, a los supervivientes de sus primeras generaciones y a una selección que lleva años aprendiendo a competir bajo su dirección. Cambian los nombres, las edades y los torneos. De la Fuente permanece. Y al otro lado vuelve a estar Francia.

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