El Regate

Alexia Putellas y el largo camino de regreso a sí misma

Una lesión que cambió su carrera, la difícil despedida del Barcelona y un tercer Balón de Oro para una futbolista que aprendió a empezar de nuevo

Alexia Putellas, en una imagen de archivo durante un partido con España. EP.
Alexia Putellas, en una imagen de archivo durante un partido con España. EP.

Alexia Putellas tuvo que aprender a caminar de nuevo antes de volver a conquistar el mundo. Parece una exageración literaria, pero es parte de su historia. Hubo un tiempo en el que su pierna izquierda, esa con la que había aprendido a gobernar los partidos, dejó de responder como siempre. La misma futbolista que había alcanzado la cima del fútbol mundial tuvo que enfrentarse a la incertidumbre de no saber cuándo volvería a sentirse ella misma. Cuatro años después de aquella lesión, Alexia ha recuperado el Balón de Oro. El tercero de su carrera. Y quizá el que mejor explica todo lo que ha tenido que recorrer para llegar hasta aquí.

A sus 32 años, la futbolista de Mollet del Vallès ha vuelto a situarse por encima del resto. Lo hizo este lunes en Londres, la ciudad que ahora también es su casa, después de una temporada extraordinaria con el Barcelona y la selección española. Pero su historia no se entiende únicamente a través de los títulos, los goles o los reconocimientos individuales. Para comprender este tercer Balón de Oro hay que regresar a julio de 2022, cuando Alexia estaba a punto de disputar la Eurocopa y una lesión cambió de golpe todos sus planes.

Por entonces, Putellas ya era la mejor futbolista del mundo. Había ganado el Balón de Oro de 2021, lideraba a un Barcelona convertido en referencia del fútbol europeo y encarnaba buena parte del crecimiento de una disciplina que empezaba a conquistar estadios, portadas y audiencias hasta entonces impensables. Parecía encontrarse en ese momento privilegiado en el que el talento, la madurez y el reconocimiento caminan juntos. Hasta que una rodilla lo cambió todo.

La vida que se detuvo en julio de 2022

El 5 de julio de 2022, las pruebas médicas confirmaron una rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda. España preparaba su participación en la Eurocopa de Inglaterra y Alexia era una de las grandes estrellas del torneo. En cuestión de horas pasó de imaginar lo que podía suceder sobre el césped a enfrentarse a una recuperación larga, incierta y alejada de la competición.

El fútbol tiene algo de cruel cuando se detiene para quien lo ha convertido en su vida. Los partidos siguen disputándose, las compañeras continúan entrenando y los títulos encuentran nuevos propietarios. Mientras tanto, la futbolista lesionada debe celebrar progresos que antes ni siquiera consideraba importantes. Doblar una rodilla. Recuperar la movilidad. Volver a correr. Golpear un balón sin miedo.

Años después, durante su discurso tras recibir el Balón de Oro de 2026, Alexia recordó aquellos momentos. "Me acuerdo de los momentos cuando la pierna me fallaba, cuando aprendí a volver a andar, a volver a correr, a volver a chutar", confesó ante el auditorio londinense. Sus palabras, lejos del discurso habitual de agradecimientos, devolvieron el protagonismo a una parte de su carrera que los trofeos no pueden explicar.

En octubre de 2022 recibió su segundo Balón de Oro mientras continuaba recuperándose. Aquella imagen contenía una contradicción difícil de ignorar: el mundo celebraba a una futbolista que todavía no podía hacer aquello por lo que estaba siendo reconocida.

Regresó a los terrenos de juego el 30 de abril de 2023, casi diez meses después de su lesión, y llegó a tiempo para participar en el Mundial que España conquistaría aquel verano en Australia y Nueva Zelanda. Sin embargo, volver a jugar no significaba necesariamente haber recuperado todo lo que había dejado atrás.

El mundo siguió girando sin Alexia

Mientras Putellas recorría su propio camino de recuperación, el fútbol femenino español continuó creciendo. La selección conquistó su primer Mundial y el Barcelona mantuvo su condición de potencia europea. También apareció con toda su fuerza Aitana Bonmatí, compañera de vestuario y heredera de un trono que durante dos años había pertenecido a Alexia.

Aitana ganó los Balones de Oro de 2023, 2024 y 2025, encadenando tres reconocimientos consecutivos que prolongaron el dominio español en el fútbol femenino. No fue una sustitución ni una rivalidad que deba entenderse como una competición personal. Ambas compartieron éxitos y contribuyeron a construir una de las etapas más brillantes del Barcelona. Pero la sucesión de premios dejó una realidad evidente: el fútbol había encontrado nuevas protagonistas mientras Alexia trataba de recuperar su mejor versión.

La catalana volvió a ser decisiva en los grandes escenarios. En la final de la Champions de 2024, ante el Olympique de Lyon, marcó el gol que aseguró el título europeo del Barcelona. Era otra manera de recordar que seguía allí, aunque su regreso no respondiera a una línea recta ni todos los problemas hubieran quedado definitivamente atrás.

El fútbol profesional rara vez concede demasiado tiempo para reencontrarse. La exigencia no desaparece por haber ganado dos Balones de Oro, ni las lesiones respetan las trayectorias extraordinarias. Alexia tuvo que reconstruir su relación con el juego mientras convivía con el recuerdo de la futbolista que había sido.

La decisión más difícil no llegó sobre el césped

La recuperación física fue una de las grandes pruebas de su carrera. La siguiente llegó cuando tuvo que decidir si quería seguir viviendo en el lugar donde había construido prácticamente toda su identidad deportiva.

Después de 14 temporadas en el Barcelona, Alexia anunció su marcha en 2026. Se despedía del club al que había llegado en 2012, cuando el fútbol femenino todavía peleaba por una visibilidad que hoy parece habitual. Dejaba atrás 508 partidos, 232 goles y cuatro Ligas de Campeones, además de una colección de títulos nacionales que la situaban entre las grandes leyendas de la entidad.

Había crecido con el Barcelona y el Barcelona había crecido con ella. En sus primeros años disputaba encuentros ante unos pocos cientos de espectadores. Con el tiempo, terminó levantando trofeos en algunos de los estadios más importantes de Europa y convirtiéndose en una figura reconocible mucho más allá del fútbol.

Sin embargo, ganar también desgasta. En una entrevista concedida a El País el pasado agosto, Alexia reconoció que había imaginado terminar su carrera en el conjunto azulgrana, pero que la última temporada había supuesto un enorme esfuerzo físico y mental. Llegó a preguntarse si sería capaz de afrontar otro año con la misma exigencia de ganarlo absolutamente todo.

Su despedida no fue sencilla. "Después de tomar la decisión hubo unos días en los que me rompí, que no salía ni a la calle", admitió. No hablaba esta vez de una rodilla lesionada, sino de lo que significaba abandonar el lugar al que había dedicado buena parte de su vida.

Existe una forma de valentía que no consiste en resistir indefinidamente, sino en reconocer cuándo ha llegado el momento de cambiar. Alexia había conseguido prácticamente todo lo que una futbolista puede soñar con un club. Podía haber permanecido allí, protegida por su historia y por la dimensión de su legado. Prefirió empezar otra etapa.

De reina del Barcelona a capitana de un proyecto por construir

Su destino fue el London City Lionesses, un club fundado en 2019 y propiedad de Michele Kang, empresaria que impulsa distintos proyectos de fútbol femenino a través de Kynisca Sports International. La elección sorprendió porque no se trataba de uno de los grandes equipos tradicionales de Europa ni de un participante en la Liga de Campeones.

El London City había terminado sexto en la liga inglesa y todavía estaba construyendo su identidad entre los grandes del campeonato. Para una futbolista acostumbrada a pelear por todos los títulos, suponía incorporarse a un proyecto con ambiciones importantes, pero sin las certezas deportivas que había disfrutado durante años en Barcelona.

Alexia encontró precisamente ahí parte del atractivo. Quería competir cada fin de semana en una liga exigente y formar parte de un club independiente, dedicado exclusivamente al fútbol femenino. Su decisión también respondía a una idea del deporte que ha defendido públicamente: las futbolistas necesitan estructuras capaces de sostenerse, crecer y competir por sí mismas.

A los 32 años, cuando muchas grandes estrellas empiezan a pensar en el final de sus carreras, Putellas eligió un desafío diferente. Ya no se trataba de demostrar que podía ganar con el Barcelona. Se trataba de descubrir qué podía construir lejos de él.

El tercer Balón de Oro y una nueva forma de empezar

La paradoja quiso que el reconocimiento a su última gran temporada azulgrana llegara precisamente en Londres. Alexia conquistó el Balón de Oro de 2026 después de firmar 20 goles y 14 asistencias con el Barcelona, ganar los cuatro grandes títulos de la temporada y ser distinguida como la mejor futbolista de la Champions League, competición en la que marcó siete goles y repartió otras siete asistencias.

Se impuso a Ewa Pajor y Khadija Shaw y recuperó un galardón que llevaba tres ediciones en manos de Aitana Bonmatí. Con tres Balones de Oro cada una, las dos futbolistas españolas se reparten las seis últimas ediciones de un premio que desde 2021 solo ha conocido ganadoras españolas.

Pero este tercer reconocimiento posee un significado que las estadísticas apenas alcanzan a resumir. El primero confirmó su llegada a la cima. El segundo la encontró en pleno proceso de recuperación. El tercero ha llegado después de haber reconstruido su carrera y de tomar una de las decisiones más difíciles de su vida profesional.

En Londres, Alexia se acordó de su madre, de su familia, de sus amigas y de quienes la habían acompañado durante los días más complicados. El agradecimiento adquiría sentido después de escucharla recordar las dudas, los problemas físicos y el esfuerzo de aprender otra vez movimientos que durante años habían parecido naturales.

La historia de Putellas no termina con tres Balones de Oro. Le esperan la exigencia de la liga inglesa, el reto de hacer crecer al London City y nuevos objetivos con la selección española. Todavía tiene mucho fútbol por delante y una carrera que ya no necesita justificarse mediante nuevos títulos.

Quizá por eso su último Balón de Oro resulta tan especial. Alexia ya sabía lo que significaba ser la mejor del mundo. Lo que tuvo que aprender después fue a volver a encontrarse cuando el fútbol, su cuerpo y su propia vida dejaron de parecerse a lo que había conocido. La primera vez que conquistó el oro estaba cumpliendo un sueño. Esta vez lo ha levantado después de descubrir cuánto cuesta, en ocasiones, seguir persiguiéndolo.

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