La empresa aeroespacial de Elon Musk sale este viernes a Bolsa contando con un precio marcado de 135 dólares por acción. Estas es una cifra que, según se espera, comience a aumentar rápidamente y de manera significativa debido a la alta demanda que se espera entre los inversores, así como que no hay previsión de que SpaceX reparta dividendos entre sus accionistas. No sería esta la primera vez que Musk opta por retener el beneficio para financiar el crecimiento de la compañía, un movimiento este que se enmarca dentro de una estrategia para aumentar el valor de la acción y que ya llevó a cabo, por ejemplo, con Tesla.

La salida a Bolsa de SpaceX se torna uno de los principales acontecimientos del año en el mundo de la inversión, recabando la atención de buena parte del círculo bursátil. No obstante, esta jornada no solo será recordada por el aterrizaje de la compañía en Wall Street, sino también porque Musk superará una barrera que hasta ahora nadie había sido capaz de rebasar.

Hace tiempo que el empresario es la persona más rica del mundo, atesorando una fortuna que, en su momento, ya se apuntó que podría acabar con el hambre en el mundo si Musk destinara a ello una partida que apenas le haría notar pérdida de peso en su bolsillo. Ahora bien, si SpaceX sigue las previsiones que se están marcando en su salida a Bolsa, el empresario no solo será todavía más rico, sino que también se convertirá en la primera persona de la historia en acumular una fortuna de más de un billón de dólares.

Este cálculo resulta especialmente llamativo, sobre todo si se atiende a las cuentas que hace Oxfam, la confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales, organismo que asegura que a partir de ahora Musk concentrará entonces mayor riqueza que el conjunto del 46% más pobre de la humanidad, nada más y nada menos que 3.800 millones de personas

Si bien, el hito que podría alcanzar hoy Elon Musk, además de dejar un importante debate de fondo por la fortuna que aglutina y la comparativa con una importante parte de la población mundial, también deja espacio a la polémica. En este sentido, desde Oxfam apuntan a que el empresario ha aprovechado los vínculos que ha establecido con estructuras de poder de Estados Unidos, señalando principalmente al Gobierno del país, para enriquecerse de manera notoria y continuada en los últimos años. 

La magnitud de la operación también ha despertado interrogantes sobre quiénes serán los principales beneficiados de este salto a la Bolsa. Según Oxfam, una parte relevante de las ganancias derivadas de la Oferta Pública Inicial terminará en manos de fondos de capital riesgo, altos ejecutivos y personas con estrechos vínculos políticos. La organización subraya además que alrededor de una quinta parte de los ingresos de SpaceX procede de contratos con el Gobierno federal estadounidense, una circunstancia que, a su juicio, evidencia la estrecha relación entre el crecimiento de la compañía y el respaldo institucional recibido durante los últimos años.

Pese a estas críticas, la expectación entre los inversores no ha dejado de aumentar en las semanas previas al debut bursátil. La compañía ha reservado hasta un 10% de la colocación para pequeños inversores de varios países europeos, entre ellos España, así como para particulares estadounidenses. Se trata de una proporción poco habitual en una salida a bolsa de estas dimensiones, tradicionalmente dominada por grandes fondos y entidades financieras.

El atractivo de SpaceX radica, en buena medida, en las expectativas de crecimiento que rodean a la empresa. Los analistas prevén que la demanda supere ampliamente la oferta de los más de 555 millones de títulos puestos a la venta. Además, la compañía ha dejado claro que no contempla repartir dividendos en efectivo durante los próximos años, una decisión orientada a reinvertir los beneficios en la expansión del negocio.

Sin embargo, otro de los aspectos más controvertidos de la operación reside en la estructura de poder diseñada por Musk. Aunque la empresa se abre al mercado, el empresario conservará un control cercano al 84% de los derechos de voto gracias a un sistema de acciones que multiplica su capacidad de decisión. Para Oxfam, este modelo limita la capacidad de supervisión de los accionistas minoritarios y refuerza una concentración de poder que considera incompatible con los principios de una gobernanza corporativa más equilibrada.

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