El fuerte incremento de las importaciones de gas ruso por parte de España en el primer mes de guerra en Irán responde a una combinación de factores geopolíticos, económicos y estratégicos que han alterado profundamente el mercado energético internacional. Según han apuntado distintas fuentes del sector a El País, en primer lugar, el estallido del conflicto en Oriente Próximo y el cierre del Estrecho de Ormuz ha generado grandes tensiones no solo en lo referido al petróleo, sino también a este combustible. El bloqueo del tráfico marítimo en este punto estratégico para el comercio mundial, junto con los ataques a infraestructuras energéticas en países como Qatar o Emiratos Árabes Unidos, han reducido considerablemente la oferta disponible desde el Golfo Pérsico, obligando a compradores internacionales a buscar alternativas más seguras.
A este escenario se suma la volatilidad de los precios. El gas llegó a duplicar su coste tras el inicio de las hostilidades, pasando de unos 30 euros por megavatio hora a superar los 60 euros. Aunque posteriormente se ha moderado hasta el entorno de los 42 euros, la incertidumbre sigue marcando el comportamiento del mercado. En este contexto, el gas ruso ha ganado protagonismo al contar con un precio más competitivo, en parte debido a que Moscú, limitado por las sanciones derivadas de la guerra en Ucrania, cuenta con menos compradores potenciales y se ve obligado a ajustar tarifas para mantener su cuota.
Otro elemento clave, tal y como apuntan a El País, es la capacidad logística de España. El país dispone de seis plantas regasificadoras activas, lo que lo convierte en un importante nodo de almacenamiento y redistribución de gas natural licuado en Europa. Esta infraestructura permite que grandes operadores internacionales utilicen el territorio español no solo para consumo interno, sino también como punto de tránsito hacia otros mercados. La previsión de posibles problemas de suministro ha llevado a estos actores a incrementar sus reservas.
Además, el aumento del consumo interno también ha influido. Según datos del gestor del sistema gasista Enagás, la demanda creció en marzo impulsada principalmente por el uso de gas en generación eléctrica. El refuerzo del sistema eléctrico tras episodios recientes ha incrementado la actividad de las centrales de ciclo combinado, elevando significativamente el consumo de este combustible. Se trata de un incremento que responde a una operación reforzada que aplica Red Eléctrica para evitar un nuevo apagón como el ocurrido el 28 de abril de 2025.
Por último, la inminente entrada en vigor de nuevas restricciones europeas también ha acelerado las compras. La Unión Europea prohibirá a partir de finales de abril la adquisición de gas ruso, lo que ha llevado a muchos operadores a adelantar sus aprovisionamientos antes de que estas limitaciones entren plenamente en vigor.
En este contexto, España ha alcanzado un récord histórico de importaciones. En marzo, las compras de gas ruso llegaron a los 9.807 gigavatios hora (GWh), más del doble que en febrero y la cifra más alta registrada en un solo mes, incluso por encima de los niveles de la crisis energética de 2023. Este volumen sitúa a Rusia como el tercer proveedor de gas del país, aportando aproximadamente una de cada cuatro unidades que entraron en el sistema gasista nacional.
Cabe destacar que este incremento no responde necesariamente a un aumento de los contratos a largo plazo. Empresas como Naturgy mantienen acuerdos estables, como el que tienen con los yacimientos de Yamal, sin variaciones significativas en el suministro. El repunte se concentra principalmente en el mercado de corto plazo, donde los traders han aprovechado las condiciones actuales para reforzar sus reservas.
Ante este escenario, el Gobierno español ya trabaja en diversificar sus fuentes de suministro para reducir la dependencia del gas ruso y garantizar la seguridad energética. Una de las principales líneas de actuación es reforzar la relación con Argelia, principal proveedor del país. En las últimas semanas, representantes del Ejecutivo han intensificado contactos para ampliar en un 10% la capacidad del gasoducto Medgaz, que conecta ambos países a través del Mediterráneo.
Asimismo, Estados Unidos se consolida como un socio estratégico. Desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, las importaciones de gas estadounidense se han duplicado, en parte vinculadas a acuerdos comerciales más amplios con la Unión Europea. Esta diversificación busca mitigar los riesgos asociados a la dependencia de Moscú, gobernado por Vladímir Putin.