El presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, ha vuelto a mentir sobre la fiscalidad española para justificar su defensa neoliberal y de degradación del Estado de Bienestar de reducir los impuestos. El líder de la oposición insiste en que la carga tributaria española es de las más alta de todo Europa y promulga que el Gobierno de coalición ha elevado sustancialmente estos pagos, sin detallar a qué gravámenes hace alusión. El principal problema de estas afirmaciones es que, por mucho que las repita, son falsas.
“España recauda como un país nórdico y no puede tener servicios como un país tercermundista”, ha pronunciado Feijóo hace escasas horas. Más allá del insulto a los servicios públicos españoles y la degradación de sus profesionales, el político gallego ha vuelto a fallar una vez más con los datos. La estadística realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) no coloca a España ni siquiera cerca del nivel de los países nórdicos, más atendiendo a la diferencia que representa las distancias porcentuales en estas magnitudes.
Los datos de 2024, últimos disponibles, aunque sin todos los países recogidos, cuantifican la calificada como presión fiscal de Dinamarca en un 45,2%. Finlandia le sigue de lejos, con un 42,2%, y a mayor distancia aparecen Suecia (41,4%) y Noruega (40,2%). España, con un 36,7%, ni siquiera está cerca. Es más, entre los países nórdicos y la península existe una gran lista de reconocidos países: Francia (43,5%), Italia (42,8%) Bélgica (42,6%), Luxemburgo (41,5%), Grecia (39,8%), Países Bajos (38,5%), Croacia (38,4%), Alemania (38%) o Islandia (36,9%).
Es posible que el Partido Popular tenga a su disposición unos datos más fiables que los del think tank de las economías desarrolladas, los cuales no quiere revelar para mantener el secreto. También puede ser que Feijóo haya vuelto a cometer un error geográfico y, al querer referirse a las grandes potencias República Checha (34%), Estonia (35,2%), Hungría (34,4%), Letonia (34,9%) y Lituania (33,1%), que si que tienen un menor peso de los ingresos tributarios sobre el Producto Interior Bruto (PIB), haya hecho alusión a “países nórdicos”.
Sin embargo, dejando abierta la puerta a que haya podido ser un inocente y para nada malintencionado error, lo cierto es que sería complicado que la afirmación de Feijóo alcanzase cotas más altas de falsedad. España no está ni cerca de la presión fiscal de los países nórdicos, donde, por cierto, se entiende por el conjunto de la población que el pago de impuestos para sostener el sistema de servicios públicos es una máxima que no se puede vulnerar. Además, España está por debajo hasta de sus principales socios (Alemania, Francia, Italia, etc.).
Bajar impuestos y privatizar, a la madrileña
“El dinero de los españoles se tiene que traducir en mejores servicios, no en problemas nunca antes vistos”, ha incidido Feijóo durante el mismo discurso. Además, desde el Partido Popular defienden que es compatible la reducción tributaria con la mejora de los servicios públicos. Pero el problema, una vez más, es que esto es falso. Además, no es necesario huir de nuestras fronteras para comprobarlo, dado que una gran parte de las competencias de servicios públicos están en manos de las Comunidades Autónomas, una amplia mayoría en manos del PP.
La Comunidad de Madrid de Isabel Díaz Ayuso ha capitaneado la estrategia de bajada de impuestos, principalmente a grandes patrimonios, rentas altas y empresas. La región que alberga la capital se ha transformado en una especie de paraíso fiscal donde si heredas siete casas o tres millones de euros, eres el propietario de una multinacional millonaria o cobras más de 100.000 euros, pagas porcentualmente menos impuestos que alguien que viva de alquiler, cobre 1.500 euros y no tenga herencia. Servicios como la sanidad o la dependencia están en manos del Ejecutivo de Ayuso y, siguiendo las tesis de Feijóo, deberían haber mejorado sustancialmente.
Sobre las residencias y la dependencia madrileñas, con 7.291 víctimas mortales a las espaldas autonómicas, es mejor no hacer comentarios. En referencia a la sanidad, salvo que seas el dueño de una empresa sanitaria o el novio de una presidenta autonómica que, a la par, trabaje para la empresa sanitaria que obtiene los contratos; los vecinos de Madrid tan solo han visto como se cierran centros de salud, se privatizan unidades, como la del dolor, y servicios, como el aborto, en todas las localizaciones y es cada vez más complicado pedir cita. Sin impuestos, para los ricos. Sin servicios públicos, para los pobres.
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