El Banco de España ha revistado al alza las previsiones del crecimiento de la economía española para este 2026, en el marco de la revisión de sus proyecciones, realizada este viernes. El organismo liderado por José Luis Escrivá espera que el país avance a un ritmo del 2,3% este año, una décima por encima de lo señalado con anterioridad, y 1,7% para el siguiente, dos décimas menos. Si bien las cifras están sujetas a una incertidumbre “especialmente elevada” por la coyuntura internacional, el futuro coincide con lo desprendido por otras instituciones hace escasas horas.

El propio organismo hace alusión a esta situación, apuntando a que la actividad económica ha registrado un dinamismo elevado y superior a lo previsto, lo que se traduciría una revisión al alza mayor en el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) en 2026 en un escenario previo al estallido del conflicto bélico. Concretamente, la evolución se revisaría al alza hasta el 2,4% en 2026, frente al 2,2% contemplado en el ejercicio de proyecciones de diciembre, pero el impacto del conflicto en Oriente Próximo ha llevado al organismo a dejar la tasa de crecimiento en el 2,3%.

La semana económica de España ha estado marcada por las buenas noticias en el plano del crecimiento, pero lastrada por los efectos del ataque ilegal lanzado por Estados Unidos e Israel contra Irán en la inflación y la microeconomía de las familias. Este jueves, el Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmaba que el PIB del país había vuelto a crecer en 2025 (2,8%) el doble que la media de la zona euro, permitiendo empezar el 2026 con un 1,1% de partida.

A la par, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) presentaba sus previsiones actualizadas, certificando que España seguirá creciendo muy por encima de las principales potencias europeas y que será la que mejor soporte, en términos de PIB, el efecto del conflicto en Oriente Medio, rebajando la estimación para este curso tan solo una décima, del 2,2% al 2,1%. Sin embargo, alertaba, igual que ha hecho este viernes el Banco de España, con el peligro de la coyuntura internacional para la inflación.

La inflación, principal amenaza económica

El INE ha certificado el efecto de la guerra en la inflación este viernes, con la publicación del Índice de Precios de Consumo (IPC) relativo al tercer mes del año. El dato del 3,3%, que deberá ser confirmado el próximo 14 de abril, no es excesivamente alto en apariencia, pero el cambio de tendencia con el salto de un 1% de golpe es preocupante. “Se explica principalmente por el encarecimiento de los carburantes, efecto directo del conflicto en Oriente Medio”, exponen desde el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, algo que la ciudadanía ya había visto en las gasolineras.

La OCDE había advertido de que los efectos de la guerra afectarían directamente al conjunto de países. En el caso de España, el think tank de las economías avanzadas espera que la inflación para este 2026 será del 3% este año y de 2,2% el siguiente, siete décimas por encima del 2,3% pronosticado para este año y cuatro por encima del 1,8% que se estimaba para 2027 en las anteriores previsiones. El Banco de España ha coincidido en la misma dirección.

El organismo de Escrivá coincide y  sitúa la inflación para este año en el 3%, nueve décimas más respecto a las proyecciones de diciembre, y en el 2,5% para el siguiente. Este mayor crecimiento refleja, fundamentalmente, la trayectoria reciente de la inflación, junto con el incremento de los precios energéticos a escala global, efectos que se verían compensados, en cinco décimas, por la reducción de la fiscalidad energética ya convalidada en el Congreso. Es decir, sin el plan de contención aprobado, los precios subirían hasta medio punto más.

Además, el Banco de España ha advertido de que el shock energético elevará la tasa de inflación en la segunda mitad de este año, una vez que se revierta la reducción de la fiscalidad energética contemplada en el plan del Gobierno, de modo que el ritmo de crecimiento de los precios llegaría a alcanzar en torno al 3,3% al final de 2026.

El próximo año, las tasas general y subyacente se situarían en el 2,5% y el 2,7%, respectivamente, seis décimas por encima de lo previsto hace tres meses, como consecuencia de la evolución de los precios de las materias primas energéticas, la eliminación de las ayudas al transporte público a comienzos del año y el aumento previsto de la fiscalidad energética.

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