El ‘nuevo’ estilo canalla del Partido Popular en las redes sociales está resucitando viejos rumores e historias de odios enterrados que una vez hicieron tambalearse los cimientos de Génova 13. La estrategia de difundir vídeos privados de rivales, como el PP madrileño ha hecho esta semana con Sarah Santaolalla, ha reavivado el eterno runrún sobre los supuestos vídeos que comprometen al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida.
Si bien no son públicos, los archivos que teme el líder popular no parecen ser solo un rumor. “Mucha gente decía haberlos visto, pero nadie los tenía”, escribe el periodista David Fernández en su libro Ayuso, zancadillas, intrigas y venganzas en la Corte de Madrid. “Todos coincidían en lo mollar, pero variaban en los pequeños detalles”, añade.
Fernández, autor de la biografía no autorizada de la presidenta de la Comunidad de Madrid, indaga entre publicaciones y fuentes del PP para dibujar la trayectoria de Ayuso. Los vídeos de Almeida, los cuales describen estas fuentes, ocupan un capítulo particular de la vida de la baronesa, cuando casi dinamita el partido en su conjunto con su guerra interna contra el líder que ella misma terminó defenestrando: Pablo Casado.
El presidente popular y Ayuso, antiguos amigos, dividieron un PP que trataba de aparentar unidad en dos bandos, que comenzaron a buscar por cualquier rincón informaciones comprometidas del contrario para filtrarlas a la prensa. Según el relato del periodista, Almeida -que estaba en el bando de Casado- ya era la comidilla de los mentideros de Génova, en los que los supuestos vídeos comprometedores del alcalde eran una constante.
La ‘mini-Kitchen’ contra Ayuso que terminó tumbando a Casado
Esto fue en 2022, cuando la ‘mini-Kitchen’ orquestada contra Ayuso ya había fracasado en su intento de tumbarla. Un año antes, la pugna entre la ya presidenta regional y el núcleo de Casado por el control de Génova ya había saltado al foco público.
Ayuso empezó a acusar de forma velada al entorno del líder nacional del PP de estar detrás de la filtración del escándalo de su hermano. Esto se hizo patente con la críptica frase que la baronesa pronunció en una Convención del PP: “Las águilas vuelan solas y los cuervos en manada”, recoge Fernández en el libro. Entonces, los medios ya habían publicado que la Comunidad de Madrid adjudicó un contrato de mascarillas de 1,5 millones de euros a la empresa de un amigo de la familia de la presidenta, Daniel Alcázar. El empresario transfirió después una supuesta comisión de 300.000 euros a la cuenta de Tomás Díaz Ayuso, con el concepto “intermediación Comunidad de Madrid”.
Más allá de quién desvelara esta información a los medios, que fuera pública sirvió a la dirección nacional del PP para iniciar una ‘mini-Kitchen’ contra Ayuso. En su práctica habitual de utilizar medios del partido para espiar a rivales políticos, los populares llegaron a contactar con detectives privados. La baronesa madrileña lo sabía, y de ahí la paradigmática frase: “No son cremas, son aviones”, que dijeron fuentes del PP a El Plural en 2021.
Los “aviones” iban por los contratos para traer mascarillas a Madrid durante la pandemia, que terminaron costándole a la región una multa de 3,1 millones de euros por el impago de una factura por un envío desde China.
Del mismo modo que el vídeo de Cristina Cifuentes robando en un supermercado salió de la propia disidencia interna que terminó aupando a Ayuso como su reemplazo, la presidenta temía que el equipo de Casado estuviera rebuscando en sus escándalos para tumbarla. El resultado es de sobra conocido: el empeño del líder del PP en investigar la corrupción del entorno de su baronesa en Madrid acabó por volvérsele en contra, y fue él quien cayó para dar paso a Alberto Núñez Feijóo.
Carromero y el papel de Almeida
En público, Casado pasó a la historia como un mártir del poder ilimitado de Ayuso en el PP, pero, de puertas para adentro, aquello había sido un intento de ganar la guerra interna en la que el ahora consultor privado en Defensa fue derrotado.
La pregunta parece obligada: ¿qué papel jugó Almeida en todo aquello? En su libro, Fernández describe un encuentro entre ambos en diciembre de ese año, dos meses después de estallar la guerra civil en la que el alcalde iba con Casado: “La presidenta, inquieta, aprovecha un aparte para hablar con él por primera vez cara a cara de este asunto”, describe. Almeida “le asegura no saber nada del presunto espionaje desde una de sus empresas municipales y le promete investigarlo hasta el final”, cuenta.
Esa operación señalaba directamente a Ángel Carromero, a quien muchas voces situaban como su líder. Entonces, el condenado en Cuba por homicidio imprudente era el coordinador general de Alcaldía del Ayuntamiento de Madrid, el principal asesor de Almeida. Antes, había sido la mano derecha de Casado en las Nuevas Generaciones -organización juvenil del PP- en la capital, cuando este y Ayuso eran grandes amigos.
La cercanía de Carromero con el líder popular y su número dos, Teodoro García Egea, le convirtieron en el principal sospechoso de Sol como artífice del espionaje a la presidenta. Él terminó dimitiendo por ello, Ayuso se hizo con la presidencia del PP madrileño -que había estado en manos, de forma temporal, de Pío García-Escudero, antiguo hombre fuerte de Aznar-, y Almeida, con todos sus aliados en la guerra interna derrotados, tuvo que arrepentirse y pasar una penitencia que le llevó a soportar el escarnio de Federico Jiménez Losantos, valedor mediático de la presidenta, en una entrevista en su programa.
Los vídeos y el año que casi acaba con Almeida
Esto fue ya en 2022, cuando “una persona cercana a Almeida habría roto su confianza al hacer llegar a la presidenta comentarios y mensajes de móvil en los que era crítico con Ayuso’, llegó a publicar El Confidencial”, como cuenta Fernández.
Es en este contexto cuando menciona los vídeos de Almeida, que así describen quienes los han visto: “El alcalde, con una copita de más, en uno de los locales que le gusta frecuentar, bromeaba con el físico de un concejal que va en silla de ruedas, y este respondiendo, metiéndose con la altura de Almeida. Bromas de mal gusto entre buenos amigos, nada más”, describe la fuente. “Rumores y más rumores” que, no obstante, convirtieron esta etapa del alcalde en el PP en una pesadilla.
“Echando la vista atrás, Almeida reconoció que 2022 no fue un buen año para él. No solo se hizo público el caso Medina y Luceño que salpicaba a su primo y que revelaba que el Ayuntamiento se había dejado timar, sospechosamente, con mucha facilidad, sino que el conflicto desatado entre Casado y Ayuso casi había acabado con su carrera”. Después de haber sacrificado a Carromero, Almeida “sobrevivió al juicio final provocado por 'la Skynet de Chamberí', pero quedó muy tocado anímicamente”, cuenta el autor.
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