Primeros siete días del nuevo Gobierno municipal en Lugo. Una corporación municipal que nació a golpe de transfuguismo y que sus primeros pasos no han sido menos polémicos. La concatenación de sucesos durante esta primera semana explica mejor que cualquier discurso el clima político en el Ayuntamiento gallego. Elena Candia (Partido Popular) arrebató el bastón de mando a la coalición progresista formada por PSdeG y BNG mediante una moción de censura que salió adelante con el voto favorable de María Reigosa, concejala socialista que se marchó al grupo de no adscritos tras su ‘sí’. El movimiento ha dejado a los conservadores al frente del consistorio a tan sólo un año de las próximas municipales, provocando un incendio político y social en la ciudad.
La imagen del arranque ya marcó el tono de la nueva etapa. La flamante alcaldesa pronunciaba su primer discurso como alcaldesa con los escaños de la oposición vacíos, mientras socialistas y nacionalistas recibían el aplauso de cientos de vecinos congregados en las inmediaciones de la casa consistorial, que protestaban contra la operación que acababa de perpetrar la derecha. Siete después, el ambiente no se ha calmado, sino todo lo contrario. Cada movimiento del nuevo equipo de gobierno se ha interpretado como una declaración de intenciones, con un primer pleno extraordinario que apenas duró más de tres minutos.
200 segundos de una sesión convocada para aprobar la nueva organización municipal y que arrancó con la ausencia de los concejales socialistas, que llegaron unos seis minutos tarde tras atender a los medios de comunicación en los pasillos del Ayuntamiento. La alcaldesa optó por no esperar y despachó la estructura del nuevo ejecutivo municipal en un abrir y cerrar de ojos con una carta de presentación que orbitaba sobre un tijeretazo del 40% al “gasto político” en términos de salario de concejales.
El foco, sobre la tránsfuga
La lectura de la oposición, sin embargo, confronta con el relato del nuevo gobierno municipal. Sostienen que el ahorro se explica porque sólo siete de los trece ediles que componen la corporación tendrá dedicación exclusiva. Es decir, casi la mitad de quienes la tenían hasta la fecha. En este nuevo reparto, hay una figura que concentra todas las miradas. El foco político se centra en María Reigosa, que con su voto hizo posible la moción de censura contra su propio partido.
Como tránsfuga, no puede mejorar su situación económica con cargo a las arcas municipales. Candia le ha premiado con el cargo de “supervisora de infraestructuras”. Un puesto que carece de responsabilidades ejecutivas. Pese a ello, la ex socialista ocupa un lugar de notorio simbolismo político, con su asiento a la derecha de la alcaldesa en la mesa presidencial del salón de plenos. Posición que se interpreta como una teniente de alcalde, pero sin título y sin cartera. Lo curioso es que, contrariando su propio discurso de recorte de gasto público, el gobierno de Candia ha incrementado las asignaciones por asistencia a plenos y comisiones. Una maniobra que la oposición cataloga como “pago de favores”, dado que Reigosa no puede recibir una nómina como integrante del Ejecutivo municipal.
Del tijeretazo a medida, a la guerra de banderas
Al margen de relatos populistas, la primera decisión visible del Gobierno de Candia fue la retirada de la bandera de Palestina de la fachada de O Vello Cárcere, antigua prisión reconvertida en centro cultural y símbolo de Memoria Democrática. La iniciativa se acometió pocas horas después de la moción de censura, desatando una respuesta inmediata por parte de las ahora fuerzas de oposición.
Los ediles del BNG acudieron al Pleno de este pasado viernes con un pañuelo palestino al cuello a modo de protesta. La bandera llevaba colocada desde enero del 2024, cuando el nacionalista Rubén Arroxo sostenía el bastón de mando de la ciudad tras la muerte de Paula Alvarellos. La decisión de exhibirla pasó por el pleno, aunque en un primer momento la enseña se ubicó en la fachada del Ayuntamiento. Sin embargo, la normativa obligó al traslado de la misma a otro edificio público.
Las lecturas de PSdeG y BNG pivotan sobre un gesto con tintes ideológicos del Partido Popular. El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, lo llegó a justificar como una maniobra de Candia de gobernar “para todos”. Sin embargo, las palabras del máximo mandatario gallego han alimentado la réplica de los progresistas en la ciudad, con la movilización de cientos de personas reclamando la vuelta de la bandera y el escritor Lois Pérez, portavoz de la plataforma 'Transfuguismo non, democracia si', exigiéndolo durante el pregón de la Feria del Libro.
Invasión ‘popular’ a la imagen corporativa
La batalla ideológica continuó con un retoque en el logotipo corporativo del Ayuntamiento. En apenas horas, el nuevo equipo de gobierno cambió la imagen del Concello en redes sociales. La clásica silueta de la Muralla sobre fondo rojo o celeste fue sustituida por el escudo de la ciudad. Maniobra vertiginosa que no pasó desapercibida a ojos de los usuarios virtuales, que lo relacionaron con una práctica habitual del Partido Popular en tomas de poder municipales.
La modificación, sin embargo, no se ha aplicado de forma homogénea. La web municipal mantiene todavía la imagen anterior, mientras que el área de Cultura y Turismo ha recuperado el logo, pero adaptado al azul corporativo del PP. Lugo estrena así una transición visual a varias velocidades: escudo en unas plataformas, logotipo heredado en otras y una paleta política más evidente en determinadas áreas.
El gallego de Schrödinger
Dos frentes abiertos en menos de una semana al que se sumaría un tercero. En esta ocasión, la lengua gallega era la protagonista, coincidiendo, además, con el Día de las Letras Galegas. La nacionalista Maite Ferreiro era la encargada de la parcela de Promoción da Lingua Galega, junto con las áreas de Cultura y Turismo. El exregidor denunció la desaparición de esta cartera en el nuevo reparto de competencias.
La respuesta del nuevo Gobierno, sin embargo, fue de lo más inusual. Pasó por varias fases. Primero habló de un “error”, para después defender que la promoción del gallego no desaparece, sino que se “reforzará” con un enfoque “transversal”. Las competencias ahora se repartirán entre Cultura y Educación, por un lado, y Turismo y Museos, por otro, con el fin de potenciar la lengua tanto desde la actividad cultural y educativa como desde la promoción turística, patrimonial e identitaria de la ciudad.
La justificación, por supuesto, no confirmó a la oposición. La plataforma 'Queremos Galego' convocó de inmediato una concentración urgente como protesta. De ahí la sensación del gallego de Schrödinger: el área que desaparece del organigrama específico, pero el Gobierno sostiene que sigue viva, repartida y reforzada.
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