Hace dos semanas que Laura Campos regresó a su casa. Fue una de las activistas de la Global Sumud Flotilla y denuncia el trato que recibió por parte de las instituciones israelíes, que interceptaron su embarcación en aguas internacionales. Quince días después de reencontrarse con sus padres, hace balance de la misión humanitaria y relata con todo detalle lo que vivió una vez fue detenida: vejaciones, palizas y faltas de respeto.

PREGUNTA (P): Han pasado quince días desde que volviste a casa. ¿Cómo estás?

RESPUESTA (R): Con agotamiento físico, pero fuerte mentalmente. Todavía tengo dolor en las cervicales y en la espalda, y alguna contusión, pero los golpes que me dieron han ido desapareciendo. Aún me quedan secuelas de las maniobras de inmovilización que nos hicieron y de los golpes que recibimos.

P: Sabes que fuiste muy valiente, ¿verdad?

R: Bueno... no sé qué decirte. No creo que sea una cuestión de valentía. Es que, ante esta barbarie, un genocidio, una limpieza étnica y la inacción de los gobiernos, sentí la necesidad imperiosa de actuar y de hacer algo para ayudar al pueblo palestino. No podía quedarme al margen y sentí la necesidad de poner el cuerpo directamente. Estamos hablando de una prisión al aire libre.

P: Has visto el Estado de Israel desde dentro.

R: He visto su verdadera cara, lo que se esconde detrás de la estrella de David. Quieren blanquear su imagen, pero los días que estuvimos encarcelados, vigilados por el ejército de Israel, vimos lo que esconde el país. Si fueron capaces de hacer esto con nosotros, que teníamos el foco mediático encima y pasaportes incluso de la Unión Europea, ¿qué no estarán haciendo al pueblo palestino y a los diez mil presos que, a día de hoy, siguen en esos centros de detención? Eso es lo que me estremece.

P: ¿Volverías a participar en la Flotilla?

R: Sin ninguna duda. Creo que ha sido una experiencia muy dura, pero si con ello hemos conseguido poner el foco mediático en Gaza... Creo que hay que actuar y que todos y todas podemos aportar nuestro granito de arena.

P: Hay quien puede pensar que estás loca.

R: (Ríe) Bueno, que piensen lo que quieran. Vivimos tiempos en los que la solidaridad está criminalizada. ¿Loca? Puede ser. Pero creo que es necesario.

P: Realmente, la Flotilla como tal no soluciona ningún problema ni consigue hacer llegar la ayuda humanitaria a Gaza.

R: La Flotilla no pretende arreglar aquello que los gobiernos no hacen o no tienen el coraje de hacer. Un grupo de barcos por sí solo no resolverá el problema, pero sí sacude conciencias y es nuestra responsabilidad hacerlo.

P: Hablando de gobiernos: ¿te has sentido respaldada por el Gobierno español?

R: Bueno... Es verdad que el Gobierno español está siendo pionero en la causa palestina dentro de la Unión Europea, pero podría hacer mucho más de lo que está haciendo. Hay que exigir responsabilidades.

P: Cuando fuisteis interceptados por el ejército israelí en aguas internacionales, la condena fue más contundente por parte de Giorgia Meloni.

R: Lo he leído después, tanto las declaraciones de Meloni como las del ministro Albares, que me parecieron bastante contundentes. Pero insisto: el Gobierno español todavía tiene mucho que hacer y muchos deberes pendientes con Palestina.

P: ¿A qué te refieres exactamente?

R: Para empezar, no queremos ningún puerto al servicio del genocidio ni que ningún barco que transporte carga para seguir perpetuándolo atraque en nuestros puertos ni siquiera circule por aguas territoriales españolas, como ocurrió hace unos días con el barco Danica Violet, que atravesó el estrecho de Gibraltar.

P: ¿Qué sientes cuando ves las imágenes que compartió el ministro israelí Ben Gvir riéndose de vosotros mientras estabais detenidos, tirados en el suelo y esposados?

R: Muchísima indignación, porque no solo fue el ministro. Es un psicópata y un extremista y no entiendo cómo puede ser ministro.

P: ¿Tienes alguna imagen grabada de aquellos días?

R: Muchas. Se me heló el corazón cuando, en un momento dado, escuché voces de niños que se estaban haciendo selfis con nosotros. Los militares habían llevado a sus familias para que se hicieran selfis con nosotros mientras nos estaban apaleando. Siento indignación y una profunda preocupación: si esto nos lo hicieron a nosotros, imagina lo que pueden hacer a los palestinos.

P: Me estás explicando que fuiste víctima de torturas. Hace un mes la exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, denunció a Israel por torturas y detención ilegal. ¿Te planteas hacer lo mismo?

R: Ya estoy realizando los trámites para hacerlo, a ver si de una vez por todas la comunidad internacional empieza a sancionar a este gobierno psicópata y sionista.

P: El otro día, en el pleno de Montcada i Reixac, donde eres concejala de En Comú Podem, hubo un concejal, David Zambrana, que definió la misión humanitaria de la Flotilla como un «esperpento» y afirmó que parecía más Gran Hermano que una expedición humanitaria. 

R: No esperaba otra cosa del Partido Popular. No espero que comulguen con la solidaridad hacia el pueblo palestino, pero sí espero un mínimo de empatía y humanidad. Si no hacia los miembros de la Flotilla, al menos hacia el sufrimiento, la barbarie y la limpieza étnica que está padeciendo el pueblo palestino.

P: Mientras estuvisteis encarcelados llevasteis un chándal que os proporcionó el ejército. Tú te niegas a tirarlo.

R: Me niego porque yo he podido volver con ese chándal, he podido salir de aquella prisión y he sido una privilegiada. No lo tiraré ni haré nada con él hasta que no quede una sola persona palestina presa en uno de esos centros de detención. El chándal me recuerda lo que ocurre dentro de aquellos muros y pienso seguir luchando para que así sea.

P: ¿Qué te dijeron tus padres cuando fuiste liberada y te reencontraste con ellos en el aeropuerto?

R: (Se emociona) No recuerdo ninguna frase o palabra en concreto. Recuerdo su abrazo infinito, dulce y protector, que solo unos padres saben dar. Sé que mis padres lo han sufrido mucho.

P: Ellos también son militantes y activistas por la justicia social. ¿Entendieron tu decisión?

R: Recuerdo cuando les comuniqué que tenía la intención de embarcarme en la Flotilla para intentar abrir este corredor humanitario y romper el bloqueo a Gaza. Mi padre lo entendió enseguida porque es una persona que milita políticamente y está muy implicada. Mi madre también, a su manera, pero sí es verdad que me retiró la palabra durante unos días. Les dije: «No os enfadéis, porque la culpa de que yo sea una persona con valores, empática y solidaria es vuestra. Es lo que he vivido en casa y para mí es un orgullo». Al final, mis padres son mis referentes. No les quedó más remedio que entender que, al fin y al cabo, la culpa era de ellos.

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