Rosario tiene 80 años, es viuda, no tiene hijos y este lunes puede abandonar la casa en la que vive en pleno casco histórico de Toledo sin tener otra vivienda a la que marcharse. Apenas unos días después de que el desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años, conmocionara a todo el país, Castilla-La Mancha ha encontrado un rostro propio para un problema que va mucho más allá de Madrid. Se llama Rosario y vive en el toledano barrio de San Justo.

Las historias de ambas mujeres no son idénticas desde el punto de vista legal, pero tienen varios elementos en común: edad avanzada, pocos recursos, ausencia de una alternativa habitacional y el deseo de permanecer en el lugar en el que han desarrollado buena parte de su vida.

En el caso de Rosario, no existe por el momento un procedimiento judicial de desahucio. La mujer vive desde hace unos cinco años en el piso que ahora debe dejar, aunque lleva toda su vida vinculada al barrio de San Justo. El propietario de la vivienda falleció y, según ha explicado la Unión Popular de Inquilinas de Toledo, sus herederos no quieren renovar el contrato y pretenden disponer del inmueble. La entrega de las llaves está prevista este lunes a las 20.00 horas. El problema es qué ocurre después.

Rosario se quedó viuda recientemente, no tiene hijos y dispone de unos ingresos muy reducidos. Según la información difundida por el colectivo que la acompaña, percibe una pensión de alrededor de 500 euros mensuales y se encuentra además en una situación de vulnerabilidad. Con esa cantidad, acceder a un nuevo alquiler en el mercado actual se convierte en una tarea especialmente complicada.

Una llamada de auxilio sin respuesta definitiva

La mujer ha acudido a los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Toledo, gobernado por PP y Vox, y también ha buscado ayuda a través de la Iglesia. Hasta este lunes, según la Unión Popular de Inquilinas, ninguna de estas vías le había permitido disponer de una alternativa estable para continuar viviendo en su barrio.

Su caso comenzó a movilizar a Toledo durante el fin de semana. Cerca de un centenar de personas participaron este domingo en una asamblea urgente en la Plaza de Zocodover convocada por la Unión de Inquilinas. La siguiente cita está marcada para las 19.30 horas de este lunes en San Justo, apenas media hora antes del momento previsto para la entrega de las llaves.

Movimiento Sumar ha reclamado al Ayuntamiento que facilite a Rosario una vivienda asequible dentro del parque público de la Empresa Municipal de la Vivienda. La formación recuerda como precedente lo ocurrido este mismo verano con Lucía, una mujer enferma de cáncer y con un 80% de discapacidad cuyo lanzamiento consiguió aplazarse tras la movilización vecinal. Finalmente, el Consistorio le proporcionó una vivienda pública adaptada en Azucaica.

De Madrid a Toledo

El nombre de Rosario aparece precisamente cuando todavía está muy presente lo sucedido con Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años que fue desahuciada el pasado miércoles de la vivienda del barrio madrileño de Retiro en la que había vivido durante más de 70 años. Maricarmen abandonó el inmueble en camilla y fue trasladada en ambulancia al hospital mientras centenares de personas protestaban ante el edificio.

Su historia ha provocado movilizaciones por todo el país y ha convertido su nombre en símbolo de las dificultades para conservar una vivienda cuando los ingresos no permiten asumir los precios del mercado. En Toledo también hubo una concentración de apoyo a Maricarmen y este fin de semana la protesta continuó con una reivindicación mucho más cercana: evitar que Rosario se convierta en el siguiente nombre de la lista.

La diferencia es que en San Justo no habrá este lunes una comisión judicial llamando a la puerta. Hay un contrato que termina, unos propietarios que no quieren renovarlo y una mujer de 80 años que, a las 20.00 horas, debería entregar las llaves sin saber todavía dónde podrá continuar su vida.

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