El PP de Castilla-La Mancha ha asumido públicamente que su hipotética llegada al Gobierno regional en 2027 dependerá en exclusiva del ascenso de Vox, a un año y medio de las próximas elecciones autonómicas. El presidente regional del partido, Paco Núñez, ha reivindicado el pacto con la formación de Santiago Abascal como vía legítima para alcanzar la Presidencia de la Junta en un escenario sin mayorías absolutas.

Lejos de centrar su discurso en un impulso propio del Partido Popular, Núñez ha reconocido que el PP crece "levemente" mientras Vox lo hace "de manera fuerte", y que esa suma podría abrir la puerta a un cambio político en Castilla-La Mancha. La afirmación no es menor: implica asumir que el motor del hipotético relevo en la Junta no sería tanto el fortalecimiento del proyecto ‘popular’ como el empuje electoral de la formación situada a su derecha.

En este contexto, resulta llamativo que, con año y medio por delante hasta la cita con las urnas, el PP haya optado por instalarse en el discurso del pacto inevitable en lugar de aspirar abiertamente a mejorar sus resultados e intentar la mayoría absoluta. Aunque la aritmética parlamentaria haga difícil ese escenario, lo cierto es que la estrategia actual parece acomodarse a la suma con Vox más que apostar por un crecimiento propio que le permita liderar con mayor autonomía.

Núñez ha defendido que, en ausencia de mayorías absolutas, "hay que acudir al pacto" y ha garantizado que no hará lo que, a su juicio, hizo García-Page en 2015, cuando aseguró que no pactaría con Podemos y terminó incorporando al entonces secretario general de esa formación en la región, José García Molina, al Ejecutivo autonómico. "Nosotros eso no lo vamos a hacer", ha afirmado, reivindicando coherencia y transparencia.

El líder regional del PP ha fijado como ejes para un eventual acuerdo la bajada de impuestos, la reducción de la burocracia y el rechazo a lo que ha denominado "radicalismos desde el punto de vista de la ideología climática". Planteamientos que, en la práctica, convergen con buena parte del discurso de Vox y que dibujan un horizonte político claramente condicionado por esa alianza.

La perspectiva de un Ejecutivo conformado por la combinación de Núñez y Vox ha sido descrita en ámbitos políticos como un híbrido impredecible para Castilla-La Mancha, tanto por la agenda ideológica de la formación de extrema derecha como por la experiencia reciente en otros territorios, donde las coaliciones entre ambas fuerzas han generado tensiones internas y episodios de inestabilidad, a lo que se sumaría la peculiaridad de los líderes del PP y Vox en Castilla-La Mancha.

Compara la situación de Aragón y Extremadura con Castilla-La Mancha

Núñez ha puesto como ejemplo comunidades como Extremadura, Aragón o Castilla y León para sostener que el PSOE "se está hundiendo" y que la suma de PP y Vox puede abrir la puerta a nuevos gobiernos. Sin embargo, ha obviado que en esos territorios el PP ya gobernaba y convocó elecciones anticipadas con la intención de reforzar su posición y reducir su dependencia de Vox, un escenario muy distinto al castellano-manchego.

Tampoco ha aludido a que Emiliano García-Page es el único presidente socialista que gobierna con mayoría absoluta en el país, en un contexto nacional adverso para el PSOE. Su implantación territorial y su perfil propio han marcado diferencias respecto a otros dirigentes autonómicos socialistas.

Las matemáticas que inquietan en la derecha regional

El secretario de Organización del PSOE de Castilla-La Mancha, Sergio Gutiérrez, ha reflexionado sobre lo que, a su juicio, falla en los deseos electorales del PP regional: las matemáticas. Según ha planteado, el aumento de Vox en algunas provincias es fuerte, pero el papel de Núñez se ha percibido cada vez más débil, lo que acercaría más el escenario de un posible 'sorpasso' de Vox al PP que el de una victoria clara del líder ‘popular’ frente a Page.

Gutiérrez ha sostenido que el crecimiento de Vox no necesariamente suma sin coste para el Partido Popular. En un sistema provincial como el castellano-manchego, el trasvase de votos dentro del bloque de la derecha puede traducirse en pérdida de escaños para el PP, como ya sucedió en 2019 con la irrupción de Ciudadanos. Con una diferencia sustancial: si la tendencia se consolida, no sería descartable que el propio líder de Vox empezara a plantear que puede aspirar a la Presidencia con los votos de Núñez.

Desde posiciones socialistas se ha advertido, además, que se trabajará para evitar cualquier escenario de retrocesos y de sumisión a las sedes nacionales de los partidos. Un mensaje que apunta directamente al secretario general del PP, Miguel Tellado, y al líder de Vox, Santiago Abascal, en un contexto en el que el debate autonómico se entrecruza cada vez más con las estrategias diseñadas desde Madrid.