Paco Núñez ha viajado esta semana hasta Estrasburgo para intentar vestirse de defensor del agua de Castilla-La Mancha, pero su visita ha dejado una ausencia clamorosa. El presidente del Partido Popular regional se ha reunido con la comisaria de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva, Jessika Roswall, a quien ha entregado el Pacto Regional del Agua y ha pedido ampliar los plazos de la Directiva Marco del Agua hasta 2032. Sin embargo, en su teórica ofensiva europea no ha mencionado ni una sola palabra sobre la necesidad de poner fin al expolio que sufre Castilla-La Mancha por parte del Levante a través del trasvase Tajo-Segura.
Núñez ha presentado la reunión como "muy positiva" y ha defendido que Castilla-La Mancha necesita más margen para cumplir los objetivos europeos, especialmente en materia de depuración, reutilización y modernización de regadíos. También ha advertido del "drama económico y social" que supondría el cierre de pozos en el Alto Guadiana, donde ha situado en riesgo a miles de explotaciones agrícolas, empleos y municipios. Pero el dirigente popular ha vuelto a quedarse a medio camino. Ha hablado de agua, de agricultores, de plazos, de fondos europeos y de inversiones, pero ha evitado nombrar con claridad el problema político que lleva décadas condicionando el futuro hídrico de Castilla-La Mancha.
Porque el debate no consiste solo en decir que la región necesita agua. Eso ya lo sabe la Comisión Europea, lo sabe el sector agrario y lo sabe cualquier dirigente que se haya acercado mínimamente a la realidad de Castilla-La Mancha. La cuestión es si quien viaja a Bruselas o Estrasburgo para hablar en nombre de Castilla-La Mancha se atreve a defender una posición completa, incómoda para el PP nacional y para los intereses del Levante. Y ahí Núñez ha vuelto a fallar. Ha llevado el Pacto Regional del Agua bajo el brazo, pero ha evitado reclamar el fin del trasvase Tajo-Segura.
El Pacto Regional del Agua, que el propio PP suscribió en Castilla-La Mancha, defiende la prioridad de los usos propios de la cuenca cedente, la protección de los ríos, la aplicación de caudales ecológicos, la planificación por cuencas hidrográficas y que cualquier transferencia entre territorios solo pueda producirse una vez satisfechas las necesidades presentes y futuras de la cuenca que cede el recurso. Es decir, el documento que Núñez ha mostrado en Europa contiene principios que chocan frontalmente con la lógica de un trasvase que ha permitido durante años que el Levante siga recibiendo agua mientras Castilla-La Mancha arrastra problemas estructurales de abastecimiento, regadío y recuperación ambiental del Tajo.
Por eso su visita tiene más de escenificación que de defensa efectiva. Núñez ha denunciado el "agravio" de Castilla-La Mancha como cuenca cedente, pero no ha pedido acabar con el mecanismo que simboliza ese agravio. Ha hablado de que el agua llegue con prioridad a los agricultores castellanomanchegos, pero no ha exigido poner fin a un modelo que sigue enviando recursos hacia el Levante. Ha reivindicado el Pacto del Agua, pero ha obviado la parte más incómoda para su partido. Y ha acudido a la Comisión Europea con un discurso que parece pensado para no molestar ni a Génova ni a los barones 'populares' de las comunidades receptoras del trasvase.
La foto en Estrasburgo y el silencio sobre el trasvase
Esa es la contradicción de fondo. Núñez intenta aparecer en Castilla-La Mancha como defensor de los intereses hídricos de la región, pero mide cada palabra cuando esos intereses entran en conflicto con la posición del PP en Murcia, Alicante o Valencia. El resultado es un discurso incompleto, calculado y profundamente limitado. Hablar de "agravio" sin señalar el trasvase es como denunciar el incendio sin mencionar el fuego. Y viajar a Estrasburgo para entregar el Pacto del Agua sin pedir el final del expolio del Tajo permite la foto, pero no resuelve nada.
El dirigente popular también ha prometido que, si llega al Gobierno regional, cumplirá "íntegramente" el Pacto Regional del Agua. La frase suena contundente, pero tropieza con la realidad política de su propio partido. El PP de Castilla-La Mancha firmó ese pacto, sí, pero el PP nacional y los territorios levantinos han mantenido una defensa constante del trasvase. Núñez, mientras tanto, ha optado demasiadas veces por el silencio o por fórmulas ambiguas. Este miércoles, en Europa, ha vuelto a hacer lo mismo.
Núñez ha querido hacer del agua su bandera europea, pero ha evitado la frase decisiva. No ha pedido acabar con el expolio del Tajo. No ha exigido poner fin al trasvase Tajo-Segura. No ha señalado la responsabilidad del Levante en un modelo que ha convertido a Castilla-La Mancha en territorio cedente mientras otros construían su desarrollo sobre un recurso ajeno. Y sin esa claridad, su visita queda reducida a una operación de escaparate, mucho gesto, mucha carpeta y muy poca valentía política.
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