De “huir del socialismo” a reunirse con el representante diplomático de un Estado comunista solo hay tres días. Paco Núñez ha celebrado un encuentro con el embajador chino en España para explorar vías de inversión en Castilla-La Mancha, evidenciando que las fronteras ideológicas pueden volverse permeables cuando hay capital en juego.
El pasado domingo, en una entrevista publicada en prensa, el líder del PP de Castilla-La Mancha volvía a insistir en la necesidad de “huir del socialismo” como receta para el futuro de Castilla-La Mancha. Apenas 72 horas después, el líder del PP regional se ha sentado con el embajador de la República Popular China en España para explorar vías de inversión, evidenciando que la huida ideológica puede esperar.
El dirigente ‘popular’ se ha reunido con Yao Jing, embajador de la República Popular China en España, un país gobernado por el Partido Comunista Chino, para abordar posibles modificaciones normativas, exenciones fiscales y reformas legales destinadas a facilitar la llegada de capital extranjero a la comunidad autónoma. La cita, según ha informado su formación, ha servido para trasladar al diplomático propuestas sobre una futura Ley del Suelo, nuevas normas en materia de vivienda, industria o medio ambiente y una bajada de impuestos para atraer inversión.
El encuentro no es irrelevante en términos políticos. Núñez no ostenta responsabilidades gubernamentales y su único cargo institucional es el de diputado en las Cortes regionales. Sin embargo, la reunión se ha desarrollado con una agenda y un contenido propios de quien ya ejerce funciones ejecutivas, planteando reformas legislativas que solo podría impulsar desde el Consejo de Gobierno.
La paradoja ideológica resulta difícil de obviar. El mismo dirigente que ha situado al socialismo del PSOE como el principal obstáculo para el progreso regional y nacional, ha mantenido un encuentro cordial con el representante de un Estado dirigido por un partido comunista.
Durante años, desde el PP se ha construido un relato en el que el socialismo es sinónimo de intervencionismo, rigidez normativa y freno económico. Sin embargo, cuando el interlocutor procede de un sistema que combina planificación estatal, control político y expansión estratégica de empresas públicas y privadas bajo supervisión del Partido Comunista, el discurso se desliza hacia el pragmatismo inversor.
El debate no gira en torno a la conveniencia de captar inversión extranjera, una práctica habitual en cualquier economía abierta, sino sobre la coherencia del discurso político. Si el socialismo castellanomanchego ha sido presentado como un modelo del que conviene escapar, el comunismo chino parece no despertar la misma alarma cuando llega acompañado de oportunidades económicas. La línea roja ideológica, al menos esta semana, ha demostrado ser más flexible de lo que sugerían las declaraciones del pasado domingo.