Se acabó. Si quedaba alguna duda, ahora ya está claro que Susana Díaz no saldrá el viernes investida presidenta. Hasta hoy parece haber llegado la paciencia socialista con Ciudadanos, pero también con Podemos: con Ciudadanos de forma explícita enviándoles a través de los medios el mensaje de que el acuerdo para luchar contra la corrupción se firmará únicamente "cuando se produzca" la investidura de Susana Díaz como presidenta de la Junta de Andalucía y nunca antes, en contra de lo que habían acordado verbalmente ambos grupos. Y con Podemos de forma implícita: en el Partido Socialista se quejan de que los dirigentes de la formación morada ni siquiera les cogen el teléfono desde antes del comienzo de la sesión de investidura del lunes, de lo cual deducen en la calle San Vicente que Podemos no tiene intención de llegar a ningún acuerdo para la investidura. Esta versión coincide con la determinación de Podemos de "no hacerle más el juego de imagen" a los socialistas, de quienes en el partido de Teresa Rodríguez se piensa que nunca quisieron de verdad aceptar sus exigencias para facilitar la investidura. DESCONFIANZA ABSOLUTA El último encuentro lo mantuvieron ambos partidos el sábado; quedaron entonces en que el PSOE remitiría un nuevo documento para acercarse a las exigencias de Podemos de romper con la banca que desahucia y reducir altos cargos, pero la desconfianza entre las dos partes es tan absoluta que, más allá de los detalles contenidos en el documento, el acuerdo parecía imposible. Esa es al menos la conclusión a la que ha llegado el PSOE. Si las negociaciones de investidura fueran una partida de cartas, lo que ha ocurrido este miércoles sería algo así como que un jugador decidiera acabar de una vez por todas el juego dándole una patada a la mesa. El PSOE cree que tanto Ciudadanos como Podemos han estado simulando que estaban dispuestos al acuerdo, pero su voluntad real era otra. Algo así como si interpretara que le han estado haciendo trampas en el juego. Por eso habría estallado. El problema es que sus compañeros de partida piensan lo mismo de él. En la dirección andaluza del PSOE lamentan las "actitudes de quienes viven de la demagogia" y no alcanzan a comprender "lo difícil que es construir y lo fácil que es destruir" puentes de entendimiento entre las fuerzas políticas. LA GOTA QUE COLMA EL VASO En el caso de Ciudadanos la gota que ha colmado el vaso han sido las declaraciones de ayer y hoy del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, asegurando que su partido no se abstendrá el viernes en la segunda votación para la investidura de la socialista Susana Díaz, sino que votará 'no' si antes no hay una fecha oficial para que el expresidente Manuel Chaves abandone su escaño en el Congreso. Rivera ha dicho hoy en una entrevista en Onda Cero que su formación mantiene ese planteamiento porque en caso contrario sería establecer una "cláusula Chaves" de excepción en el pacto contra la corrupción que han negociado con el PSOE, y que también reclama por escrito, informa Efe. En ese sentido, ha recordado que eso "implica" que imputados por corrupción no estén en las listas "y eso hasta la fecha no se cumple en el caso de Chaves", por lo que ha admitido que es "uno de los escollos que hay" con el PSOE, con quien también se negocia la bajada del IRPF a las clases medias, las listas abiertas en la ley electoral o la supresión de altos cargos. COMIENZA LA GUERRA FRÍA Desde el Partido Socialista se ven las cosas de otro modo. Consideran que Susana Díaz ha mostrado desde el principio una voluntad clara de mostrarse flexible y de incorporar a su discurso de investidura exigencias o propuestas tanto del Podemos como de Ciudadanos. Mientras que con Podemos no había llegado a haber avances en la negociación, con Ciudadanos sí se había cerrado verbalmente un acuerdo según el cual el partido de Albert Rivera se abstendría en la segunda votación. Sea como fuere, la coexistencia pacífica ha terminado y la guerra fría acaba de comenzar. A partir de la votación del viernes todo va a ser muy distinto de como ha sido hasta ahora. Los socialistas van a jugar fuerte la carta de que los partidos de la oposición, incapaces de consensuar un candidato, han decidido bloquear la única investidura posible y lo han decidido por meros cálculos electorales, pensando en el 24 de mayo. ¿REPETICIÓN DE ELECCIONES? Y Podemos y Ciudadanos seguro que subirán el tono y la acritud de sus reproches a Susana Díaz. El PP e Izquierda Unida no necesitan subir ese tono porque lo pusieron en lo más alto del diapasón desde el mismo día que hicieron el informe de daños de su devastadora derrota electoral. Ambos –pero muy en especial IU, que gobernó casi tres años con el PSOE– tienen buenas razones para estar profundamente disgustados con Díaz. ¿Significa todo ello que desembocaremos en una repetición de las elecciones? No es probable, pero ya no es tan 'imposible' como días atrás. Sin en dos meses no hay nueva presidenta, los andaluces serán llamados de nuevo a las urnas. Así lo prescribe la ley andaluza. Ciertamente, a ningún partido le interesa ese escenario. Y aunque Susana Díaz y el Partido Socialista habrían resultado humillados, quienes seguramente tendrían más que perder en unas elecciones son el PP, Podemos y Ciudadanos, para los cuales no será fácil explicar por qué no permitieron echar a andar la legislatura practicando una abstención que, ni política ni programáticamente, los obligaba a nada.