Hay legislaturas que heredan problemas del pasado, que es lo más habitual; otras que heredan problemas de futuro, que no suele ocurrir muchas veces; y otras que heredan los problemas del pasado y del futuro, lo cual ocurre muy rara vez. Una de esas veces es ahora, en la décima legislatura andaluza, donde a los problemas de constitución del propio Parlamento van a añadirse en las próximas semanas los problemas –estos sí, problemas de verdad– para la investidura como presidenta de Susana Díaz Una parte de los problemas que habrá antes de las elecciones locales del 24 de mayo tiene que ver con el pasado, es decir, tiene que ver con los resultados habidos el 22 de marzo y, en consecuencia, con la decisión de la presidenta de adelantar las elecciones a una fecha que en los calendarios interiores del Partido Popular e Izquierda Unida quedará señalada para siempre con el estigma de una derrota cercana a la humillación. La culpa de ese doble desplome no es, ni puede ser, de Susana Díaz, pero es ley general que en política todo humillado necesita culpar a otro de su humillación porque si se culpa a sí mismo está perdido. LA PESADA SOMBRA DEL FUTURO Las principales dificultades de esta décima legislatura, que es como decir las principales dificultades de Susana Díaz, se derivan del futuro: las derivadas del pasado ya están descontadas de antemano puesto que la presidenta sabe de sobra que en mucho tiempo no podrá contar ni con IU ni con el PP. El problema está, pues, en el futuro. La falta no ya de pactos, sino del mero consentimiento para que Susana Díaz sea presidenta tiene su causa en el cálculo electoral de mayo, en primer término, y de noviembre, en segundo término. Podemos y Ciudadanos han puesto un precio tan alto a su consentimiento a la investidura porque temen que si no lo hacen así quienes pagarán un alto precio electoral en el futuro serán ellos. ELECTORES DE AYER Y DE MAÑANA ¿Han adoptado esa posición tan exigente para no agraviar a sus electores del pasado o para no espantar a sus electores del futuro? Ellos creen que es por lo primero, pero lo más probable es que sea por lo segundo. Ciudadanos abrió la vibrante subasta de la investidura exigiendo las cabezas de Chaves y Griñán: una puja que Podemos que se vio obligado a igualar. Ahora ambos son prisioneros de su propia apuesta. Si el futuro no proyectara esa sombra inversa sobre el presente, la investidura saldría adelante sin demasiados problemas. Lo que no saldría adelante sin problemas –ni sin una trabajosa negociación– serían los pactos para gobernar, bien fuera en forma de coalición de gobierno, de pactos estables o de acuerdos puntuales. Lo novedoso de esta legislatura andaluza es que los partidos de la oposición han decidido empezar demasiado pronto a cobrar las tasas derivadas de la debilidad parlamentaria del PSOE. Quieren marcar sus goles antes de que comience el partido, aunque lo malo de esa táctica es que puede bloquear la celebración misma del encuentro. INTERCAMBIO DE CROMOS El PP, Ciudadanos y Podemos deben haber calculado que los resultados del 24-M pondrán a su alcance instituciones que pueden servirles para intercambiar cromos en la negociación de investidura de Díaz. Habrá seguramente ayuntamientos y diputaciones donde el PP, C’s o Podemos podrán gobernar si y solo si el PSOE lo consiente. Pues bien, para inclinar a los socialistas a ese consentimiento nada mejor que ayudarles un poco: nosotros permitimos que Díaz sea presidenta y vosotros permitís que gobernemos tal ayuntamiento en Andalucía o tal comunidad en el resto de España. La estrategia, que tan pulcramente maquiavélica queda sobre el papel, tiene, no obstante, numerosas contraindicaciones. La primera de ellas es cómo explicarla. O mejor dicho: la primera de ellas es la imposibilidad de explicarla. Si los partidos no consienten la investidura hasta después del 24 de mayo, les será difícil encontrar argumentos que no parezcan excusas. QUEJAS Y ALARIDOS Es más: a medida que vayan pasando los días les será cada vez más difícil explicar su conducta, y no solo porque en ese tiempo el PSOE va sin duda a sobreactuar transformando sus actuales quejas en verdaderos alaridos, sino porque se hará más evidente que la razón de la demora es el cálculo electoral. Es más: incluso aunque sus motivos para no investir a Díaz fueran puramente éticos –lo cual no cabe descartar del todo en el caso de Teresa Rodríguez– la cercanía de las municipales hará que parezcan todo lo contrario. Hasta aquí, todas las razones operan contra la oposición y sitúan en ella la carga de la prueba, ¿pero qué pasa con el Partido Socialista? De entrada, lo primero que pasa es que no pasa nada. De momento, el PSOE está actuando como si no pasara nada, es decir, como si el problema lo tuvieran los otros y no él, pero es obvio que el enemigo no se chupa el dedo y sabe que que el paso del tiempo debilita a Díaz y empequeñece su victoria. CÓMO APAÑARSE CON CIUDADANOS De todos los actores con quienes le cabe al PSOE algún tipo de apaño el más asequible es Ciudadanos porque las razones de este para no dar luz verde a la investidura son razones instrumentales, no razones de principio. Podemos y el PP rechazan todo acuerdo por principio y por eso el entendimiento es mucho más difícil, independientemente de que la naturaleza de los principios de uno y otro sea muy distinta. C's sabe que su futuro como partido depende de su capacidad para pactar tanto con el PP como con el PSOE, pero esa vocación de bisagra solo podrá visualizarse tras el 24-M, no antes. El único pacto que C's puede materializar antes es con los socialistas en Andalucía y eso no va a hacerlo porque sería dar al PP un valiosísimo argumento para desacreditarlo ante ese electorado que el partido de Albert Rivera le está robando a manos llenas a Mariano Rajoy. Al PSOE solo le cabe hacer dos cosas: o emplearse a fondo con Ciudadanos en busca de un acuerdo o seguir esperando. Para lo primero hay poco margen y para lo segundo hay demasiado. ¿Tiene el PSOE alguna posibilidad de arrancarle a Ciudadanos un sí a la investidura de Díaz sin hacer dimitir previamente a Chaves y Griñán? Parece que no, pero quién sabe. Eso es precisamente lo que el PSOE debería averiguar cuanto antes.