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Alcalá de Guadaíra, el tercer municipio más poblado de la provincia de Sevilla, fue durante siglos conocida como "Alcalá de los Panaderos": su pan abastecía a buena parte de la provincia gracias a los molinos harineros del río Guadaíra. Hoy esa tradición convive con decenas de polígonos industriales, alimentados por la cercanía a la capital y por la A-92, la autovía que vertebra Andalucía de oeste a este y que bordea el municipio por el norte. Es una ciudad con peso propio, y no es casualidad que el PP de Sevilla la tenga en el punto de mira: como ya contamos en esta misma serie con los casos de Alejandro García Casares en Mairena del Aljarafe y José Veira en Dos Hermanas, la formación lleva meses moviendo fichas en los grandes municipios de la provincia con un objetivo compartido, sumar fuerza de cara a la Diputación. En aquellos dos casos, la fórmula elegida fue el paracaidismo, candidatos ajenos al municipio pensados como revulsivo. En Alcalá, sin embargo, el PP ha optado por la línea contraria: el continuismo, con una candidata que, según las fuentes consultadas para este reportaje, es vista como parte del problema y no como la solución.
No es la primera vez que una candidatura de Sandra González coincide con un mal resultado para el PP en Alcalá. En 2019, el partido obtuvo tan solo 3 concejales, su peor resultado en la historia de la ciudad. En 2023, el PP cambió de candidato, Esaú Pérez, y dobló su representación hasta los 6 concejales. Ahora, de cara a 2027, el partido ha optado inexplicablemente por repetir con González como en 2019.
Uno de los episodios más extravagantes de la biografía política de González tiene que ver extrañamente con el carnaval de Cádiz. El PP de Alcalá de Guadaíra, presidido por Sandra González, presentó a cuatro días de las elecciones autonómicas una denuncia ante la Junta Electoral de Zona de Sevilla contra el Carnaval de Primavera del municipio. La denuncia, instigada por la presidenta del comité local, pedía que el Ayuntamiento impidiera a las chirigotas, coros y comparsas participantes, entre ellas "DSAS3", de Jesús Bienvenido, ganadora de esa edición del COAC, incluir "alusiones políticas" o expresar "opinión política de cualquier signo" durante sus actuaciones, coincidiendo con la jornada de reflexión. Una jornada carnavalera que, por cierto, estaba organizada y programada desde antes de la convocatoria electoral.
La reacción fue inmediata y protagonista en la recta final de la campaña. En Cádiz, cuna del carnaval, la denuncia se interpretó como un ataque directo a la tradición crítica y satírica de la fiesta, con comparaciones a la censura franquista. Bienvenido respondió con un pasodoble inédito grabado para sus redes sociales, guitarra en mano, con versos como "a Cádiz nadie lo calla porque nació libre" y referencias a los "40 años de terror" de la dictadura, que se hizo viral y fue recogido por medios de toda España. Que fuera precisamente el PP quien resucitara ese fantasma tenía su ironía, porque mientras Bienvenido cantaba a los 40 años de terror del franquismo, el partido acumulaba sus propios y bastante menos dramáticos 40 años de fracasos electorales en Alcalá, sin haber gobernado la ciudad ni una sola vez desde que hay democracia municipal. El vídeo no tardó en acumular millones de visitas en redes sociales y ser replicado en los principales telediarios de España.
El PP acabó retirando la denuncia, que atribuyó a una "descoordinación interna", después de que el propio alcalde de Cádiz y presidente del PP gaditano, Bruno García, pusiera el grito en el cielo y pidiera a sus compañeros sevillanos que dieran marcha atrás. El Ayuntamiento de Alcalá mantuvo el festival según lo previsto. Cuatro días después, el 17 de mayo, el PP ganó las elecciones andaluzas en las ocho provincias, pero cayó de los 58 escaños que tenía en 2022 a 53, dos por debajo de la mayoría absoluta, obligado a pactar con Vox para gobernar. Dos de esos cinco escaños perdidos cayeron precisamente en Sevilla, que pasó de 9 a 8, y en Cádiz, que pasó de 8 a 7, las dos provincias más directamente salpicadas por la polémica.
Varios analistas electorales señalan el episodio del Carnaval como uno de los factores que determinaron el voto del PP en su recta final y que podría haber sido “el estoque final a la mayoría absoluta de Juanma Moreno que semanas antes parecía segura”. González calculó, probablemente, que le hacía un favor a Moreno: unos cuantos votos más en Alcalá a cambio de silenciar unas coplas. Lo que no calculó es que le estaba regalando a la izquierda la imagen exacta que necesitaba para movilizar el voto, justo la semana en que más caro podía salirle.
En Alcalá, no todo el PP ve con buenos ojos la candidatura de González. Según fuentes del entorno de la dirección política de la candidata, dentro del propio partido se han mantenido reuniones con Ricardo Sánchez, presidente del PP de Sevilla, para intentar evitar que su candidatura salga adelante de nuevo, por considerarla un riesgo para los intereses del partido en Alcalá. Los datos, desde luego, avalan esta postura.
En los círculos más conservadores de la ciudad el fichaje tampoco ha sentado bien. Varias fuentes consultadas por este periódico, entre ellas hermanos mayores de algunas hermandades y empresarios vinculados a la Federación de Industriales y Comerciantes de Alcalá, coinciden, pidiendo mantenerse en el anonimato, en que su candidatura repetirá el fracaso de 2019, por falta de preparación y escasa cintura política.
Hay algo de Quijote cargando contra molinos de viento en toda esta historia, y no es casualidad: Alcalá de Guadaíra lleva siglos moliendo trigo de verdad en los molinos de su río. El PP local se lanzó, en cambio, contra un molino imaginario, una copla de carnaval, convencido de que libraba ahí una batalla decisiva. Salió tan maltrecho como el hidalgo. Y, como el hidalgo, en vez de aprender la lección, se ha vuelto a subir al mismo rocín.



