Las elecciones andaluzas están 'al caer'. Previsiblemente en junio, aunque nadie descarta el 31 de mayo. Todo dependerá de los cálculos del presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla. Mientras tanto, todos los partidos están posicionándose y labrando sus propias estrategias. En el día de ayer Antonio Maíllo, el candidato a la Junta de Andalucía por la coalición Por Andalucía, presentó la que será la hoja de ruta de dicha coalición, que agrupa a Izquierda Unida, Sumar e Iniciativa del Pueblo Andaluz. Pero para ejecutar esa hoja de ruta previamente ha de darse una condición fundamental: saltar la barrera de la abstención.

Maíllo lo sabe, al igual que lo sabe la candidata del PSOE-A, María Jesús Montero, que también ha hecho los mismos cálculos. En el día de ayer, el de Por Andalucía replicaba los números que también calculan los socialistas. Al menos existe una bolsa de abstencionistas. mayoritaria y tradicionalmente de izquierdas, que alcanza el medio millón de votos. Como mínimo

Para recuperar esos, al menos, 500.000 votos, la izquierda andaluza tiene que poner en marcha la maquinaria. Esos votos no significan que sean únicamente suyos, pero lo fueron. Sin descartar la derechización de la sociedad andaluza, que según el Centra, se ha desplazado desde el centro izquierda hacia el centro derecha, de manera leve pero significativa, tanto Maíllo como Montero buscarán activar a estos votantes.

Según el de Por Andalucía, los estudios internos que han realizado les dicen una cosa clara y esperanzadora. La gente no se ha ido, se siente igualmente identificada con estos partidos pero, sin embargo, no acude a votar. Es esperanzadora porque el voto no se ha perdido, pero tampoco es extremadamente positivo. De ahí el trabajo que obviamente les queda por hacer.

Datos

Los escenarios son distintos, pero valgámonos de una comparación 'bruta' de los números para entender a qué se refieren estos líderes de la izquierda cuando dicen que el voto está latente, por manifestarse. En las elecciones autonómicas de 2022, en las que Moreno consiguió la mayoría absoliuta, el PSOE de Andalucía, entonces liderado por Juan Espadas, consiguió 883.707 votos, lo que implicó un 24,9%. Por su parte, Por Andalucía, que hace cuatro años también integraba a Podemos, pero era una marca más desconocida, sumó un total de 281.688 votos.

Tan solo un año después, en las elecciones generales de 2023, el PSOE obtuvo en Andalucía 1.467.501 votos. Sumar, por otro lado, obtuvo 525.371 votos. Es decir, ambos partidos, consiguieron un incremento más que sustancial respecto a las elecciones andaluzas. Especialmente el PSOE, que sumó casi 600.000 votos más.

Asimismo, este empuje por recuperar los votantes abstencionistas tiene otro matiz interesante. Mientras que ambos partidos se dejaron 'votos atrás' en las autonómicas, el PP de Moreno Bonilla apenas acumuló grandes diferencias entre ambas convocatorias. En las andaluzas de 2022, el PP andaluz consiguió 1.582.412 votos. Por su parte, en las generales 1.596.044. Apenas 14.000 votos de diferencia, lo que desde ambos partidos se interpreta como un "techo" tope de voto.

Del mismo modo, otra idea que deslizan dirigentes de ambas formaciones es que esa pérdida de empuje, que sí reflejan las encuestas electorales, pese a que siguen concediendo al PP andaluz una horquilla que roza la absoluta, puede provocar que los "últimos votos" de cada provincia que se llevó Moreno en aquella absoluta de 2022, se verían afectados, provocando una caída mayor de la esperada.   

Obivamente, comparar los contextos y escenarios es hacer trampas al solitario, dado que la movilización que existe para las elecciones generales siempre suele ser superior a las autonómicas, máxime con la polarización existente, y con la que se jugó en las generales del 2023, prácticamente un plebiscito entre Sánchez y la ultraderecha. Además, la activación de los votos abstencionistas no será una papeleta fácil, ya que Moreno Bonilla está planteando un escenario completamente opuesto.

Plebiscito en Andalucía

Pero pese a que sea una comparación 'tramposa', no deja de ser una realidad: la identificación de la ciudadanía con estos partidos existe, y a eso se agarran tanto Maíllo como Montero en la inminente campaña andaluza. En este caso, el plebiscito que ambos plantearán a Moreno Bonilla es evidente y ambos lo han expresado así: el plebiscito será sanitario.

Esta semana comenzaba con una nueva inyección económica de Moreno Bonilla a las clínicas privadas de la provincia de Sevilla, de 36 millones de euros, para alquilar quirófanos para realizar operaciones, con médicos del SAS, para supuestamente aligerar la lista de espera.

Este nuevo concierto se suma a los ya realizados desde que llegó a la Junta de Andalucía, con el fondo del troceo masivo de contratos menores que acabaron en la Fiscalía de Sevilla -y que aún sigue en la de Córdoba y Cádiz- y que, en principio, se ha salvado con un reconocimiento de irregularidad administrativa, aunque sin mayores consecuencias judiciales. Algo que Moreno traduce en una victoria de su gestión.

Sin embargo, pese a que el presidente del PP andaluz presume de gestión sanitaria, la realidad es que para los andaluces y andaluzas se ha convertido en su principal problema, según el Centra. Ahí es donde la izquierda andaluza tratará de movilizar a ese más de medio millón de votantes abstencionistas, en el "deterioro" de los servicios públicos, en especial la sanidad, aunque sin olvidarse de la vivienda, de las universidades, la dependencia o la educación. Tal y como confirmó el cambio de dinámica en Castilla y León, con una buena campaña, aún hay partido para la izquierda andaluza.