El episodio que ha tenido en vilo a los malagueños y malagueñas en torno a la salubridad de sus playas parece haber llegado a su fin. Este miércoles el Ayuntamiento de Málaga comunicaba que las últimas cuatro playas que quedaban cerradas por la calidad de sus aguas, las de Guadalmar, Sacaba, Misericordia y San Andrés, quedaban oficialmente reabiertas después de que los niveles de la bacteria E.Coli en sus aguas haya entrado "dentro de la normalidad". Sin embargo, tras varios días con la polémica copando la primera línea de actualidad en la ciudad de la Costa del Sol y salpicando a distintos municipios costeros, muchos ciudadanos se han acorado de la patronal turística y de los empresarios que, en Semana Santa, pusieron el 'grito en el cielo' por el corte del AVE a Málaga, vaticinando pérdidas millonarias que nunca ocurrieron. 

Playas cerradas

Todo el episodio se remonta a una tormenta que cayó sobre Málaga en la madrugada del pasado sábado, asegura el Consistorio, que dejó apenas 18,5 litros por metro cuadrado, aunque concentrados en un breve periodo de tiempo. Esto produjo que a través de los distintos aliviaderos de la red de saneamiento se virtieran en el mar, que mezcladas con las aguas residuales de los desagües aumentara la toxicidad de la bacteria en las aguas. En algunas playas se llegaron a registrar incluso reacciones en la piel.

Tras la polémica suscitada por los cierres, que llegó a afectar hasta seis playas de la capital por la presencia en el agua de E.Coli, el Ayuntamiento de Málaga insiste en que lo sucedido entra dentro de la "normalidad" del funcionamiento de la red de saneamiento, tal y como afirmó la concejala de Sostenibilidad, Penélope Gómez, y se reitera en el comunicado que envió el Consistorio en el día de ayer:

"Estos alivios se registran en la práctica totalidad de los municipios costeros debido al que a la red general de saneamiento que va paralela al litoral llegan redes unitarias que recogen tanto las aguas residuales como las de lluvia, por lo que en episodios de precipitaciones intensas concentradas en poco tiempo, como ocurrió la madrugada de pasado sábado con 14 litros/metro cuadrado en una hora, se pueden llegar a registrar este tipo de situaciones que evitan un colapso de las tuberías que puedan dar lugar a inundaciones en distintos puntos de la ciudad".

La oposición política en la ciudad sí ha reaccionado con contundencia a esta 'vicisitud', que tampoco ha supuesto una novedad en la ciudad. De hecho, este año diferentes playas han tenido que cerrar por incidencias en la calidad de sus aguas. Así ocurrió en julio, cuando las playas de El Palo y de Pedregalejo tuvieron que ser clausuradas por detectarse niveles de E.Coli en sus aguas por encima de lo recomendado. En marzo, también a causa de esta bacteria, la zona de Guadalmar también tuvo que desplegar la bandera roja, impidiendo el baño. Esta vez, la causa fue una supuesta rotura de una tubería de saneamiento de, al menos, unos 50 metros de longitud, a causa de las crecidas por las lluvias torrenciales que afectaron a la misma zona. 

Imagen de la playa de Pedregalejo de Málaga cerrada al baño tras detectarse en sus aguas presencia de la bacteria E. coli/ EP

De este modo, desde el Grupo Municipal Socialista su portavoz, Mariano Ruiz Araujo, calificó de "absolutamente nefasta" la sucesión de cierres de playas en la capital, donde se han contabilizado ya tres episodios de prohibición del baño en lo que va de verano. "En plena temporada alta, encontrarnos una y otra vez con playas cerradas es una auténtica catástrofe para la imagen turística de Málaga, pero, sobre todo, para los malagueños y malagueñas, que tienen derecho a disfrutar de sus playas con seguridad y normalidad".

"De la Torre y el PP se llenan permanentemente la boca hablando de turismo, de excelencia y de la proyección internacional de Málaga, pero después la imagen que ofrecemos en pleno agosto es la de un rosario de banderas rojas en nuestras playas. Tres episodios en un mismo verano dejan de ser una anécdota y obligan al Ayuntamiento a dar explicaciones sobre qué está ocurriendo y, especialmente, sobre qué está haciendo para evitar que vuelva a suceder", exclamó.

Por otro lado, la portavoz adjunta de Con Málaga, Toni Morillas, reclamó explicaciones sobre la gestión de los aliviaderos y exigió la apertura de una investigación sobre la actuación de la Empresa Municipal de Aguas (Emasa) durante la tormenta registrada en la madrugada del pasado 15 de agosto. "Los aliviaderos no pueden convertirse en la salida habitual de una red de saneamiento que Málaga lleva décadas sin modernizar. No podemos asumir como algo normal que cada vez que llueve se abran aliviaderos y terminen llegando al mar aguas contaminadas, residuos y toallitas. Una cosa es que ante un episodio extraordinario de lluvias exista un riesgo real para la seguridad de la población y haya que aliviar puntualmente la red para evitar inundaciones o daños mayores, y otra muy distinta es utilizar los aliviaderos como una salida sistemática cada vez que llueve o, todavía peor, como mecanismo de limpieza de la red", advirtió.

La polémica del AVE

El portavoz socialista, Ruiz Araujo, también criticó que mientras se hicieron cálculos de pérdidas millonarias cuando el AVE no podía llegar a Málaga en Semana Santa ahora no se haga lo propio con el daño que podría suponer el cierre de playas. Y es que hace tan solo unos meses el escándalo del AVE copó portadas nacionales, advirtiendo, según unos cálculos realizados, presuntamente, por los empresarios de la ciudad, que Málaga sufriría pérdidas de hasta 1.300 millones de euros por dicha causa. La realidad fue que tras acabar la Semana Santa, la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos) informaba de que la ocupación media durante todo el periodo alcanzó un 82,85%, superando las previsiones más optimistas antes de la historia del AVE.

La cifra de 1.300 millones se ofreció sin un mínimo desglose, a vuela pluma, y de forma histriónica. El propio presidente de la Junta, Moreno Bonilla, llegó a azuzarla rápidamente desde una comparecencia en la que acusaba al Gobierno central de poco menos que abandonar a Málaga a su suerte. 

El entonces consejero de Turismo, Arturo Bernal, llegó a afirmar sin rubor alguno que la Semana Santa estaba “definitivamente perdida”. En la misma línea, la consejera de Hacienda, Carolina España, aseguró que la ciudad estaba “completamente incomunicada” y animó a los empresarios a emprender acciones contra ADIF. 

Ese escenario no se materializó. Aunque el tráfico ferroviario directo se vio afectado, los viajeros recurrieron a alternativas como los transbordos en Antequera y continuidad en bus – no olvidemos que el AVE seguía funcionado con normalidad hasta esa ciudad estación a 40 minutos de Málaga-. o el transporte por carretera. 

De hecho, tal fue la polémica que estaba generándose que el presidente de los Hosteleros de Andalucía y de Málaga, Javier Frutos, tuvo que lanzar un mensaje de tranquilidad y advertir de que las previsiones no son "tan malas como parece que se está diciendo (...) tan malas como se está pintando".

Frutos, ni nadie, negaba que no contar con el AVE para Málaga en una fecha tan importante y señalada no fuera a suponer pérdidas respecto a 2025 -no ocurrió-, dado que para la ciudad es una vía de entrada de turistas muy importante. Pero aparte, la ciudad cuenta con la entrada por carretera y el aeropuerto, por lo que no está incomunicada. Además, la vía de tren llegaba hasta Antequera que queda a 50 kilómetros de Málaga, una distancia prudencial para realizar en medios de transporte público o en automóvil privado.

Finalmente, la Semana Santa de Málaga recibió 68.657 visitantes, un 1% más que en 2025, donde solo un 5% procedía de Madrid. En los días clave de la festividad, desde el Jueves Santo al Domingo de Resurrección, la cifra de ocupación ascendió hasta el 85,2%, superando con creces los años anteriores. Por tanto, ahora la pregunta se ha hecho evidente, "Dónde están aquellos empresarios que tanto les preocupo el corte del Ave. Ahora la mierda de las playas parece que no les preocupa", señalaba en su red social de X (antes Twitter), el periodista Pepe Fernández, recibiendo un notorio apoyo. 

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