El hermetismo que siempre ha caracterizado al PP andaluz de la dura mano de Javier Arenas, ha impedido que se vislumbrara un delfín presto a la sucesión. Arenas siempre ha mantenido un poder omnímodo en la organización andaluza y ha tapado cualquier posibilidad de cambio interno. El PP andaluz es Arenas y Arenas es el PP-A.

Delfinato y oposición a Arenas
No obstante y a pesar de ello, en todo rumor que subterráneamente ha circulado siempre se hablaba de una figura emergente personalizada en el alcalde de Motril, Carlos Rojas. En voz baja y a escondidas siempre se hablaba de ello. En paralelo y con el mismo carácter semiclandestino, también se susurraba de la actual alcaldesa de Fuengirola y anterior portavoz del PP en el Parlamento andaluz, Esperanza Oña, como la única y aislada voz tímidamente opositora al propio Arenas, al mismo tiempo que traslucía sus ansias de poder y sus calladas aspiraciones a suceder a Javier Arenas.

Control férreo del PP-A
El fuerte control que ejercía Arenas en la organización así como que nadie en el PP, ni en Madrid ni en Sevilla, imaginaban el batacazo electoral andaluz que pintaba un escenario de un Arenas presidente, posibilitaron en momento alguno su cuestionamiento público o la presentación de cartas de credenciales como alternativas sucesorias.

Paso a la sucesión
Tras el fiasco del 25 de Marzo y la inevitable caída a medio plazo del presidente del PP andaluz y su previsible nueva marcha en Madrid, ha sido él mismo quien ha iniciado hoy el camino para su sucesión y lo ha hecho con una jugada maestra, que como en determinados movimientos de ajedrez te comes una pieza para que destaque otra. En esa clave precisamente, es como hay que entender el nombramiento personal del alcalde de Motril como portavoz de su Grupo parlamentario dejando caer de paso y quitándose de en medio a Esperanza Oña, persona que hasta el momento ocupaba ese cargo.

Jugada de ajedrez de Arenas: dos por uno
Y lo ha hecho de una manera sibilina pero en el fondo cruel. La jugada ha consistido en presentar mañana en la constitución del Parlamento Andaluz a la alcaldesa de Fuengirola como candidata a presidir la Cámara. Pero lo que parecería todo una apuesta y respaldo al nominarla como segunda autoridad de Andalucía, tras el presidente de la Junta, es al mismo tiempo la jugada maestra, pero sanguinaria al mismo tiempo, ya que las posibilidades de que Oña sea elegida son las mismas que tendría Rouco Varela de sustituir a Sánchez Gordillo en Marinaleda, o sea ninguna. Esperanza Oña será mañana candidata a la nada y pasado mañana será desvestida del poder que ha gozado hasta ahora. Se la mandará a un espacio secundario de la mesa del Parlamento, para que la vean todos los días pero no la oigan ninguno.

Oña a la hoguera política
A nadie se le oculta que Oña tiene a buena parte del partido en contra por sus siempre silentes movimientos que han colmado el vaso de la paciencia con las últimas declaraciones criticando el diseño de campaña y estrategia de las pasadas elecciones andaluzas. A ello se unen unas horrendas relaciones desde siempre con el escudero apafuegos de Javier Arenas, el secretario general del partido, Antonio Sanz. Pero Oña, que actualmente no cuenta con ningún sector afín en su partido, es luchadora y combativa y tras la victoria amarga, pueden abrirse goteras en el PP andaluz que ella podría liderar para transmutarlas en socavones menos subterráneos y más abiertos a la superficie. Al fin y al cabo, lo que se la ha hecho a Oña es cortarle su carrera política en una edad en la que está de relativa juventud.

Futuro para el delfín Rojas
En cambio, Carlos Rojas, fiel a Arenas, más joven y con mejores relaciones en el aparato, unido a la retirada paulatina, medida y planificada de Arenas, destacará en sus intervenciones a cara de perro contra consejeros socialistas y de IU, pasando a ser el rostro del PP andaluz. Arenas en un solo cambio se lleva por delante a la opositora y coopta su sucesor.

Un bautizo, dos funerales y un epitafio
Arenas, listo y sagaz porque lo es, se salva de la quema antes de que las llamas le alcances. Sabe que tarde o temprano su autoridad hasta ahora incuestionable podría serlo. Por ello comienza a dirigir los nuevos destinos de la derecha andaluza enterrando a una figura en vida (Oña), proyectando a un nuevo valor (Rojas) y de alguna manera, también dirigiendo su propio funeral. Un funeral que terminará en una tumba con un epitafio: “Aquí yace por cuarta vez el que las mismas veces resucitó al tercer día en Madrid. Espero que se os pueda dejar solos. Hasta siempre compañeros. Escribiré al llegar a Atocha”