En el interior del Deposito de Fondazione Prada, la casa italiana presentó su propuesta FW26 de mujer, una colección que explora cómo la ropa refleja las múltiples realidades que atraviesan la vida femenina. Más que una pasarela convencional, el desfile se planteó como una reflexión sobre la construcción de la identidad a través del tiempo. Quince mujeres conformaron un casting definido, donde cada look revelaba una transformación progresiva moldeada por el layering, la estructura y el tratamiento de los materiales.

La superposición fue el eje central de todas las siluetas. La sastrería estructurada apareció sobre prendas deportivas, mientras vestidos de satén bordado emergían bajo capas minimalistas. No existía jerarquía entre lo formal y lo informal: ambas dimensiones convivían en equilibrio. Chaquetas que dejaban entrever vestidos interiores, faldas que revelaban fragmentos ocultos y abrigos que insinuaban capas internas crearon composiciones que conectaban pasado y presente. La propuesta sugiere que la ropa no es estática, sino un archivo vivo de experiencias.

El tratamiento de los materiales reforzó esta narrativa. Superficies deliberadamente desgastadas, bordados con apariencia envejecida y costuras visibles evidenciaron el paso del tiempo. Prada FW26 integró referencias de archivo en piezas contemporáneas, incrustando vestidos dentro de formas exteriores depuradas. Esta técnica generó prendas con historia interna, perceptible a través de distorsiones sutiles y texturas superpuestas. La colección examina cómo la memoria se inscribe físicamente en la prenda.

Las proporciones jugaron un papel esencial. Líneas limpias contrastaron con bordes fracturados e interrupciones visuales. Las formas entalladas mantuvieron claridad mientras permitían que capas internas quedaran expuestas. Este gesto sugiere prendas en transición, redefinidas por el uso cotidiano. La colección cuestiona cómo la vestimenta cambia de función entre lo privado y lo público.

El espacio expositivo amplificó el discurso. El Deposito albergó objetos de cinco siglos —tapices, pinturas, espejos y mobiliario histórico— creando un diálogo entre moda y arte. Cada elemento introducía su propia historia, reforzando la idea de acumulación y reinterpretación.

Con Prada Fall Winter 2026, Miuccia Prada y Raf Simons consolidan una visión donde la moda es proceso continuo. Las capas no solo construyen volumen; construyen identidad. La colección posiciona a Prada como una de las firmas que mejor entiende la complejidad contemporánea, transformando el acto de vestir en un ejercicio consciente de memoria, agencia y evolución personal.