La colección Celine Hombre Primavera/Verano 2027 ha sido uno de los grandes acontecimientos de la Semana de la Moda Masculina de París. Michael Rider presentó su primer desfile en solitario como director creativo de la línea masculina de la maison francesa y dejó claro que su visión no responde a ninguna tendencia concreta. En lugar de seguir códigos establecidos, el diseñador construyó un nuevo lenguaje estético donde la libertad, la personalidad y la experimentación se convierten en el verdadero lujo.
En una temporada marcada por propuestas discretas, el desfile de Celine destacó precisamente por ofrecer algo difícil de definir. La colección no pertenece a una única corriente estética. Conviven referencias al estilo universitario, al espíritu bohemio, al rock, al minimalismo, al universo gótico e incluso a la danza clásica masculina, dando lugar a una identidad completamente nueva que rehúye cualquier clasificación.



Más que apoyarse en el estilismo, Rider centra toda la atención en la construcción de las prendas. Camisas con bolsillos desplazados hacia posiciones inesperadas, puños exageradamente prolongados, camisetas sin mangas ajustadas mediante cordones posteriores o jerséis de colores intensos rematados con coderas de piel muestran una forma distinta de intervenir los básicos del armario masculino. Incluso los pantalones, ya sean acampanados, rectos o de inspiración relajada, modifican ligeramente sus proporciones para generar una sensación visual completamente diferente.
La colección transmite la idea de que pequeños cambios pueden transformar radicalmente una prenda conocida. Esa búsqueda constante de sorpresa se convirtió en uno de los hilos conductores del desfile y también estuvo presente en la escenografía. Rider eligió un espacio completamente blanco con estructuras metálicas y bancos minimalistas interrumpidos únicamente por cojines estampados colocados de forma aparentemente aleatoria, reforzando la sensación de espontaneidad que recorría toda la presentación.



Los modelos aparecieron uno tras otro proyectando identidades completamente distintas. Algunos parecían estudiantes universitarios, otros evocaban músicos, artistas, viajeros o jóvenes alejados de cualquier convencionalismo. Sin embargo, todos compartían un mismo lenguaje visual construido alrededor del color, la comodidad y una sofisticación mucho más intuitiva que formal.
Tras el desfile, Michael Rider resumió perfectamente la filosofía que ha guiado este debut: "Creamos los personajes que queremos ser". El diseñador explicó que pretendía transmitir una auténtica "sensación de libertad", recordando que dentro del universo de Celine existe espacio para múltiples identidades y formas de entender la moda.

También quiso destacar el carácter colaborativo del proceso creativo. "Nos lo probamos todo. Tiene que entusiasmarnos. Vamos construyendo las ideas juntos", explicó, comparando el desarrollo de la colección con una improvisación musical donde cada miembro del equipo aporta nuevas posibilidades hasta encontrar el equilibrio definitivo.
Ese espíritu libre también se reflejó en los accesorios. Cintas con flecos sobre la cabeza, pequeños bolsos cruzados de inspiración artesanal, piedras semipreciosas colocadas sobre la frente, collares de cuentas, broches con cristales, cinturones tipo fajín y pañuelos de satén de gran formato aportaban un aire casi artesanal a los estilismos sin perder sofisticación.

El calzado volvió a ocupar un lugar protagonista. Tras popularizar las bailarinas masculinas durante las últimas temporadas, Rider amplía ahora el universo de Celine con zapatillas de aspecto desgastado, botas ultraligeras, sandalias de inspiración natural, zapatos planos tipo slipper y elegantes monk straps bicolor, demostrando una vez más su capacidad para reinterpretar clásicos desde una perspectiva completamente contemporánea.
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