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Lucía de la Fuente reflexiona sobre el peso de las redes en los castings: “El talento debe primar por encima de los seguidores”

Lucía de la Fuente habla de su papel en 'Toda la verdad de mis mentiras' y reflexiona sobre el peso de las redes sociales y los seguidores en los castings

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Lucía de la Fuente por Omar Sierralta para Xmag

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  • La actriz se mete en la piel de Aroa en 'Toda la verdad de mis mentiras', un personaje impulsivo que le ha permitido explorar nuevos registros mientras mantiene intacta la ilusión con la que empezó a actuar siendo una niña

Lucía de la Fuente lleva buena parte de su vida delante de una cámara, afrontando todos los nervios que implica cada producción, cada nueva lectura de guion y cada rodaje, pero, sobre todo, descubriendo todavía un universo que parece inagotable. Continúa una carrera llena de nuevos proyectos y esta vez se ha embarcado en una historia literaria que por fin ha dado el salto al audiovisual.

Lo hace con 'Toda la verdad de mis mentiras', adaptación de la novela de Elísabet Benavent en la que interpreta a Aroa, uno de esos personajes que llegan a la pantalla con una dificultad añadida. Aunque los actores del reparto son conscientes de ese reto, probablemente no llegan a comprender su dimensión hasta que se adentran en un personaje que, antes de tener rostro, cuerpo y voz, ya existe en la imaginación de muchos lectores.

Sin embargo, más que miedo, para Lucía este ambicioso proyecto supuso respeto y responsabilidad. De la Fuente era consciente de que quienes habían leído la novela ya habían construido su propia versión de los personajes y que inevitablemente compararían esa imagen con la que ahora propone la serie.

"No me daba miedo nada, tenía muchísimas ganas. Sí sentía respeto y responsabilidad por el hecho de que es un libro y hay muchos lectores que ya quieren a los personajes y se hacen una imagen de ellos. Estaba esa curiosidad por saber qué iban a pensar de nuestro trabajo", explica.

La manera de enfrentarse a esas expectativas fue intentar construir a Aroa sin quedar condicionada por ellas. La actriz destaca la autonomía durante el proceso y el trabajo realizado junto a las directoras y la propia Elísabet Benavent. "Lo hemos afrontado desde la honestidad más absoluta, intentando construir el personaje con toda la libertad que nos han dado".

Quienes conozcan el material original encontrarán, según la actriz, una adaptación reconocible. Eso no impide que el salto del papel a la pantalla pueda cambiar la percepción de determinadas situaciones o personajes. "Creo que hemos hecho una adaptación bastante fiel al libro. Obviamente, los lectores también se van a sorprender muchísimo con muchas situaciones, porque poner vida, cuerpo y voz a esos personajes siempre puede traer sorpresas", señala.

"Aroa es impulsiva, intensa y llena de contradicciones"

Entre todos esos personajes, a Lucía de la Fuente le corresponde dar vida a Aroa, uno de los personajes más explosivos de la serie, a quien la actriz no tiene ningún problema en definir como tremendamente "impulsiva". Aroa se mueve por aquello que siente y se permite verbalizar cosas que quizá la propia intérprete se pensaría algo más antes de decir. "Creo que ella es mucho más impulsiva que yo, y eso que yo lo soy. También se atreve a decir más cosas de las que me atrevo a decir yo", explica De la Fuente.

Esa forma de actuar convierte a Aroa en un personaje especialmente intenso, aunque la actriz entiende esa intensidad no solo como una cuestión de temperamento, sino como una forma de relacionarse con sus propias emociones. "Vive todo desde la intensidad, desde su verdad y desde sus sentimientos. Es un personaje que va a crear muchas emociones en el público. Yo siempre he intentado hacer que vibrase de amor todo el rato y creo que todo lo que hace, lo hace desde ahí".

Precisamente, su evolución fue uno de los aspectos que más atrajeron a Lucía. La Aroa que aparece al comienzo de la historia no es la misma que llegará hasta el final. "Aroa tiene una evolución fantástica dentro de la serie. Pasan muchas cosas que ella va descubriendo y creo que tiene un arco impresionante".

Ese recorrido desemboca en uno de los momentos más exigentes del rodaje para la actriz. "Hay una secuencia en el último capítulo que para mí es muy importante y creo que fue la más complicada de rodar en todos los sentidos. Era un momento clave para el personaje, por así decirlo, en el que ella tenía mucho peso y yo sentía mucha responsabilidad". A la dificultad interpretativa se sumaron las propias condiciones del rodaje. Parte de la producción se trasladó hasta Mazarrón, en Murcia, donde el reparto tuvo que enfrentarse a jornadas de playa, sol y altas temperaturas. "En esa secuencia en concreto pasamos muchísimo calor y se juntó un poco todo".

De niña actriz a una profesión que todavía vive como un juego

La presión de un rodaje no es precisamente nueva para Lucía de la Fuente. Su relación con la interpretación comenzó cuando era muy pequeña y, desde entonces, su crecimiento personal ha avanzado prácticamente en paralelo a su evolución profesional. Sin embargo, no siente que eso le obligara a vivir una adolescencia radicalmente diferente a la de sus amigos.

La clave, explica, estuvo en la compañía que siempre encontró fuera de los platós y en haber conseguido integrar el trabajo dentro de una vida que recuerda con normalidad. "Llevo trabajando desde que soy muy pequeña, pero siempre he tenido una red de apoyo muy grande con mis padres, mi familia y mis amigos. Al final no he vivido una adolescencia diferente a la del resto. Sí que trabajaba mientras estudiaba, pero siempre lo he vivido de una manera muy normal y muy natural".

A día de hoy, la responsabilidad que asume la actriz es muy distinta, pero no olvida la sensación que la llevó inicialmente delante de una cámara. "Esto empezó como un juego y sigue siéndolo a día de hoy". Ahora, reconoce, tiene otras responsabilidades y la interpretación es su trabajo, pero sin perder esa pasión con la que comenzó.

Quizá por eso los nervios continúan apareciendo. Estrenos, nuevos rodajes o castings siguen despertando sensaciones que la experiencia no ha conseguido borrar y que tampoco quiere que desaparezcan. "Si no los sintiese, me faltaría algo. Vivo todo esto desde la ilusión absoluta y soy una persona muy entusiasta. Los nervios siempre están y me gusta que estén, porque siento que eso significa que sigue viva en mí toda esta ilusión y todas estas ganas".

Esa voluntad de conservar cierta espontaneidad convive con una forma de trabajar muy meticulosa. De la Fuente se reconoce perfeccionista y necesita comprender qué hay detrás de un personaje antes de ponerse delante de la cámara, descubriendo por sí misma qué ha vivido, de dónde viene y qué pretende contar dentro de la historia.

"Me gusta mucho entender al personaje, entender qué le ha pasado en su vida y qué quiere contar en el proyecto. Le suelo dar bastantes vueltas y me paso mucho tiempo preparando. En concreto, con Aroa me lo preparé muchísimo".

Sin embargo, tras encenderse las cámaras y comenzar el rodaje, esa planificación tiene que dejar espacio a lo inesperado y a lo que surge de manera natural. Ahí entran los compañeros, la química entre el reparto y todo aquello que puede aparecer dentro de una escena. "Luego en el rodaje te dejas llevar con tus compañeros, que han sido estupendos, a los que admiro muchísimo y de los que he aprendido mucho. Hemos hecho una piña genial y creo que eso se ha podido traspasar a la pantalla. Hay muchas cosas que salen desde la naturalidad, aunque yo sea una persona que le da muchas vueltas a la preparación".

"Elegir entre cine, televisión y teatro es como elegir entre tu madre y tu padre"

Su trayectoria también le ha permitido conocer formas muy distintas de trabajar. Entre el cine, la televisión y el teatro ha podido experimentar de primera mano formatos en los que cada producción impone sus propias reglas. Pero hay una experiencia que, sin duda, le ha permitido desarrollar una enorme capacidad de trabajo: las series diarias, donde los tiempos se reducen y la cantidad de secuencias que deben prepararse y grabarse se multiplica.

"Tu implicación es exactamente la misma, por supuesto, pero el ritmo de trabajo es impresionante. En una diaria estamos grabando prácticamente un capítulo al día y te estás haciendo una media de ocho, nueve o diez secuencias. Es una barbaridad".

Frente a ese ritmo, una producción más corta permite disponer de mayor margen para preparar las escenas. Eso no significa, insiste, que una ficción diaria tenga necesariamente un resultado inferior al de una serie destinada a una plataforma. De la Fuente defiende la calidad y el esfuerzo de los equipos que trabajan en este tipo de producciones, aunque reconoce que la gran diferencia aparece en el tiempo que queda disponible fuera del trabajo. "En una diaria no tienes vida, solamente trabajas. Sales, llegas a casa, estudias las secuencias del día siguiente y los fines de semana tienes que seguir estudiando", explica.

En otros proyectos también hay horas de preparación y jornadas exigentes, pero la diferencia está en disponer de algo más de tiempo. "De la otra manera estudias muchísimo también y trabajas muchísimo, pero tienes un poco más de margen".

Entre cine, televisión y teatro, sin embargo, no se atreve a escoger. "Es como elegir entre tu madre y tu padre", resume. Sí reconoce una deuda pendiente con los escenarios, donde le gustaría trabajar con mayor frecuencia. "Me encantaría hacer incluso más teatro, porque he hecho, pero no tanto. El teatro tiene esa cosa del público, la magia de tenerlo ahí, de respirarlo y sentir esa energía. Creo que esa es una diferencia muy clara con el cine y con la televisión".

Cada formato, sostiene, le ofrece algo distinto. Del cine aprecia el tiempo y los matices con los que puede construirse un personaje; de la televisión, la posibilidad de desarrollar historias extensas; y del teatro, la respuesta inmediata del público sentado al otro lado del escenario.

El peso de las redes sociales en la profesión

Lucía no solo habla de sus ambiciones y del trabajo que implica dedicarse a una profesión que realmente le apasiona. También reflexiona sobre una industria cada vez más digitalizada, en la que las redes sociales se han normalizado hasta convertirse en una parte prácticamente inseparable de la exposición pública de los actores.

La artista pertenece a una generación que ha visto cómo estas plataformas pasaban de ser un espacio principalmente personal a convertirse en una herramienta más de promoción. En determinados casos, sin embargo, muestra su preocupación ante la posibilidad de que el número de seguidores pueda llegar a tener cada vez más peso en los procesos de casting.

La actriz sabe que esas cifras pueden influir en algunas decisiones, aunque preferiría que nunca se impusieran sobre las capacidades interpretativas. "Soy consciente de que muchas veces se fijan en todo esto. Ahora las redes sociales y los actores están conviviendo constantemente y creo que son dos mundos que se pueden alinear bien, pero quiero pensar que el talento prima por encima de los seguidores".

En su experiencia, esa convivencia no se ha traducido en imposiciones por parte de las producciones. Nunca se ha encontrado en la situación de tener que establecer límites porque le exigieran publicar determinado contenido en sus perfiles. "No me ha pasado. Siempre creo que con las personas con las que he trabajado me he sentido muy respetada y muy libre y ha sido una cuestión de mutuo acuerdo. Las redes sociales son un altavoz gigante y una manera increíble de promocionar cualquier proyecto, y son necesarias, por supuesto".

La aactríz reconoce su capacidad para conectar las producciones con nuevos públicos a los que quizá sería más difícil alcanzar por otros canales. Sin embargo, no quiere perder de vista la idea de que el trabajo, la preparación y los años de esfuerzo que hay detrás de una carrera interpretativa pesan siempre más que las cifras de seguidores, aunque estas puedan convertirse, en determinados casos, en un impulso para algunos actores.

 

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