La Semana de la Moda de Nueva York respira un aire más sereno esta primavera-verano 2026, y Michael Kors lo ha transformado en un manifiesto de sofisticación natural. Su desfile en el Terminal Warehouse de Manhattan evocó el paso de un invierno urbano a la libertad luminosa de una casa en la playa, fusionando el espíritu del sportswear americano con un deseo de evasión y frescura.

Inspirado por los viajes junto a su marido Lance Le Pere, el diseñador tomó como referencia paisajes de Sicilia, Grecia, Marrakech, Big Sur y Sudáfrica para construir una paleta de tonos cálidos, desde los colores del amanecer hasta los matices más terrosos. La colección juega con contrastes: la rigidez de las chaquetas se disuelve en siluetas suaves como cárdigans, el cuero se convierte en joyería artesanal de carácter contundente, y los flecos decoran bolsos pensados para acompañar a mujeres en movimiento.

La pasarela mostró un concepto claro: comodidad elevada a lujo. Vestidos con paillettes cosidos a mano, conjuntos fluidos con faldas etéreas y pantalones voluminosos, además de caftanes y pareos que reinterpretan la sensualidad sin recurrir a lo obvio. Como subrayó el propio Kors, se trata de una moda “elegante y sensual, nunca encorsetada, pensada para mujeres de todas las edades y tallas”.

El front row reforzó la fuerza global de la firma, con presencias como Gwyneth Paltrow, Ariana DeBose, Olivia Wilde, Suki Waterhouse, Jane Krakowski y Leslie Bibb. Todas, al igual que la clientela fiel de la casa, fueron testigos de cómo Kors logra transformar el glamour urbano en un concepto versátil, donde la sofisticación vuelve a ser palabra clave y la moda se convierte en un viaje.