En su reciente charla con Zane Lowe en Apple Music 1, la cantante alemana Kim Petras —30 años recién cumplidos— volvió a demostrar que la vulnerabilidad también puede ser un acto de poder. Tras el lanzamiento de ‘Feed the Beast’, la artista confiesa que nunca había sentido el peso de las opiniones tan de cerca: “Las canciones ya no son solo mías; ahora pertenecen a todos”, admite, mientras prepara un espectáculo pensado para contar, sobre el escenario, la historia completa del álbum.

El fenómeno global que supuso ‘Unholy’, a dúo con Sam Smith, llegó acompañado de una avalancha de elogios… y de juicios inesperados. “La gente intentó derribar la canción; se asusta de lo que no comprende”, reflexiona. Ver a su amigo y compañero de Grammy enfrentarse al odio la marcó: “Toda mi vida me dijeron que iría al infierno. Así que mostramos el infierno, pero sé que un niño en medio de la nada se sintió comprendido”.

La conversación se vuelve más cruda cuando Petras recuerda su infancia entre psicólogos y hospitales psiquiátricos: “Todos intentaban arreglarme. Encontré la forma de vivir conmigo misma y ser feliz, y eso debería alegrar a cualquiera”. Hoy, el llanto que comparte con jóvenes fans trans le confirma que su lucha trasciende los charts.

Frente a quienes la acusan de “impulsar agendas”, responde con calma pop: “Solo quiero que cada persona descubra cómo ser ella misma. Lo demás depende de ustedes”. Y, mientras avanza en nueva música —versos sueltos de 2014 incluidos—, asegura que la crítica genuina aún la motiva a crecer. Porque si algo ha aprendido en este viaje, es que el objetivo no es alcanzar la cima: es seguir creándola.