Creció entre tres culturas, tres idiomas y tres formas distintas de entender el mundo. Para Anton Antoniadis, actor de raíces rusas y griegas afincado hoy en Madrid, la diversidad no es una etiqueta: es una manera de habitar el arte. “Cuando eres niño, quieres encajar”, reconoce. “Pero crecer entre varias culturas podía ser confuso. Sentía que no era de ningún lado… y lo quería ser”. Con el tiempo, esa búsqueda se convirtió en una ventaja creativa. “Te obliga a estirar el horizonte”, dice. Y lo hizo.
Con apenas 16 años, se mudó a Reino Unido, y un año después pisó por primera vez un escenario gracias a un musical escolar. El papel no estaba destinado a él, pero el azar decidió otra cosa. “Un actor se peleó con el director y me ofrecieron el papel del Argentino. Hablaba español y encajaba. Fue mi primera vez actuando, cantando y bailando”, recuerda entre risas. El montaje ganó el premio al mejor musical. Y aunque parecía anecdótico, allí nació la certeza de que la actuación podía ser su camino.
Tras esa experiencia, dio el salto a la American Academy of Dramatic Arts en Los Ángeles. “Allí entendí la crudeza de esta profesión”, confiesa. “Aprendí que todo el mundo compite por lo mismo y que tenés que trabajar el doble. No hay otra”. Desde entonces, no ha parado.


Sus trabajos en producciones como ‘Warrior Nun’, ‘The Mallorca Files’ o la aclamada ‘La Ruta’ en España le han dado un recorrido amplio, entre narrativas locales e internacionales. Para Anton, ambas tienen su riqueza: “Una serie como ‘La Ruta’ tiene una autenticidad profunda. En cambio, los proyectos globales te dan otra proyección y otra responsabilidad como actor”.
Pero quizá uno de los momentos más surrealistas de su carrera hasta ahora haya sido su participación en ‘The Room Next Door’, la nueva cinta de Pedro Almodóvar junto a Julianne Moore y Tilda Swinton. “Entrar el primer día y sentarme al lado de Julianne en maquillaje fue irreal. Ver a Pedro en el set… una locura”, cuenta. “Por suerte tuve el fin de semana para asimilarlo antes de volver al rodaje. Pero verla trabajar con tanta generosidad fue una gran lección”.
Anton vive actualmente en Madrid y asegura que no tiene un tipo de personaje predilecto. Le interesa, sobre todo, colaborar con artistas que admira. Su foco está en las historias que lo desafíen emocional y culturalmente. “No pienso mucho en el futuro de mi carrera. Solo quiero seguir creciendo, trabajando con gente que me inspire”.
En ‘Bookish’, la serie británica, se adentró en una trama de extremismo político. Aunque su papel fue breve, lo recuerda como un desafío intenso. “Fue un proyecto con mucha exigencia. Todo estaba cuidado al detalle. Me alegra ver que ha tenido tan buena acogida”, señala.
Le preguntamos si siente que su perfil —una mezcla de acentos, culturas y experiencia— tiene hoy más cabida en la industria. “Sí, creo que ha cambiado mucho en los últimos diez años, aunque más en algunos sitios que en otros. Al final, todo depende de las historias que decides contar”. Y él tiene muchas por contar.