Planificar la herencia es uno de los actos más responsables que se pueden hacer por tus seres queridos y por tu patrimonio. Hacerlo con tiempo evita posibles conflictos familiares, reduce los trámites y garantiza una protección financiera.
La importancia de planificar el legado que dejas
La huella que dejamos a lo largo de nuestros años es parte de nuestra herencia que dejaremos, una herencia tanto material como inmaterial. Por ello, es importante dejar ciertos trámites por escrito para evitar quebraderos de cabeza a nuestros seres queridos cuando ya no estemos.
El punto de partida de cualquier planificación hereditaria tras un fallecimiento es el testamento y las últimas voluntades. Sin él, la ley determina quiénes heredan y en qué proporción, siguiendo un orden de prelación que puede no coincidir con los deseos del fallecido.
Con un testamento claro y previamente cerrado, el titular decide cómo se distribuye su patrimonio dentro de los límites que establece el Código Civil, que protege a los herederos forzosos o legitimarios, que son aquellos familiares directos como hijos, cónyuge y, en su caso, ascendientes.
Hacer testamento no es solo para quienes tienen grandes fortunas. Cualquier persona con bienes, cuentas bancarias, un vehículo o una vivienda en propiedad tiene motivos suficientes para tenerlo al día. El coste es reducido y el trámite, ágil: basta con acudir a un notario, que comprobará que la voluntad expresada se ajusta a la normativa vigente.
Además del testamento, conviene registrar las últimas voluntades en el Certificado de Actos de Última Voluntad, dependiente del Ministerio de Justicia. Es un documento acredita si una persona ha concedido testamento y ante qué notario lo ha hecho. De esta forma, los herederos pueden dirigirse al notario autorizante del último testamento y obtener una copia, lo que agiliza considerablemente los trámites posteriores al fallecimiento.
Los imprevistos no avisan. Por eso, planificar la herencia familiar con antelación es la mejor decisión que se puede tomar para proteger a los tuyos. No se trata de anticipar lo peor, sino de tener la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, los tuyos estarán respaldados. Productos como los planes de pensiones o los seguros de vida permiten dejar todo bien atado y garantizar una situación económica estable para quienes más nos importan.
Qué ocurre con los planes de pensiones al fallecer
Los planes de pensiones no forman parte de la masa hereditaria y no tributan por el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Los beneficiarios designados o, en su defecto, los herederos legales, los reciben al margen del testamento y tributan en el IRPF como rendimientos del trabajo. Se pueden rescatar en un solo pago o en forma de renta.
Rescatarlos de golpe puede elevar el tipo marginal hasta el 45% o más según la comunidad autónoma, por lo que hacerlo en forma de renta periódica suele ser fiscalmente más ventajoso. Desde enero de 2025, además, es posible rescatar aportaciones con más de diez años de antigüedad sin necesidad de justificar ninguna contingencia.
El seguro de vida, protección inmediata para los tuyos
El seguro de vida garantiza un respaldo económico ágil a los beneficiarios asignados, que suelen ser los seres queridos. Además al tener un seguro de vida te garantizas que tus deudas se quedan cubiertas y no recaen sobre algún familiar. La suma asegurada está sujeta al Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones si el tomador y el beneficiario son personas distintas.
La principal ventaja de contratar un seguro de vida para dejar parte garantizar un futuro financiero estable a tus familiares cuando ya no estés es la rapidez en la liquidación. Mientras una herencia puede tardar meses en resolverse, el seguro de vida proporciona liquidez de forma casi inmediata para cubrir gastos urgentes o deudas pendientes.
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