El juicio que dilucida las responsabilidades de la operación Kitchen, trama político-policial para espiar al extesorero del Partido Popular (PP) Luis Bárcenas y robarle documentos relacionados con la trama Gürtel, acogía este jueves a dos de los testigos más esperados: Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal. La expectación era máxima, pero las limitaciones previas realizadas en la instrucción de la causa, exculpando a los que fueran presidente y secretaria general de la formación, y las trabas puestas por la jueza de la Audiencia Nacional, Teresa Palacios, han impedido conocer nuevos detalles.
Las protestas que ha emitido la abogada que representa a la acusación del PSOE, Gloria de Pascual, por la labor de la presidenta de la Sala se han multiplicado y la tensión entre la letrada y la jueza ha derivado en enfrentamientos directos entre ambas. “Señoría, las preguntas se las hago a la testigo”, ha llegado a pronunciar Pascual, molesta porque la togada impidiese la formulación de un gran número de cuestiones y llegase incluso a responder alguna en nombre de los citados, buscando reorientar el interrogatorio.
La mayoría de policías, altos mandos y protagonistas directos del espionaje a Bárcenas se han referido, algunos de forma incriminatoria, al que fuera presiente del Gobierno, también conocido como “el barbas” o “el asturiano”, y a la exministra de Defensa, expuesta por los audios públicos en los que hablaba de la “libretita” con el excomisario José Manuel Villarejo. Sin embargo, el acote de la investigación, realizado durante la instrucción del juez Manuel García-Castellón, que se negó a indagar en los indicios que señalaban a Rajoy y rechazó los audios de Cospedal y Villarejo, ha impedido conocer su verdadera implicación.
La jueza Palacios se ha encargado de ello, desestimando la mayoría de las preguntas emitidas por las acusaciones, prohibiendo la visualización de pruebas y la escucha de audios, acotando a su interpretación el interrogatorio y despreciando las protestas de los letrados. Este marco ha permitido que ni Rajoy ni Cospedal tuviesen que responder a ninguna pregunta incomoda y se limitasen a negarlo todo o asegurar no recordarlo, en el caso del primero, o a reconocer solo lo ya conocido, en el caso de la segunda.
Los dos testigos, salvaguardados por la labor de la jueza, se han puesto de acuerdo en negar la existencia de una operación ilegal dirigida desde el Gobierno y el PP, en connivencia con altos cargos policiales, y han coincidido en defender al ministro que fuera ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, principal figura del Ejecutivo de Rajoy imputado en el caso, acción aprovechada por la defensa del encausado, para el que se piden 15 años de cárcel y 33 de inhabilitación para el desempeño de cargo público.
Rajoy defiende la legalidad de la Kitchen
La declaración de Rajoy se ha basado en negar todo aquello que pudiese relacionarle con la trama Kitchen o, en su defecto, alegar haberlo olvidado. Bárcenas le ha acusado durante el desarrollo del juicio de conocer la contabilidad B y de triturar, en su presencia, pruebas que así lo probaban y el principal investigador de la Kitchen le ha identificado como “el barbas”, “el asturiano” y “RAJ”, pero el expresidente ha negado su participación y tener relación con el extesorero.
“Tenía una relación puramente profesional y no ocupaba demasiado tiempo. No era persona de confianza”, ha descrito su relación con Bárcenas, pese a que la existencia de los mensajes de “Luis, sé fuerte” y “hacemos lo que podemos”, que a la jueza no le ha gustado que se referencien, muestran lo contrario. Sobre sus apodos en la trama, ha salido por la tangente y haciendo uso de sus habituales respuestas: “Yo me llamo Mariano Rajoy y luego cada uno me llama como quiere”.
Sobre lo que se investiga, ha negado la destrucción de pruebas de la caja b y ha defendido la trama de espionaje contra Bárcenas, asegurando que la iniciaron los policías por iniciativa propia. “Hubo una operación policial, no política, cuyo objetivo era coger el dinero del señor Bárcenas y averiguar quiénes eran sus testaferros […] Estoy seguro de que esa operación se adecuó totalmente a la legalidad.”, ha trasladado. “Eso era operación policial, ni el ministro, ni el secretario de Estado, ni el presidente están en esas operaciones”, ha buscado salvar a Fernández Díaz.
Cospedal detalla su probada relación con Villarejo
Cospedal ha declarado justo después de Rajoy, no sin antes recibir el recordatorio de la jueza de que podía haber ido acompañada por un abogado y tenía la opción de no contestar, al estar sobreseídas temporalmente las actuaciones que pesaban sobre su persona. García-Castellón impidió que los audios que prueban su relación con Villarejo, en los que queda reflejado que le pide al excomisario que “lo de la libretita sería mejor poderlo parar”, pero la exministra no ha podido negar su relación.
“Conocía al señor Villarejo desde el año 2009. Me lo presenta mi marido porque él tenía interés en conocerme y a mí me pareció bien. Se presenta como policía en excedencia, con empresas y recién condecorado por el entonces ministro del Interior. Durante 10 años, nos reunimos en ocho o nueve ocasiones”, ha expuesto. Si bien ha asegurado que solo le trasladaba “preguntas, no encargos”. La letrada del PSOE le ha preguntado si estas relaciones eran remuneradas, lo que a la jueza le “ha sonado fatal” y la ex secretaria general del PP ha negado.
Cospedal ha reducido a la mínima expresión su relación con Bárcenas, "salvo una conversación a mitad de 2009, mientras fue tesorero”, y con el que fuera secretario de Energía e imputado, “muy escasa” y “una vez en mi despacho” por temas relacionados con el PP. Sobre Fernández Díaz sí que ha querido posicionarse claramente. “Coincidíamos y siempre le he tenido por una persona íntegra y recta y que ha sufrido mucho”, ha defendido también al exministro, cerrando otro interrogatorio capado y del que no se han extraído conclusiones nuevas.
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