Un equipo liderado por el oncólogo Antonio Pérez Martínez y el cirujano Franciso Hernández-Oliveros, del Hospital Universitario La Paz, ha conseguido llevar a cabo con éxito una técnica de trasplantes mediante la cual los pacientes admiten los órganos como propios y no requieren la agresiva medicación inmunosupresora de por vida, según informa elDiario.es.
Hay que remontarse a 2020, cuando dos pacientes -Yassine y Nora- habían experimentado una serie de trasplantes con sus consecuentes rechazos. Al primero, un adolescente de 15 años, le había fallado su segundo trasplante completo de vísceras y su vida corría peligro; mientras que, a ella, de 49 años, le había fallado su tercer implante de riñón y sufría una situación especialmente delicada.
En 2026 los dos están sanos gracias al trasplante realizado con la técnica que forma parte del del proyecto OneTrasplant4Life ; una forma de proceder que no genera rechazo y les puede durar para siempre.
En qué consiste la técnica
En esta técnica, además de tomar el órgano del donante, el equipo extrae célula madre de su médula ósea o de su sangre para crear un cóctel inmunológico que se administra en los meses siguientes mediante una muy dificultosa técnica de depuración. El resultado es que el cuerpo del paciente termina reconociendo el órgano como propio.
Pormenorizado, se trata de una suerte de 'doble trasplante' con pasaporte inmunológico que se desarrolla, primero de todo, extrayendo el órgano y la médula ósea del donante. Después, se filtran las células de la médula en el laboratorio y se elabora un cóctel celular que se infunde en los meses posteriores al receptor para que, en última instancia, las células actúen como pasaporte inmunitario que enseña al cuerpo a reconocer el órgano como propio.
La Organización Nacional de Trasplantes (ONT), que ha apoyado este proyecto desde el principio, apoyan que haya dado resultados. Explican al medio señalado que se trata de una técnica que, de verificarse, podría “cambiar radicalmente” la vida de las personas que necesitas un trasplante. Exponen que todos los órganos tienen una duración limitada, con lo que muchos pacientes necesitan más de un trasplante, a veces dos y hasta tres, lo cual resulta en ocasiones dramático, sobre todo para los niños.
El secreto de la nueva forma de operar reside en las células madre hematopoyéticas del donante, que son las encargadas de fabricar y regenerar toda nuestra sangre y defensas. Estas se extraen de su médula ósea o de la sangre y se filtran en el laboratorio para eliminar los linfocitos T inexpertos que habrían reconocido los tejidos del receptor como enemigos.
El proceso conserva intactas las células madre, que educan a los linfocitos de la persona que va a recibir el trasplante para que ignore el nuevo órgano, y las de memoria, que promueven que el paciente siga protegiendo frente a infecciones externas. Los doctores protagonistas de esta historia, analizaron la sangre de los dos pacientes y vieron que sus defensas ignoraban por completo los nuevos órganos, pero continuaban reaccionando con toda la fuerza ante amenazas externas.
Intrahistoria del hito
La intrahistoria de este éxito tiene una parte laboral y otra estrictamente personal. El doctor Antonio Pérez-Martínez trabaja con trasplantes de médula en niños del mencionado centros hospitalario. En lo personal, el médico perdió a su padre en 2009 debido a un tumor provocado por la inmunosupresión crónica tras un trasplante de hígado, según cuenta al periódico mencionado. Ello le llevó a plantearse que, si en los niños con trasplante de médula podrían retirar la inmunosupresión, podrían hacer lo propio en los de órgano sólido.
Pérez-Martínez había hecho su tesis sobre el trabajo de la investigadora Megan Sykes, quien había recuperado la idea de inducir la tolerancia a partir de la exposición temprana a células de otro individuo, lo que se conoce como el quimerismo mixto transitorio.
Fue a partir de la década de los 80 y de los 90 que Sam Strober, de la Universidad de Stanford, demostró la viabilidad de este proceso en trasplantes renales, y Sykes aplicó el concepto al intestino.
Ahora, el equipo de Pérez Martínez ha conseguido esa tolerancia hasta en cinco órganos a la vez, de donante fallecido, sin ninguna incompatibilidad genética y con su propio “cóctel”, dicho de forma sencilla, personalizado. Los avances que se han logrado, demostrados en la intervención a los dos pacientes, son “impresionantes”, en palabras de la ONT.
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