La gestión del Papa León XVI durante su visita a España a la hora de escuchar y atender las peticiones de víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia no está dejando precisamente una imagen de transparencia. Al menos, a ojos de las propias víctimas, o de una buena parte de ellas, el trato que han recibido ha sido insuficiente o, directamente, nulo.

En su estancia en Madrid, concretamente el pasado 8 de junio, el Pontífice se reunía con seis víctimas de pederastia. Fuentes del Vaticano informaron a los medios de comunicación de que durante el encuentro su Santidad hizo caso de sus propuestas y se comprometió a que la Iglesia fuera un lugar completamente seguro.

Fuentes cercanas de la organización de la reunión señalaron a Europa Press que la mayoría de las víctimas procedían de las atendidas por el Defensor del Pueblo, así como del Proyecto Repara del Arzobispado de Madrid y de la Conferencia Episcopal Española. Independientemente de la procedencia concreta de las personas atendidas por el máximo responsable eclesiástico, quedaron fuera víctimas de asociaciones como Infancia Robada o Reparación Integral YA.

Ese mismo día, frente a la Nunciatura estuvieron representantes de estos espacios, como Juan Cuatrecasas, presidente de la primera asociación nacional y padre de una víctima, o José Luis Velasco, presidente del mismo colectivo en Madrid. A ellos los acompañaron afectados por el ‘caso Alborada’ de Alcalá de Henares.

Asimismo, Miguel Hurtado, portavoz de Reparación Integral YA, primer denunciante de abusos sexuales en la Abadia de Montserrat y muy activo durante la visita del Papa a España, protagonizó un encuentro ficticio con Su Santidad en señal de protesta.

Este último, como una de las personas que ha liderado históricamente la lucha contra la lacra que denuncia, ha estado muy activo en los últimos días, también coincidiendo con la visita de León XIV a la Abadía, donde el Papa ha estado igualmente esta semana sin mencionar los casos de pederastia.

“Ninguneados”

ElPlural.com ha hablado con todos ellos para conocer de primera mano su opinión de aquella reunión o algunas de sus reclamaciones, aunque se trate de asociaciones diferentes. Qué hubieran planteado al Papa si se hubiera sentado con ellos.

Lo primero que deja claro Juan Cuatrecasas es que “no querían estar para una foto”, sino para “transmitir una serie de puntos” que, por otro lado, “han trasladado mil veces” a la propia Conferencia Episcopal, al Gobierno de España o a la Comisión Pontificia para la Protección de Menores según indica en declaraciones a este periódico.

Así, se refiere a un “decálogo de medidas”. “(…) Que ponga como prioridad el interés superior de la infancia, que cumpla con las medidas de nuestro decálogo, porque creemos que no pedimos nada extraordinario. Y que la Iglesia de la cara de una vez”, expone, aseverando que la institución ha estado “durante muchas décadas encubriendo estos delitos contra la infancia”: “Que levanten de una vez las alfombras y sacudan el polvo”.

A su juicio, “es una vergüenza que el Papa León venga a España y, bien sea por su propia voluntad o por lo que le han dicho, no esté con las asociaciones”. “Hemos hecho un largo recorrido y colaborando en instituciones muy importantes”, asegura, entre las que menciona el Congreso de los Diputados, el Parlamento Europeo o algunas propias de la Iglesia.

A pesar de ello, reprocha que a día de hoy tienen que ver “cómo se nos ningunea, se nos desprecia y se pone en duda lo que estamos haciendo”. “Nosotros ponemos en duda (a ellos), con testimonios de víctimas que han salido maltratadas del Plan Repara como del plan PRIVA (de Reparación Integral a Víctimas de Abusos)”.

“Se nos dice que ya hemos estado antes con el Papa, y no hemos estado nunca”, desmiente. Lo mismo hace con las informaciones que apuntan a que su hijo ha tenido un trato personalizado con el Papa Francisco. “Es mentira, mi hijo estuvo en un documental de Jordi Évole con varios jóvenes, y mi hijo no ha tenido ningún trato personalizado (…) El Vaticano ha hecho con el caso una auténtica escabechina en la que se ha limitado, después de meses, a decir que el Opus Dei tenía que expulsar al pederasta de mi hijo de sus filas”, relata.

Cuatrecasas lamenta que “todo esto forma parte del argumentario de ridículos y astracanadas que está haciendo la Iglesia Católica”. “En España es peor porque nos reunimos con la ejecutiva que presidía Argüello (Luis), antes habíamos estado tres veces reunidos con (Ricardo) Blázquez, Omella (Juan José) y Argüello -en definitiva, con la Conferencia Episcopal- y te escuchan, te someten a un monólogo y te dan palmaditas en la espalda, pero por detrás hacen lo que les da la gana”. Así, denuncia que la Iglesia está “revictimizando a sus víctimas” con planes que realmente, sostiene, no las atiende.

“Es la gestión estándar del Vaticano con estas reuniones (…) Pero en España les ha salido mal”

Por su parte, Velasco define la reunión como un “Juan Palomo” con cierto tono de sorna. “Creo que al tener una opinión sesgada no sabe qué hace la cúpula de la Iglesia (…) No es tanto el Papa o el cardenal, sino quién organiza el evento”.

Comprensivo con que los “tiempos son limitados y la agenda papal apretada”, echa en falta esa escucha, a la vez que destaca que en “en octubre o por ahí dicen que podrían recibirnos en el Vaticano”. “Están preparando un informe para el Papa después de que les lleváramos el informe del Defensor del Pueblo en diciembre”, nos cuenta, con la férrea convicción de que “la Iglesia en España tiene que dar pasos para hacer cambios”.

A ambos los acompañaron el pasado lunes frente a la Nunciatura víctimas del ‘caso Alborada’. Además de que emitieron un comunicado con esta cuestión, una de ellas mantiene en conversación con este periódico que las personas que atendió León XIV fueron “elegidas a dedo” y “de perfil bajo”. “Son víctimas, pero no dan guerra, no son incómodas”, dice.

En última instancia, Hurtado coincide con que el clero “no quiere voces críticas que pongan encima de la mesa la pésima gestión de los casos que han hecho los obispos”. “Sobre todo, no les gustan las voces críticas con un perfil público”, afina.

El primer denunciante de pederastia en la Abadía de Montserrat desarrolla que “no querían que después de la reunión hubiera una rueda de prensa en la que dijeran que habían trasladado al Papa que tenía que cesar a obispos que fuesen encubridores, o denunciar todos los casos a la justicia civil. Y luego que el Papa explicara si se había comprometido a emprender esas reformas o no”.

Con todo, Hurtado sostiene que este tipo de encuentro es el “habitual” cuando el pontífice acude a otras partes del mundo, el cual resume como un “lavado de cara”; una “estrategia de márketing”. “Es la gestión estándar que el Vaticano suele hacer de estas reuniones”, incide, si bien considera que en España les “salió mal”.

“La presión de los activistas provocó que el Papa tuviera que anunciar públicamente que se reunía con las víctimas. Todos los periodistas empezaron a llamar para saber si nos reuníamos o no y ninguno de los activistas de referencia, ni de las víctimas que habían denunciado públicamente, habían sido invitadas”, detalla. “Se generó un vacío informativo que se ha llenado con la disconformidad”.

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