Las formas de consumir cambian al mismo ritmo que lo hace el entorno social. En los últimos años, distintos factores han modificado estos comportamientos hasta el punto de que el 56% de los españoles reconoce que compra productos sin una necesidad real, según la VI edición de “La Red del Cambio”, el informe elaborado por Wallapop.
De hecho, en este informe siete de cada diez españoles han confesado haber realizado alguna compra tras momentos de estrés o frustración como forma de autopremio; y el 53% reconoce que también compra en momentos de aburrimiento.
En todo caso el efecto positivo de estas compras no planificadas no siempre es el esperado: así, el 60% de los consumidores no experimenta ninguna sensación especial; mientras que un 16% reconoce sentir angustia y sólo un 23% afirma sentirse satisfecho.
Y ante estas compras que finalmente no han satisfecho nuestra necesidad, son muchas las personas que encuentran en la segunda mano como una forma de dar una nueva vida a aquellos productos comprados fruto de una mala decisión o que ya no nos sirve pero que se puede seguir consumiendo.
También es una buena forma de conseguir ganar dinero y, por tanto, recuperar gran parte del dinero invertido. De hecho, según los datos del estudio, cada persona puede generar de media 1.112 euros al año con este tipo de prácticas.
En cuanto a las personas que consumen segunda mano, también es una buena forma de comprar productos que necesitan pero cuyo precio nuevo en el mercado es demasiado caro.
Menos impacto ambiental y más reutilización
El mercado de segunda mano no solo tiene efectos positivos en el bolsillo de los consumidores sino también tiene efectos en el entorno. En 2025, el uso de productos reutilizados evitó la emisión de 473.000 toneladas de CO2, según datos del mencionado estudio.
Pol Fàbrega, responsable de sostenibilidad en Wallapop, explica que “la segunda mano es una alternativa real para el mercado español, que ya es una realidad cotidiana en España. De hecho, el 87% de las personas cree que mantendrá o aumentará su consumo de productos reutilizados en los próximos años. Por tanto, no es solo una alternativa económica, sino una forma distinta de entender el consumo y, cada vez más, la respuesta lógica a un modelo que exige más de lo que ofrece”.
En la misma línea, el periodista y analista Emilio Dómenech señala que “la segunda mano puede ser una vía para liberar espacio físico y mental, dando nueva vida a lo que ya no usamos. Pero para que funcione, primero hay que ser conscientes de lo que acumulamos y hacer que actuar en consecuencia sea fácil: el reto es que lo circular sea tan accesible y rápido como lo lineal, sin que hacer lo correcto suponga un esfuerzo”.