“La Transición no fue ni idílica ni modélica como siempre nos han querido contar las instituciones. La Transición fue sangrienta”, ha asegurado Olga Gutiérrez del Colectivo por los Olvidados de dicho período en el acto 50 años en libertad. Derechos Conquistados, democracia en juego organizado este jueves por ElPlural.com en la Casa de la Música de Fuenlabrada. Gutiérrez ha sido una de las participantes de la mesa de diálogo Memorialistas sobre la represión franquista y la memoria democrática moderada por la analista política Sarah Santaolalla, la cual también ha contado con Javier Almazán, miembro de la misma asociación formada por familiares de víctimas de la etapa que comprende los años entre el fin de la dictadura y el inicio de la democracia y con el periodista Juan Luis Valenzuela. 

A lo largo del diálogo moderado por Santaolalla, el más testimonial del evento, sus participantes han podido compartir sus duras experiencias relacionadas la represión que han sufrido quienes no comulgaban con las ideas del franquismo tanto durante la dictadura como posteriormente, incluyendo el período transitorio entre el régimen y la democracia. En este sentido, Gutiérrez y Almázan, como miembros del Colectivo por los Olvidados de la Transición (COT), han aportado la visión de las familias de jóvenes asesinados durante esta etapa, historias a menudo invisibilizadas por el relato que defiende que dicho período fue una etapa pacífica y modélica. 

Gutiérrez ha reivindicado que esto no fue así, remarcando que hay al menos 300 víctimas asesinadas por fuerzas de seguridad estatales o grupos de extrema derecha durante esta breve etapa. Una cifra que no ha sido oficializada debido a que, como señala Gutiérrez, no existe un censo al respecto.  Entre las víctimas de la Transición, se encuentra el cuñado de Gutiérrez, Arturo Ruiz, un estudiante militante de izquierdas que fue asesinado el 23 de enero de 1977 en Madrid durante una manifestación a favor de la amnistía para los presos políticos del franquismo. 

Fue justamente el trabajo que realizó el hermano de Arturo Ruiz, Manuel Ruiz, en la búsqueda de justicia uno de los motivos por los cuales nació el Colectivo por los Olvidados de la Transición. Sin embargo, como detalla Gutiérrez, a pesar de los intentos de la familia de que se reabra el caso, el último presentando un recurso de súplica a la Audiencia Nacional a raíz de la reciente ley de memoria democrática, la justicia sigue sin aceptar su reapertura. 

Según la integrante del COT, dos de los tres jueces de la Audiencia Nacional que se encargaron del recurso, se opusieron a la reapertura del caso, alegando que no estaba demostrado que el asesinato tuviera que ver con la dictadura pese a haberse producido por manifestarse a favor de la liberación de los presos políticos del franquismo. Un hecho que para Gutiérrez demuestra que el franquismo sigue vivo dentro de la justicia. “La judicatura no hizo la transición. Siguen siendo los mismos”, ha afirmado. 

El relato de Arturo Ruiz ejemplifica la historia de muchos otros asesinados durante la transición, como es el caso de Ángel, el hermano de Javier Almazán, que murió con tan solo 18 años el 20 de diciembre de 1976 al recibir una paliza policial por participar en una manifestación en Madrid contra la reforma política que había sido votada en un referéndum el mismo día. “Hay gente que habla de gatillo fácil, de exceso policial. No. Esto estaba alentado. Había que reprimir con cualquier miedo la disidencia y eso traía algunas veces resultados de muerte”, ha apuntado Almazán. 

Asimismo, Almazán recuerda que ni se reprimió a “los grupos de extrema derecha que mataban a sus anchas” ni se suspendió durante un solo día a los policías por los asesinatos cometidos durante la Transición. Según el miembro del COT, “los juicios fueron una farsa” y los crímenes formaban parte de “un plan establecido de represión”. “Estamos hablando de delitos de lesa humanidad imprescriptibles que merecen ser juzgados e investigados. Lo único que queremos es conocer hasta el último detalle de la verdad”, ha manifestado. 

La historia del hermano de Almazán es uno de los relatos de jóvenes asesinados por cuerpos policiales o grupos de extrema derecha durante la Transicion que el COT, formados por familiares de víctimas, lucha por dar a conocer. De hecho, el colectivo nace en buena parte a raíz del trabajo de Manuel Ruiz en la búsqueda de justicia para su hermano pequeño, Arturo Ruiz, un estudiante militante de izquierdas que fue asesinado el 23 de enero de 1977 en Madrid durante una manifestación a favor de la amnistía para los presos políticos del franquismo. 

Durante el diálogo, el periodista Juan Luis Valenzuela, quien lleva más de dos décadas investigando y escribiendo sobre memoria histórica, ha destacado que “la factura de la democracia” (como se titula su más reciente libro) es algo que todavía se está pagando España debido a que en la transición “hubo que dejar temas pendientes que hoy en un trabajo omnímodo se están recuperando” y ha subrayado que esta “implica que todavía hay muchas miles de personas asesinadas por sus ideales en fosas comunes y en cunetas”. 

“La factura de la democracia significa que como aquí no hubo un juicio de Nuremberg. No hubo una Comisión de la Verdad como en Argentina porque hubo lapas que se quedaron adheridas”, ha sostenido Valenzuela, que ha asegurado que actualmente se están viendo los resultados en determinados espacios como las fuerzas de seguridad y la judicatura. “Hicieron que se generase un franquismo sociólogico”, ha defendido.

En el marco de su estudio sobre el franquismo y la transición, Valenzuela publicó en el año 2023 el libro La factura de la democracia (Punto Rojo Libros), en el cual aborda algunos casos extremos de represión franquista desde el golpe de Estado de 1936 hasta los últimos años de la dictadura. Asimismo, explica cómo, posteriormente, los intentos de reescribir la historia falsamente mediante la posverdad han conseguido calar en algunos sectores de la población, instituciones y discursos políticos, incluso más allá de la extrema derecha. 

En este sentido, La factura de la democracia también trata las renuncias y concesiones que se aceptaron en la Transición, las cuales han permitido que el relato franquista siga enquistado en una parte de la sociedad. El libro busca confrontar esta realidad y visibilizar el sufrimiento de las víctimas del franquismo, profundizando en historias como la búsqueda de miles de personas asesinadas en fosas comunes y cunetas, la doble represión que sufrieron las mujeres, el exilio o el genocidio de la Desbandá, que es como se conoce a la masacre que el bando franquista llevó a cabo en 1937 en Málaga contra miles de civiles que intentaban huir a Almería.

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