La Puerta del Sol de Madrid, que el pasado sábado se llenaba de banderas venezolanas en apoyo a María Corina Machado, fue también el escenario de un episodio que ha manchado la imagen pública de uno de los artistas más internacionales de Venezuela: Carlos Baute. Lo que debía ser una jornada de reivindicación democrática se vio empañada cuando el cantante, micrófono en mano, alentó a la multitud al grito de "¡Fuera la mona!", en clara referencia a la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez. Tras una oleada de críticas que ha escalado hasta instancias diplomáticas, Baute ha roto su silencio en Instagram. Sin embargo, su "disculpa" ha dejado un sabor agridulce.
En su mensaje, Baute ha apelado a su fe en Dios, a su amor por la familia y a su trayectoria cantándole al amor. No obstante, el texto ha parecido más una reafirmación de su identidad política que un ejercicio de contrición.
"Soy fiel creyente de que hacer las cosas bien es lo que te permite tener una vida plena. Hoy es un día para reafirmar quién soy y los valores con los que he vivido siempre. Toda la vida le he cantado al amor, a la vida y a la unión. No soy racista. Soy un cantante que ama a su país, a su familia y a Dios", ha comentado el cantante en su cuenta de Instagram
Al afirmar que ha reiterado sus disculpas "por las formas, pero no por mis valores ni por lo que represento", el artista ha establecido una peligrosa distinción.
Calificar de "mona" a una mujer —independientemente de su gestión política o su ideología— no es un error de protocolo; es, como bien ha señalado la Embajada de Venezuela en España, un acto de deshumanización que choca frontalmente con los derechos humanos.
Baute ha justificado su comportamiento diciendo que se dejó llevar por la "emoción de un momento muy fuerte". Esta excusa ha resultado insuficiente para una figura pública con décadas de experiencia frente a las masas. El uso de términos racistas alimenta una polarización tóxica que Venezuela lleva años sufriendo. El cantante ha insistido en que "no cree en el insulto como camino", pero sus actos en la Plaza del Sol dijeron lo contrario.
La diplomacia y el rechazo unánime
La gravedad del asunto ha obligado a la Embajada de Venezuela a emitir un comunicado oficial pidiendo disculpas: "Esta Embajada expresa sus más sinceras disculpas al pueblo de España, que conoce en su propia historia el horror del fascismo y de los crímenes de odio". La embajadora Gladys Gutiérrez ha sido tajante: califica lo ocurrido como "violencia política basada en misoginia y racismo".
Incluso dentro de las filas de la oposición, el calificativo ha causado incomodidad. La propia María Corina Machado se ha desmarcado de tales expresiones, entendiendo que la lucha por una "Venezuela libre" no puede construirse sobre los cimientos del racismo que tanto se critica en otros contextos.
La embajada ha condenado con especial énfasis que los comentarios estuvieran dirigidos contra una mujer, al considerar que constituyen una manifestación de violencia política basada en el racismo y la misoginia. En el comunicado, Venezuela rechaza de forma tajante lo ocurrido y ha reafirmado que sus mujeres, en tanto figuras históricas y políticas, no deben ni serán blanco de discursos de odio, sin importar su procedencia.