Alba y Lidia, del podcast Solas en casa, han decidido hacer visionado de las películas de 50 Sombras de Grey y dedicar un episodio a cada una de ellas para comentar con pelos y señales este despropósito de saga y regalarnos momentos bien divertidos. Hoy toca hablar de 50 sombras más oscuras.
Si ya era difícil sostener la primera película, al menos esa tenía un cierre digno con Anastasia rechazando a Christian y las puertas de un ascensor cerrándose y separándoles “para siempre”. Hay que reconocer que si toda esta historia hubiese acabado con esa escena, otro gallo cantaría. Pero no, Erika Leonard Mitchell (que así se llama la autora) decidió torturarnos con dos novelas más y, por consiguiente, dos películas más.
Esta segunda entrega, dirigida por James Foley, es aún más soporífera y descabellada, si es que eso era posible. Cuesta imaginar por qué alguien como Dakota Jonhson quiso protagonizar unas películas que reducían a la mujer a alguien sin demasiado criterio, manipulable y dependiente, pero aún se hace más duro verla competir en pantalla con Kim Basinger por ese cacho de carne sin demasiadas luces llamado Christian Grey. Es casi comprensible que Jamie Dornan acepara representar a ese psicópata manipulador, pues, a fin de cuentas, poco se puede esperar de un hombre, y suponemos que dar vida a Christian Grey representa todo lo que la mayoría de hombres heterosexuales aspiran a ser junto a la idea de tener su propio Mojo Dojo Casa House. Pero seguimos sin comprender muy bien por qué cualquier actriz querría dar vida a personajes femeninos tan mal construidos.
Dejando de lado el hecho de que Anastasia comienza ya en esta segunda parte a disfrutar de ser el perrito faldero de Christian y a dejar de preocuparse por su seguridad física y psicológica, aquí ya empiezan a entran unos jueguecitos mentales que dan bastante miedo. Porque eso es lo más peligroso de esta saga, disfrazar la manipulación psicológica de “amor”. Terrible… Y no olvidemos algo que todas sabemos con certeza, tanto en una dirección como en otra, ninguna de estas dos personas estaría “enamorada” de la otra si no fuese porque literalmente son guapos y tienen un buen cuerpo. Todo el mundo sabe que Christian no se molestaría en conocer a ninguna mujer que no tuviese una talla de modelo de Victoria Secret y un rostro cincelado por los dioses. Y es más que evidente que Anastasia no toleraría las cosas que tolera de él si Christian fuese calvo y estuviese fondón. Y eso es quizá lo más horrible de todo eso.
Más de diez años después del estreno de la primera película y casi diez años de la segunda, seguimos sin resolver el misterio de por qué Anastasia no salió huyendo y se cambió de país y por qué (como sigue sucediendo con otras sagas similares) estos libros y estás películas tuvieron tanto éxito. Sólo deseamos, de corazón, que haya sido por el mero hecho de leer o ver una historia que es salseante, criticable y, sobre todo, entretenida, y no porque de verdad la gente vea en ello una gran historia de amor…
En este nuevo episodio de Solas en casa, Alba Pino y Lidia Fernández Galiana desgranan, desde el humor, plano a plano la película de 50 Sombras más oscuras y se quedan bien a gusto hablando sobre Christian y Anastasia. ¡No te lo pierdas!