Mucho antes de que la ostentación, el bling-bling y las influencias estadounidenses dominaran el rap español, Madrid Pimps ya recorría ese camino. A lo largo de una conversación con Revista Bando en el corazón de Tetuán, Trad Montana repasa los orígenes del colectivo, su obsesión por el sonido de Houston, la evolución de su barrio, las guerras de egos del rap nacional y por qué cree que su generación llegó una o dos décadas antes de tiempo.
P: Me gustaría saber qué pasó para que unos raperos como vosotros aparecieran en un barrio tan castizo como Tetuán.
R: Nuestra generación ya no escuchaba rap español. Yo escuché CPV en su momento, pero llegó un punto en el que solo poníamos rap americano. Nos obsesionamos con esa escena, con la música y hasta con la forma de vestir. Además, coincidió con la llegada de muchos dominicanos y filipinos al barrio, que también trajeron influencias nuevas. Con el dinero que íbamos sacando de los trabajos que hacíamos un día dijimos: "¿Y si nos vamos a Houston?". Y nos fuimos. Debió de ser en 2000 o 2001. Allí todavía nadie era una estrella y toda la peña te acogía de puta madre. Íbamos a la tienda de DJ Screw y flipaban con que hubiéramos venido desde España. El dueño de la tienda de Bigtyme Recordz nos decía que conocíamos grupos que ni él mismo conocía. Éramos unos putos taraos.
P: ¿Cómo se descubre la música en un mundo pre internet?
R: Teníamos a Ramón, de ADN, que era un auténtico enfermo de la música del sur. En la discoteca Ben y Ben, ya en el 92, sonaban discos de allí. Además, en Madrid había tres tiendas donde estos pibes se dejaban un dineral todos los meses. Recuerdo que en aquella época te comprabas un CD y te mirabas hasta quién hacía los coros. Luego ese mismo nombre aparecía en otro disco y empezabas a relacionarlo todo. Era otra forma de escuchar música. De vez en cuando también llegaban revistas como The Source o Murder Dog, y era así como te culturizabas. Había mucho trabajo detrás y mucho estudio.
P: La gente en Madrid fliparía con vuestras pintas.
R: Yo vengo de la peña de los Hermanos Herméticos, que representaban el rap de Madrid de aquella época: gente que vestía normal, con una influencia muy francesa y muy española. El cambio llegó cuando Kami volvió del Bronx. Ahí empezabas a ver que los CPV iban todo de negro, con ropa súper ancha, y eran unos tíos que se dedicaban a dar palizas a nazis. Por entonces, el rap empezó a tomarse de otra manera. Aunque ahora seamos unos viejos, nosotros fuimos la New School. Íbamos con camisetas 3XL y unos pantalones enormes. La peña alucinaba. Al principio te hacían el típico gesto de "rapero" y se descojonaban de tus pantalones, tu gorra o los cascos.
P: Actuar así requiere bastante personalidad.
R: Ahora todo el mundo quiere ser igual que todo el mundo, pero nosotros queríamos ser distintos. Si eras heavy o rocker, buscabas llevar algo que nadie más tuviera. Ibas a un garito y lo último que querías era encontrarte a otro vestido como tú. Recuerdo cuando abrió Lifestyle, en la calle Fuencarral. La llevaban un par de hermanos alemanes que traían marcas muy guapas. Antes ya había cosas en Galerías Preciados, como Cross Colours, aquellos pantalones rojos que eran horribles. Al principio muchos llevábamos los pantalones de nuestros padres para que quedaran anchos. Luego los skaters de Colón trajeron esa moda de vestir con colores súper cantosos y marcas como Náutica. Después apareció Chirie Vegas, que es otro auténtico enfermo de la moda. Yo aprovechaba los viajes a Houston o Nueva York para traerme ropa de Tommy Hilfiger y Polo Ralph Lauren, porque allí estaba tirada de precio: una camiseta te podía costar 15 o 20 dólares.
P: Creo que no se le da la suficiente importancia al desarrollo de la moda en aquel momento.
R: En Madrid se acabó creando un movimiento de gente que vestía muy diferente. La peña de La Conecta o Joka llevaban un rollo más francés, mientras que nosotros tirábamos mucho más hacia la estética del sur de Estados Unidos. Dentro del rap madrileño aquello se entendió y se aceptó, pero en el resto de España no tanto. Los Madrid Pimps conseguimos que la gente supiera quiénes éramos solo por las pintas. Me escribían por Messenger diciéndome: "Te he visto por Fuencarral", simplemente porque iba vestido entero de rosa. Era una forma de diferenciarnos y, también, una rebeldía contra lo que había antes. Al final, el ser humano siempre se rebela contra sus padres artísticos. Por ejemplo, CPV iba todo de negro y nosotros queríamos romper con eso y llevarlo un paso más allá.
P: Los relevos generacionales son siempre conflictivos.
R: De nuestra generación a la siguiente no hubo un relevo claro ya que en aquel momento nosotros éramos los raros y había mucha resistencia. Nunca nos han dado feedback. Recuerdo que hubo gente que llegó a negarse a tocar en festivales si Madrid Pimps estaba en el cartel. Eso te da una idea de lo que representábamos entonces.
P: ¿Por?
R: Me imagino que era por la ostentación o por hablar de dinero. Había quien decía que si íbamos a algun festi, ellos no tocaban. Con el paso de los años muchos me han pedido disculpas. Recuerdo una vez que una tía que hacía música decía que "ni de coña" iba a escuchar a unos tíos que salían con un Cadillac en la portada, sin saber que estaba hablando conmigo. Luego la vi bailando uno de nuestros temas.
P: Años después, la ostentación ha tenido un gran impacto en la música. Pienso en el trap.
R: El tiempo nos ha dado la razón. Nosotros rompimos una puerta y la peña no lo aceptó. Querían rap español, nada extranjero. Quizás no fuera el momento adecuado.
P: ¿Crees que os faltó capacidad de cooperación entre raperos?
R: Yo intenté que MMO (Madrid Más Odiados) fuera un movimiento de toda la peña de Madrid, pero los egos lo hacen muy complicado. Siempre me ha gustado colaborar y juntar a la gente. En mis discos han salido Nasta, cuando todavía era Pablito Queroseno, Joka, Mitsu o Duo Kie. Recuerdo que cuando hice un tema con SFDK, hubo mucha gente que dejó de hablarme. Me llamaron vendido por colaborar con ellos.
P: No fastidies. ¿Y eso?
R: Me los presentaron y fui un estúpido. Les dije a Zatu y a Acción Sánchez que su música me parecía una mierda. Luego los conocí de verdad y descubrí que Óscar es un auténtico enfermo de la música, que controla muchísimo de Houston, y que Zatu tiene un talento enorme. A día de hoy tengo muy buena relación con los dos. Con Carmona pasa algo parecido. Es mi cuñado y, aunque mucha gente decía que nos llevábamos mal porque cada uno estaba en un grupo distinto, la realidad es que siempre hemos tenido buena relación. La peña siempre busca enfrentamientos y que no te lleves bien con los demás.
P: ¿Crees que ahora no pasa?
R: Ahora los chavales escuchan de todo. Seguirá habiendo beefs y movidas, pero ya no es como antes. Han entendido que no hace falta quitarse a nadie de en medio para crecer. Si nos juntamos, colaboramos y compartimos público, al final ganamos todos. Si ahora viene un chaval al que le mola mi música y me pregunta por SFDK, y yo le digo que son unos toyacos, lo único que voy a conseguir es que él y sus colegas piensen lo mismo. Y eso, al final, es hacer daño de froma innecesaria.
P: Siempre fardastéis de lujo, pero al mismo tiempo reivindicas el arte por el arte.
R: Nosotros fuimos los primeros en hablar de pasta y nos pusieron a parir por ello. Claro que quiero ganar dinero. La suerte es que te paguen por hacer lo que te gusta. El problema es cuando el único objetivo es la fama o la pasta. En una discográfica llegaron a decirme que mis estribillos eran demasiado largos para TikTok, que tenían que durar 18 segundos. Les dije que me sudaba la polla. El éxito tiene que ser una consecuencia, no un fin. Mi hijo me cuenta que hay gente que entra al estudio, pone el Top 50 de reguetón y copia los beats. Si tu única obsesión es el éxito, acabas viviendo un infierno. Por eso también hay tantos chavales con depresiones. El algoritmo te puede joder la vida.
P: ¿A ti te afectan las críticas?
R: A veces duelen, pero si me criticas por ir de "americano", yo te diré que, si juegas al baloncesto, quieres ser como Jordan. Al principio todos copiamos a quien más nos flipa. Eso es normal. El problema de ahora es que hay mucha copia de la copia. Nosotros teníamos una obsesión: no sonar a nadie de aquí. Si hacías un tema y veías que sonaba un poco a Carmona, te jodías y seguías buscando hasta encontrar tu propia personalidad.
P: Me interesa tu reflexión sobre la evolución que ha experimentado Madrid y en concreto Tetuán.
R: Nací en Chamberí y viví en Argüelles hasta los 16 años. Despúes mis padres compraron una casa en Tetuán y nos vinimos aquí, yo ya conocía el barrio. Recuerdo que empezó a llegar de fuera. Primero los dominicanos, que no se juntaban con nadie. Con nosotros sí, porque nosotros éramos unos personajes, pero en general no se mezclaban mucho con los españoles. Después llegó también toda la movida de la mezquita de Tetuán. Aquello creció muchísimo y se convirtió en la segunda mezquita más grande de Madrid. El barrio se llenó de marroquíes y hubo un momento de mucho ruido, mucha tensión y mucha violencia. También había muchísimo racismo contra los marroquíes.
P: Para que digan de ahora.
R: Encima, al mismo tiempo que aumentaba la delincuencia entre algunos grupos de chavales marroquíes, aparecieron las primeras bandas latinas. Llegaron los Latin Kings y los DDP, que fueron los primeros en asentarse aquí; luego ya vendrían los demás. Ellos se movían sobre todo por Cuatro Caminos y, en aquella época, no tenían problemas con los marroquíes. Por otra parte había una colonia filipina muy potente entre Tetuán y Estrecho, al otro lado de Bravo Murillo, que sigue estando hoy en día, y también una comunidad china importante. Ahí es cuando el barrio termina convirtiéndose en un sitio completamente multicultural. Luego llegaría la gentrificación.
P: Que está en auge ahora mismo.
R: Construyeron las torres y el barrio cambió por completo. A partir de ahí empezó a revalorizarse muchísimo.
P: El cambio es brutal.
R: Con 30 años nació mi primer hijo. Nos dieron una casa en el Ensanche de Vallecas y estuvimos allí cuatro años. Cuando nació el segundo, nos adjudicaron otra vivienda en la Ventilla y nos mudamos. Al principio todo iba más o menos bien, pero un verano nos fuimos de vacaciones y, cuando volvimos, aquello era un desastre. El garaje estaba apuntalado con dos palés, nadie pagaba la comunidad y hasta encontraron una pistola en uno de los patios. Mi mujer me dijo: "Nos vamos de aquí. No podemos criar a dos niños así". Y tenía razón. Ahora aquello es otro mundo. Y a la gente que queda allí, la van a acabar echando.
P: Es un reflejo de todo Madrid.
R: Siempre ha pasado eso. Llega un fondo buitre, compra tu edificio, te triplican el alquiler y a tomar por el culo.
P: No te he preguntado todavía por Jefes III.
R: La idea cuando lo sacamos no era decir "talento antes que números", aunque al final ese lema se quedó. Son esas frases que salen casi sin pensarlas y acaban representando un movimiento. Al principio pensábamos: "Buah, esto no va a llamar la atención de nadie". Pero al final funcionó. Yo siempre he intentado hacer lo que te decía antes: colaborar. Me gusta trabajar con gente que considero buena, aunque personalmente no me vuelva loco su música.
P: Los títulos son claros: Reivindicación, Culpables, Eternos. Así fue...
R: La cuestión es quiénes somos y qué es lo que hemos intentado crear. Durante mucho tiempo parecía que todo eso había caído en saco roto, pero ahora sí estamos empezando a recibir el feedback de todos lados. Voy con mi hijo a conciertos y un montón de chavales se me acercan para decirme: "Hostia, tío, mira todo lo que habéis hecho". Y eso se agradece mucho. Lo que pasa es que, como no hubo un relevo generacional claro, a veces nos sentimos como esos padres que no reciben el cariño de sus hijos. No hablo de dinero ni de nada de eso. Simplemente habría estado bien que la escena nos hubiera acogido un poco más y reconociera lo que aportamos. Yo al menos sigo rapeando, pero muchos lo han dejado.
P: ¿Qué te ha hecho seguir?
R: Es que me flipa. Soy un auténtico enfermo de la música. De hecho, una de mis mayores frustraciones es no saber cantar. También me gusta mucho escribir y estudiar la movida.
P: Tiene mérito no haber parado en tantos años.
R: Tengo más de 400 canciones sin publicar, de todas las épocas, con colaboraciones y de todo. Y quiero seguir haciendo música. Al final es lo que más me gusta y todavía siento que me queda mucho por sacar.
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