Hay algo que me emociona profundamente de ver a tanta gente disfrutando a la vez. Durante un rato, uno mira alrededor y piensa que la vida debería parecerse bastante más a eso. También aparece la sensación de estar siendo controlado por los hilos de un titiritero. Una titiritera en este caso. El concierto de Shakira en Madrid este viernes, dentro de su residencia de Las Mujeres Ya No Lloran, me dejó esa sensación. La de ser manejado al antojo de un ente a muchos metros de mí que canta sobre un escenario. Al mismo tiempo, tengo la certeza de haber presenciado un espectáculo artístico majestuoso.
A pesar de dicha espectacularidad, este tipo de eventos también presentan una contrapartida. Uno no sabe si está viendo un concierto o un gran documental sobre su protagonista. Esa es la contradicción de una noche apabullante, capaz de provocar una emoción casi religiosa y de interponer, al mismo tiempo, cierta distancia entre la artista y quien ha venido a escucharla. Shakira domina el escenario como nadie. Es obvio que estamos hablando de una de las artistas más grandes de la historia y quizás, la mayor en habla hispana. Sin embargo, toda esa maquinaria que la presenta como una semidiosa a veces dificulta sentirla cerca.
Una artista que puede sostener una noche entera con sus éxitos
A sus 49 años, Shakira transmite una fortaleza escénica extraordinaria. Elegante, bella, con una autoridad que no necesita subrayar a cada momento, canta, baila e interpreta con la seguridad de quien sabe qué hacer con la atención de un recinto entero. Es un animal de la música y del directo.
Llevo toda una vida escuchándola casi sin querer. Me sé todas las canciones y no sé ni como las he escuchado. Nunca tuve un disco, tampoco tenía sus canciones en el mp3 y no recuerdo haberme parado a escucharla en los últimos años. Sin embargo, ahí están en mi cerebro La tortura, Hips Don't Lie, Waka Waka, Loca, Soltera, La bicicleta, Whenever, Wherever, Te felicito y, por supuesto, BZRP Music Sessions #53.
Por otra parte, Macondo Park adquiere el sentido de un lugar de encuentro. La música de Shakira permite pensar en una hispanidad hecha de acentos compartidos, idas y vueltas e hijos del mestizaje. Una comunidad que encuentra en las canciones un idioma reconocible. Por eso, sigo sin entender el porqué Loba se canta en inglés, como She Wolf. En una ciudad como Madrid, epicentro de la comunidad latina en la Vieja Europa. ¿Qué sentido tiene cantarle a sus lobas en inglés?
Más allá de eso, los hilos de la tirititera juegan contigo. Te hacen bailar y cantar. Besarte con tu novia, pasártelo bien y salir satisfecho. ¿Cuándo es el próximo concierto?
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