K1ZA no es solo una de las voces más singulares de la escena urbana española. Detrás del nombre artístico está Carmen Mas Choclán, madrileña, médica, rapera y una artista que ha construido su imaginario desde la crudeza emocional, el desahogo y una forma de escribir que mira de frente a las partes más incómodas de una misma. Empezó a relacionarse con la música desde muy pequeña, con clases de piano a los cinco años, y comenzó a componer siendo todavía una niña. Años después, en 2021, su tema Contrato la colocó en el radar de una escena que ha visto crecer su propuesta hasta Dosis, su primer álbum.

Publicado el 13 de diciembre de 2024, Dosis funciona como un disco conceptual de 13 canciones, cada una asociada a un “veneno” o emoción: el rencor, la soledad, el ego, la adicción, la culpa, el miedo o la superstición. En él colaboran nombres como elio Elio Toffana, Rapsusklei, Elane o B Chucks, y la artista se abre a sonidos que cruzan el rap con el trap, la electrónica y otros lenguajes urbanos.

Pero K1ZA atraviesa ahora un momento vital especialmente decisivo: además de consolidar su carrera musical, acaba de conseguir plaza en Psiquiatría Infantil en el Hospital Universitario La Paz, uno de los grandes centros públicos del país. En esta conversación, la artista habla de cómo conviven Carmen y K1ZA, de la salud mental en la música, de los prejuicios en la medicina, del lugar de las mujeres en el rap y de una generación marcada por la velocidad de las redes.

Pregunta (P): Dos pasiones, la música y la psiquiatría infantil. ¿Cómo has conseguido compaginar estos dos mundos tan distintos?

Respuesta (R): A base de tener poco tiempo para mí y de sacrificar mucho, porque eran dos cosas que me importaban y no quería dejar de lado ninguna. Cuando terminé la carrera me puse con el disco, porque era algo que necesitaba toda mi atención. Y cuando terminé el disco me puse con el MIR. Ha sido saber en qué momento hacer cada cosa y no ponerme con un disco y una oposición a la vez, por ejemplo.

P: Ambas cosas son una carrera de fondo. ¿Cómo era un día normal, un martes cualquiera, en tu vida?

R: Depende mucho, porque todo va por etapas. Yo me estudiaba las cosas por mi cuenta en casa. A lo mejor estaba un rato estudiando en la biblioteca y luego me iba al estudio a grabar; o estaba estudiando hasta las ocho y, con los libros en la mochila, me iba a un concierto. Había días que no estudiaba y me los pasaba en el estudio, y otros en los que no iba a grabar y estaba semanas estudiando sin parar para sacarme los exámenes. Un poco Hannah Montana.

P: Has conseguido una plaza en La Paz, en Psiquiatría Infantil, uno de los mejores hospitales públicos del país. ¿Qué significa para ti empezar ahí?

R: Significa conseguir lo que nunca creí que iba a conseguir en la medicina. Como intentaba llevar tantas cosas a la vez, no siempre había sido la estudiante más brillante de la facultad, aunque al final de la carrera sí mejoré. Creo que ni yo misma ni mucha gente que me conociera en la carrera se esperaría que pudiera acabar en un hospital así. Estoy súper orgullosa.

P: ¿Por qué Psiquiatría Infantil? ¿Por qué infancia y adolescencia?

R: Lo único que me ha gustado en toda la carrera ha sido Psiquiatría. Y luego me llegué a plantear Pediatría solo por trabajar con niños. Mi mezcla era que me encantan los niños y los adolescentes, y que me encanta la Psiquiatría. Era lo más claro.

Pero antes la Psiquiatría estaba unificada entre adultos y niños. Cuando se dividió la especialidad me surgieron dudas, porque son bastante diferentes. Hablando con gente, sobre todo con psiquiatras, un psiquiatra infantil con el que estuve haciendo prácticas me dijo que me veía mucho ahí. Yo también tenía esa corazonada de que me veía más ahí, y tomé la decisión hace bastante.

P: ¿Hay límites entre Carmen y K1ZA?

R: Para mí los límites están bastante claros. En mi día a día soy Carmen. K1ZA es una parte muy pequeña de mí, una parte quizá más oscura, o que aparece en días en los que tengo más rabia o más tristeza. Pero eso, a día de hoy, es una parte súper pequeña de mí. A lo mejor antes K1ZA era el 80% de Carmen y ahora es el 10%.

P: Dosis parece construido como pequeñas habitaciones emocionales. ¿Cuál ha sido la más difícil de abrir y transmitir al público?

R: El tema más duro para mí es el de adicción. Lo escribí recordándome mucho a la música que hacía antes, cuando estaba peor mentalmente. Del resto no sabría decirte, porque son todos muy diferentes.

P: ¿Hay alguna dosis que sientas más lejos de ti ahora mismo?

R: Casi todas. Mezclé mis defectos, pero no necesariamente en el momento exacto en el que escribí el disco, sino como cosas que he ido sintiendo o partes de mí que he ido trabajando durante mucho tiempo. La adicción la siento súper lejos. El ego también, porque no soy una persona con mucho ego. La soledad, a lo mejor, a veces sí la siento más cerca. Los sentimientos más normales quizá siguen ahí, pero los más extremos los tengo bastante lejos.

P: ¿Has sentido prejuicios en el mundo médico por dedicarte al rap?

R: Sí, por dedicarme al rap y por las pintas. En la facultad casi todo el mundo tiene una estética muy concreta, casi nadie lleva tatuajes, o llevan uno pequeñito de línea fina. Casi nadie va en chándal. Yo llamaba la atención. Pero creo que luego, cuando la gente me ha conocido, eso ha cambiado. También yo he tenido prejuicios hacia gente de medicina por tener un estilo muy diferente al mío, y luego mis amigas son gente increíble.

P: Varias veces has comentado que en el mundo del rap las mujeres tienen que sostenerse entre ellas porque el apoyo externo no es tan grande. ¿Dirías que a día de hoy sigue siendo así?

R: No lo sé. Yo, como mujer en la industria, me he sentido bastante arropada en general. No he sentido que por ser mujer se me pusieran más trabas. Pero sí es verdad que se contrata a más hombres y creo que los hombres, aunque sean menos conocidos que determinadas mujeres, venden entradas con más facilidad. Siento que a la gente le cuesta menos pagar por una entrada si es un hombre. Hay tías que venden muchísimas entradas, claro, pero creo que las tías hemos hecho bastante piña. Con mis compañeros me he sentido siempre muy respetada y vista como una igual.

P: ¿Crees que falta alguna conversación sobre la salud mental en la música?

R: Sí. Ahora se ha puesto muy de moda hablar de salud mental y creo que hay que tener cuidado. No se puede banalizar. Mucha gente hace música desde la desinformación o desde el “estoy mal y hablo de salud mental”. Está bien, porque yo lo he hecho y mucha gente lo ha hecho. La música es desahogo y no tienes que saber mucho de un tema para hablar de tus sentimientos. Pero sí creo que hay que coger las cosas con pinzas.

P: Dosis tiene 13 canciones y cierra con Todo al 13. ¿Qué hay detrás de esa superstición del número 13?

R: Era un poco lo contrario: si se supone que el 13 da mala suerte, yo saco mi disco el día 13, quiero que tenga 13 canciones y quiero demostrar que no se me va a ir el disco a la mierda porque todo sea el 13. Además, toda la simbología más oscura del número 13 siempre me ha gustado mucho.

P: ¿Qué le debe la sanidad pública a la salud mental de los jóvenes?

R: Muchos más recursos. Creo que hay profesionales muy buenos y muy comprometidos, pero faltan recursos por todos lados. A veces no te queda más que tomar la medida menos mala para ese niño o esa persona para no dejarle sin nada, aunque no sea la medida ideal, porque no tienes el recurso para darle la medida ideal. Falta inversión.

 

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