Imagínese la escena. Una canción que hasta ayer servía para bailar en una boda, sobrevivir al gimnasio o fingir que el trayecto en metro es un videoclip puede convertirse de repente en algo bastante más útil. El ritmo de determinados éxitos musicales coincide con la frecuencia recomendada para realizar compresiones durante una reanimación cardiopulmonar.

No significa que Spotify haya abierto una facultad de Medicina. Significa que la música puede funcionar como un metrónomo mental extraordinariamente eficaz.

Las recomendaciones de organismos como el European Resuscitation Council y la American Heart Association sitúan la frecuencia de las compresiones torácicas en entre 100 y 120 por minuto. Y resulta que unas cuantas canciones que conocemos casi de memoria viven exactamente en ese territorio.

El clásico que nunca muere

Si hay una canción inevitable cuando se habla de música y RCP es Stayin’ Alive, de Bee Gees. Y sí, pocas veces un título había resultado tan apropiado. El tema se mueve aproximadamente en 103 BPM, dentro del intervalo recomendado. Por eso lleva años utilizándose como referencia en campañas y cursos de primeros auxilios.

La imagen tiene algo de justicia poética. Un himno de la música disco publicado en los años setenta terminó convertido décadas después en una herramienta para recordar el ritmo de una maniobra de emergencia. John Travolta caminaba al compás de los Bee Gees sin sospechar que aquel pulso terminaría entrando en las aulas de reanimación. Pero no todo tiene que sonar a bola de discoteca.

Ariana Grande entra en la playlist

El pop contemporáneo está repleto de candidatos. Ariana Grande aporta, por ejemplo, Into You, que ronda los 108 BPM, y Problem, cercana a los 103 BPM. Dos canciones con un pulso reconocible y situado dentro del rango adecuado.

Si hubiera que entregar un premio a la estrella del pop con más canciones compatibles con este intervalo, Dua Lipa estaría entre las favoritas.

Break My Heart ronda los 113 BPMDance the Night se sitúa alrededor de 110 y Levitating se aproxima a los 103. A ellas se suma Cold Heart, de Elton John y Dua Lipa en su versión PNAU, cerca de los 116 BPM.

También encontramos Havana, de Camila Cabello, en torno a los 105 BPM, mientras que Dynamite, de BTS, ronda los 114.

No se trata de sacar el teléfono y buscar una playlist en mitad de una emergencia. La utilidad está en recordar mentalmente el pulso de una canción conocida y utilizarlo para mantener una frecuencia constante.

Aquí la memoria musical juega a nuestro favor. Podemos olvidar dónde hemos dejado las llaves cinco minutos después de llegar a casa y, sin embargo, recordar perfectamente un estribillo que llevamos quince años asegurando que odiamos.

Shakira también sabe marcar el paso

El fenómeno, por supuesto, no pertenece únicamente al pop anglosajón. La American Heart Association ha utilizado como ejemplos canciones como Hips Don’t Lie, de Shakira, o Crazy in Love, de Beyoncé junto a Jay-Z.

También existen opciones en español y en la música latina. Temas como La negra tiene tumbao, de Celia Cruz, Rayando el sol, de Maná, Mi primer millón, de Bacilos, o Dímelo, de Marc Anthony, aparecen entre las canciones propuestas para ayudar a recordar una cadencia apropiada.

Y entonces llegamos al giro argumental que nadie había pedido.

Baby Shark también puede servir. La canción infantil que probablemente ha puesto a prueba la paciencia de millones de padres se mueve alrededor de 115 BPM y ha llegado incluso a estudiarse como recurso para mantener el ritmo durante una RCP. Finalmente había una razón útil para no poder quitársela de la cabeza.

Una canción ayuda, pero no sustituye aprender RCP

Aquí conviene bajar el volumen. Conocer una canción de 110 BPM no equivale a saber realizar una reanimación cardiopulmonar.

El ritmo es solo una parte de la técnica. Las recomendaciones europeas para adultos establecen entre 100 y 120 compresiones por minuto y una profundidad aproximada de entre cinco y seis centímetros, permitiendo que el pecho vuelva a expandirse tras cada compresión y evitando interrupciones innecesarias.

Ante una persona inconsciente que no respira con normalidad, lo fundamental es avisar inmediatamente a los servicios de emergencia, seguir sus indicaciones e iniciar las maniobras de reanimación, utilizando un desfibrilador externo automático en cuanto esté disponible.

Pero a veces la cultura popular encuentra utilidades que sus autores nunca imaginaron. Y quizá aquel estribillo que llevamos años intentando expulsar de nuestra cabeza resulte ser, precisamente, el ritmo que un día necesitemos recordar.

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