Antes de cualquier relato, hubo kilómetros. Antes de cualquier etiqueta, hubo 67 conciertos seguidos tocando frente a públicos distintos, aprendiendo a leer silencios, cuerpos y miradas. Una escuela acelerada donde el escenario no era un escaparate, sino un laboratorio emocional.

El grupo está liderado por el argentino Javier Calequi, músico con largo recorrido y colaborador habitual de Jorge Drexler, pero la identidad de la banda no se entiende sin el tejido colectivo de sus tres voces. Entre el Río de la Plata y Madrid, entre la canción de autor y los pulsos caribeños, han construido un sonido reconocible que huye de la fusión entendida como suma superficial y apuesta por algo más orgánico: un idioma propio.

Hablan de fiesta, sí. Pero no como consigna ligera, sino como una forma de resistencia cotidiana. De celebración consciente. De supervivencia compartida.

Pregunta (P): Vuestra historia arranca muy “cuerpo a cuerpo”: 67 bolos seguidos. ¿Qué aprendisteis sobre el público español ahí que no se aprende en un estudio?

Respuesta (R): Aprendimos a escuchar sin hablar. Cuando haces tantos conciertos seguidos, te das cuenta de que el público te está diciendo cosas todo el tiempo: con el cuerpo, con el silencio, con cuándo decide bailar o quedarse quieto. En un estudio uno puede pensar que una canción funciona, pero es en el directo donde realmente se revela. España además tiene algo muy bonito: la gente viene con curiosidad, pero no regala nada. Si conectas, conectas de verdad. Y esos bolos fueron como una escuela acelerada de humanidad.

P: ¿Cuánto hay de estrategia en vuestro discurso de “somos fiesta” y cuánto de necesidad de que el público no vea el cansancio?

R: Hay un poco de las dos cosas, claro. Pero la fiesta para nosotros no es maquillaje, es supervivencia. Venimos de tocar mucho, de viajar mucho, de vivir la música desde lugares muy distintos. Entonces cuando decimos “somos una fiesta” no hablamos sólo de bailar; hablamos de celebrar que estamos vivos, que estamos juntos, que hay música. Y eso, curiosamente, también espanta el cansancio.

P: En vuestros temas, ¿qué suele llegar primero: un patrón rítmico, una melodía vocal, un fraseo de letra o una energía de directo?

R: Muchas veces llega el ritmo. A veces es una guitarra que propone un groove, otras una percusión, o un beat que abre una puerta. Después suele aparecer una melodía que se quiere subir a ese tren. Y la letra llega como alguien que se sienta en la mesa cuando la conversación ya está empezada.

P: Muchas bandas hablan de fusión; pocas suenan a “idioma propio”. ¿Cuál es vuestro ingrediente secreto?

R: Creo que es una mezcla de varias cosas. Las armonías vocales son muy importantes para nosotros, porque venimos de escuchar mucha música donde la voz es un instrumento colectivo. Pero también está el ritmo, que bebe de muchos lugares: del Río de la Plata, del Caribe, del pop, del folk. Nuestro “secreto”, si lo hay, es que no pensamos demasiado en la etiqueta cuando estamos creando.

P: ¿Os incomoda que en España muchas veces lo “latino” se consuma como exotismo?

R: A veces sí. Porque lo latino no es un estilo musical, es un continente de cosas. Pero también entendemos que la gente necesita palabras para ordenar el mundo. Lo que intentamos hacer es que, cuando alguien venga a vernos pensando que va a escuchar “algo latino”, se vaya con la sensación de que escuchó algo más difícil de encasillar.

P: ¿Habéis sentido que vuestro ADN argentino-español os abre puertas… o que os coloca en una etiqueta concreta?

R: Las dos cosas. A veces te abre puertas porque hay una curiosidad natural por ese cruce. Y otras veces te pone en un cajón muy rápido. Pero con el tiempo aprendimos que lo mejor es usar ese mestizaje como una fortaleza. Nosotros, y todas las personas que habitamos la tierra, somos eso: mezcla.

P: Hay una idea muy potente: “somos lo mismo con distintos condimentos”. ¿Qué os ha hecho cambiar de opinión viajando?

R: Viajar te quita muchas certezas. Te das cuenta de que las diferencias culturales existen, claro, pero las emociones básicas son muy parecidas en todas partes. El miedo, la alegría, la necesidad de celebrar… eso está en todos lados. Lo que cambia es la forma de condimentarlo.

P: ¿Cómo gestionáis cuando uno ve clarísimo algo que los otros dos no?

R: Con paciencia… y con humor. En una banda de tres siempre hay alguien que ve algo muy claro y los otros dos no tanto. Lo bueno es que el tiempo suele poner las cosas en su lugar. Si una idea es buena de verdad, termina encontrando su camino.

P: ¿Cuál ha sido la discusión más fuerte dentro del grupo y qué estaba realmente en juego?

R: Las discusiones más fuertes casi nunca son por música. Suelen ser por cansancio, por logística, por cómo organizamos la vida alrededor de la banda. Cuando uno está de gira mucho tiempo, esas cosas pesan. Pero también son discusiones sanas, porque significan que a los tres nos importa mucho el proyecto.

P: ¿Hay egos en Calequi y Las Panteras?

R: Claro que hay egos, somos humanos. La cuestión no es si hay ego o no, sino qué haces con él. Intentamos que el ego empuje la música hacia adelante y no que la bloquee.

P: Vuestras armonías son muy reconocibles. ¿Cómo se construyen?

R: Diría que un poco de todo. Hay mucha intuición, porque cantamos juntos desde hace tiempo y ya sabemos cómo respira cada voz. Pero también hay un trabajo bastante artesanal: probamos, quitamos, cambiamos notas… hasta que de repente aparece ese momento en el que las tres voces encajan y decimos: “ahí está”.

…Y, si quedaba alguna duda, 2026 se perfila como el año de Calequi y Las Panteras. El trío acaba de publicar TRES -su tercer álbum de estudio- el 3 de marzo, un proyecto que reconfigura varias piezas de su identidad sonora y las empuja hacia un lugar todavía más personal y sólido dentro de su discurso creativo.

Junto al lanzamiento del disco también se ha anunciado el TRES TOUR, una gira estatal que atravesará salas y festivales de toda España a lo largo de este año, con fechas confirmadas en ciudades como Zamora, Lugo, Santander, Valencia o Madrid -donde ya han agotado varias funciones- y presencia asegurada en carteles de referencia como Festival Palencia Sonora o Sonorama Ribera.