Dos palabras bastaron para torcer el guion de una entrega de premios. Decreto Maricarmen. Eso era lo que podía leerse en la pequeña placa que Amaia Romero puso en manos de Pedro Sánchez justo después de recibir el Premio Talento Joven en los Premios Vanguardia.
No era una frase preparada para hacerse viral, ni una ocurrencia para alimentar el posado posterior. Era una reivindicación que venía directamente de la calle, de varios días de protestas por el desahucio de Maricarmen Abascal y de un debate sobre vivienda que ha vuelto a colocar a los inquilinos en el centro de la agenda política.
Amaia tenía delante al presidente del Gobierno y decidió aprovechar el momento. Sin discurso largo, sin convertir el escenario en un mitin y sin necesidad de explicar demasiado. Le entregó el cartel, Sánchez lo sostuvo ante las cámaras y durante unos segundos una gala cultural acabó hablando de alquileres, desahucios y de una mujer de 87 años que se ha convertido en símbolo involuntario de un problema mucho más grande.
Mientras alrededor seguía el ritual habitual de premios, agradecimientos y fotografías, Amaia introdujo en mitad del protocolo una imagen que no pertenecía del todo a ese mundo. Y convirtió su reconocimiento en una oportunidad para señalar hacia fuera del escenario.
Dos palabras en mitad de una gala
Amaia acudió a recoger el Premio Talento Joven después de casi una década convertida en una de las voces más reconocibles de su generación. Desde que ganó Operación Triunfo en 2017, la artista ha construido una carrera bastante alejada de los caminos más previsibles de la industria musical española.
Podía haber recogido el galardón, agradecido el premio y abandonado el escenario. En cambio, aprovechó que el presidente del Gobierno estaba a menos de un metro para ponerle literalmente en las manos una de las reivindicaciones que más presión política está acumulando estos días.
El llamado decreto Maricarmen debe su nombre a Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que fue desalojada la pasada semana de la vivienda del barrio madrileño de Retiro en la que residía desde hacía más de 70 años.
Su caso desencadenó manifestaciones y una acampada en la Puerta del Sol que mantiene viva la presión sobre el Ejecutivo.
La imagen de una anciana abandonando en camilla una casa que había formado parte de prácticamente toda su vida convirtió un conflicto de alquiler en algo bastante más difícil de encerrar dentro de un expediente judicial.
Maricarmen pasó de ser un nombre propio a resumir una angustia reconocible para miles de personas que viven pendientes de una renovación de contrato, una subida de renta o la posibilidad de no poder seguir pagando su casa.
De ahí salió también el nombre con el que los colectivos de vivienda han bautizado la norma que se negocia estos días.
De Maricarmen al Consejo de Ministros
La presión provocada por el desahucio aceleró unas negociaciones que ya estaban abiertas dentro del Gobierno y entre sus socios parlamentarios.
El borrador conocido hasta ahora plantea, entre otras cuestiones, prolongar la protección frente a determinados desahucios de personas vulnerables, facilitar prórrogas extraordinarias de contratos de alquiler y endurecer algunas condiciones relacionadas con los contratos temporales.
Nada de esto significa que el texto esté cerrado.
El Ejecutivo necesita construir una mayoría suficiente para que el decreto pueda superar posteriormente su paso por el Congreso y distintos grupos han condicionado su respaldo al contenido definitivo.
Por eso el cartel llegaba justo cuando esas dos palabras habían dejado de pertenecer solamente a pancartas y manifestaciones para entrar en los despachos donde se decide qué protección tendrán los inquilinos durante los próximos años.
Por un lado, una gala con focos, premios, invitados y fotografías. Por otro, una movilización que nace de algo tan poco glamuroso como no saber si vas a poder seguir viviendo en tu casa.
No hizo falta solemnidad para que el mensaje llegara. Mientras alrededor se sucedían premios y discursos institucionales, la cantante introdujo una reivindicación social en el protocolo utilizando apenas un cartel. No explicó el problema porque, a esas alturas, el nombre de Maricarmen empezaba a explicarse solo.
Amaia utilizó su momento para recordar que, mientras dentro se repartían reconocimientos, fuera había gente movilizándose para defender algo mucho más básico.
Poder seguir viviendo en una casa.
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