Madrid puede presumir de grandes museos, festivales internacionales y una oferta cultural que no deja de crecer. Lo que tiene cada vez más difícil es conservar las pequeñas librerías que llevan décadas dando vida a sus barrios. La última en comprobarlo ha sido Pérgamo, una de las librerías más antiguas de la capital, que el próximo 17 de noviembre tendrá que abandonar el local que ocupa en la calle del General Oráa. No cierra porque hayan dejado de venderse libros ni porque sus actividades se hayan quedado sin público. Sus propietarios no renovarán el contrato de alquiler y sus responsables deberán buscar otro espacio donde continuar con el proyecto. Después de 80 años de historia, la librería se ha encontrado con un problema que no aparece en ningún catálogo editorial, pero que amenaza la supervivencia de buena parte del sector.
Fundada en 1946, Pérgamo sobrevivió a la dictadura, durante la que sus estanterías llegaron a albergar libros censurados y publicaciones clandestinas. También estuvo cerca de desaparecer en 2021, hasta que un inversor decidió apostar por su continuidad y el establecimiento reabrió bajo una nueva dirección. Desde 2022, Pablo Cerezo y María Treviño han tratado de convertirla en algo más que un comercio. Presentaciones, talleres, encuentros literarios y clubes de lectura han contribuido a formar una comunidad que ahora tendrá que encontrar otro lugar donde reunirse. La librería seguirá funcionando hasta el 17 de noviembre y sus responsables ya buscan una nueva ubicación, aunque todavía no saben cuándo podrán reabrir.
La noticia no ha sorprendido tanto a quienes conocen las dificultades del sector. En junio, cuando todavía intentaban asegurar el futuro del establecimiento, los responsables de Pérgamo ya explicaban que los encuentros se llenaban, que había listas de espera para los clubes de lectura y que la venta de libros funcionaba razonablemente bien. El problema era otro. La actividad cultural podía sostener el negocio, pero no garantizar que siguiera siendo viable en su local. Cuatro meses después, aquella advertencia ha dejado de ser una posibilidad para convertirse en una fecha de salida.
El problema no es que falten lectores
El caso de Pérgamo tiene nombres propios, pero las cifras dibujan un problema bastante más amplio. Una encuesta de la Asociación de Librerías de Madrid, realizada entre 63 establecimientos asociados y difundida el pasado mayo, reveló que el 84% desarrolla su actividad en locales alquilados. Solo el 14,3% considera garantizada su permanencia en el espacio que ocupa actualmente, mientras que el 41% percibe un riesgo inmobiliario alto o muy alto durante los próximos dos años.
La presión económica ya condiciona decisiones cotidianas. Una de cada tres librerías encuestadas ha renunciado a ampliar su plantilla, mientras otras han reducido inversiones, reconsiderado proyectos de expansión o llegado a plantearse el cierre. No significa que todas vayan a desaparecer, pero sí que una parte importante trabaja sin saber cuánto tiempo podrá permanecer donde está. Resulta difícil consolidar un negocio cultural cuando su continuidad depende de la próxima renovación del alquiler.
Pérgamo tampoco es la primera en caer. En enero, Tipos Infames, una de las librerías independientes más reconocibles de Malasaña, anunció su cierre después de quince años de actividad. Sus responsables atribuyeron la decisión a una combinación de factores, entre ellos la gentrificación, el encarecimiento de los alquileres y la transformación comercial del barrio. El Movimiento del Caracol, en Alcobendas, también figura entre los establecimientos afectados por las dificultades para sostener sus espacios físicos.
Madrid ha convertido la cultura en uno de sus grandes atractivos, pero algunos de los espacios que contribuyen a esa identidad tienen problemas para mantenerse en sus locales. La transformación inmobiliaria no afecta únicamente a quienes buscan vivienda. También determina qué comercios sobreviven, qué actividades pueden desarrollarse y qué tipo de ciudad encuentran los vecinos cuando salen a la calle.
Mientras tanto, Pérgamo prepara su despedida de General Oráa. Sus responsables quieren vender los libros que quedan en las estanterías, mantener las actividades programadas y empezar de nuevo en otro lugar. No renuncian a la librería, pero tendrán que reconstruir parte de lo que habían levantado durante estos años.
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