A Isabel Allende le llevaban años preguntando qué había sido de Alba Trueba. Qué vida podía esperarle después del terror, cómo se habitaba de nuevo aquella casa familiar, qué quedaba por contar. La respuesta llegó este miércoles a las librerías con La hora antes del alba, continuación de La casa de los espíritus y ganadora del Premio Planeta 2026. El regreso tiene una razón literaria, pero también una inquietud política que la autora ha querido dejar clara durante su presentación.
Allende relaciona la decisión de retomar ese universo con la atracción que percibe hacia los discursos autoritarios. En su encuentro con periodistas habló de "una especie de fascinación por la ultraderecha". Esa preocupación sitúa la nueva novela en una conversación que desborda la nostalgia de quienes querían reencontrarse con sus personajes. La escritora vuelve a una historia atravesada por la represión mientras observa con alarma el presente.
El punto de partida vuelve a ser Alba y su vida bajo la dictadura. Permanece sola después de la muerte de su abuelo, a la espera de su primer amor, sin saber si ha sobrevivido ni si regresará. La incertidumbre sentimental convive con una violencia que ha alcanzado su cuerpo y su entorno. Continuar su historia supone preguntarse cómo recupera una mujer el control de su vida después de que otros hayan tratado de arrebatárselo.
La insistencia de los lectores fue uno de los motivos para volver. Allende explicó que querían conocer el destino de aquella joven embarazada y perseguida por el régimen. Para la autora, imaginar esa continuación resultó posible por su conocimiento del miedo y la represión. La experiencia de la dictadura le permitía comprender el lugar en el que se encontraba el personaje y las dificultades que tendría para salir adelante.
Desde California, donde reside, Allende también dirige la mirada hacia Estados Unidos. En la presentación expresó su preocupación por la fragilidad de democracias que parecían consolidadas y por la presidencia de Donald Trump. Su lectura del momento está marcada por el riesgo del olvido, especialmente entre quienes no vivieron los regímenes que hoy encuentran nuevas formas de reivindicación. La escritora vincula esa distancia histórica con la facilidad para dejarse seducir por el autoritarismo.
Esa relación entre política y vida cotidiana aparece también en la elección de su protagonista. Alba tiene que afrontar las consecuencias de una violencia ejercida sobre su cuerpo. Su recorrido plantea un intento de recuperar su futuro y de enfrentarse a los secretos familiares heredados. La historia del país y la historia de la familia vuelven a compartir espacio, con una mujer que debe decidir cómo seguir viviendo dentro de ambas.
Allende sitúa a esas mujeres en el centro de su escritura porque reconoce su lucha en la realidad que la rodea. Durante el encuentro defendió la persistencia de su feminismo y relacionó el patriarcado con las jerarquías y la violencia. También sostuvo que los gobiernos autoritarios amenazan los derechos de las mujeres y la libertad de los periodistas. Desde esa perspectiva explicó el vínculo entre sus preocupaciones actuales y los conflictos que lleva a la ficción.
En La hora antes del alba, esa discusión empieza en una situación concreta. Alba está sola en la casa, ha muerto su abuelo y desconoce si el hombre al que espera sigue vivo. Ahí recoge Allende el hilo que sus lectores le pedían continuar, en la intimidad de una mujer cuyo porvenir depende también de lo que sucede fuera de sus paredes.
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