No se conocían, les separan varias décadas y todo un océano, pero Isabel Allende, escritora chilena nacida en Lima en 1942 durante la estancia de su padre como diplomático, y Sergio Hernández (Valencia, 1994), ganadora y finalista, respectivamente, de la 75.ª edición del Premio Planeta, se sienten atravesados por una misma idea: el miedo a perder la libertad bajo el peso de la dictadura y el totalitarismo. "El tema está en el aire y a los dos nos atañe porque nos importa la democracia, en mi caso porque sé lo que significa perderla y cuánto cuesta recuperarla", ha advertido la autora chilena.
Preocupación por el auge de la extrema derecha
Ambas novelas llegan en un momento marcado por el auge de la extrema derecha en todo el mundo, con discursos que recuerdan mucho a uno de los periodos más negros de nuestra historia. "Creo que la historia es cíclica, sabemos todos muy bien lo que pasó a principios del siglo XX y la barbaridad en la que desembocó. Asusta ver los paralelismos con el presente", ha reconocido Hernández, que admite que detrás de su obra existe "una pulsión interna y miedo a que pueda volver a suceder".
Una preocupación que Allende comparte desde su propia experiencia con la dictadura chilena y que traslada también a la realidad estadounidense. "Estoy viviendo en este momento en Estados Unidos, donde las instituciones democráticas peligran pese a tener una democracia que ha sido un ejemplo para el resto del mundo", ha advertido. "La democracia se pierde fácilmente y a veces se pierde de súbito, como la perdimos en Chile, y otras veces se va minando por abajo hasta que se derrumba", ha añadido.
Sin embargo, ambos huyen de escribir con la intención de adoctrinar, por muy noble que sea la causa. "Hay que tener mucho cuidado con el mensaje cuando uno escribe ficción porque puede arruinarte la novela. Todo va entre líneas, tú limítate a contar la historia y el lector encontrará allí lo que quiera o lo que pueda", ha defendido Allende. Para la autora, los escritores son capaces de captar las inquietudes de su tiempo casi inconscientemente: "Hay como unas antenas que van captando lo que está en el aire y sin saberlo, sin que haya una intención premeditada, uno escribe lo que está en la conciencia colectiva".
Historias al mergen del relato oficial
Hernández, por su parte, considera que la ficción permite recuperar las experiencias humanas que quedan fuera de los relatos oficiales. "Creo que es importante cerrar las heridas del pasado para poder mirar hacia delante", ha señalado, reivindicando la memoria histórica como una herramienta para comprender el presente y evitar que se repitan los errores. "Cuando nos adentramos en la historia, la historia con mayúsculas, lo que conocemos son los hechos, lo que sucedió, pero no descubrimos las historias del día a día", ha reflexionado. Por eso, confía en que la literatura contribuya a sanar esas heridas y que "el paso del tiempo las convierta en cicatrices y que no se repitan".
Una reflexión que conecta con la reivindicación de Allende de rescatar las voces que han quedado fuera de los libros de historia. "Siempre la historia oficial está hecha por hombres, los vencedores y generalmente hombres blancos. Todas las demás voces son silenciadas", ha denunciado. La escritora ha recordado que, cuando se habla de una guerra, suelen prevalecer las batallas, las fechas y las victorias o derrotas, mientras quedan relegadas las experiencias de quienes padecieron sus consecuencias. "No están las voces silenciadas, que son las más interesantes, las voces de las mujeres, de los niños, de los pobres, de los derrotados", ha defendido.
Para la autora chilena, esa versión oficial tampoco es necesariamente la más fiel a lo sucedido. "Generalmente no es la verdadera y está completamente teñida por una ideología o por un momento histórico", ha advertido. De ahí su interés por acercarse a las vidas anónimas y escuchar a quienes rara vez protagonizan los grandes acontecimientos. "Si hablas con la gente, la gente chica, la gente de a pie, ahí descubres exactamente lo que pasó", ha asegurado.
Dos mujeres jóvenes frente a la dictadura
En 'La hora antes del alba', la novela ganadora del Premio Planeta 2026, Allende recupera a Alba, la nieta del patriarca de 'La casa de los espíritus', para imaginar qué ocurrió con ella después del desenlace de aquella historia. Una idea que llevaba gestándose 45 años, desde que los lectores comenzaron a preguntarle por el destino de aquella joven de 20 años, embarazada, traumatizada y sola en la casa familiar.
La protagonista debe enfrentarse a los años de la dictadura, perseguida por un torturador que continúa amenazándola, mientras espera el regreso de su amante, un guerrillero desaparecido. Pese a todo, decide permanecer en su país. "Cuesta mucho salir, cuesta mucho irse, adaptarse en otra parte. Uno vive en la nostalgia cuando está fuera", ha explicado la autora, que vivió en primera persona el exilio. La casa familiar se convierte además en una metáfora del país: "Todo lo que ocurre dentro de esa casa mágica es lo que está ocurriendo también a un nivel mucho más grande en el país".
Por su parte, 'La añoranza', la novela finalista de Sergio Hernández, comienza en la Barcelona de 1959. Julia Ferré, una joven a punto de cumplir 18 años, huye de la policía durante una manifestación clandestina y encuentra refugio en casa de Bastián Bará, un traductor francés que terminará convirtiéndose en su mentor y amante. A través de él descubre los versos prohibidos de Antonio Machado, el jazz y la poesía, mientras intenta escapar de un entorno familiar marcado por la represión franquista.
Antonio Machado y el exilio
La figura de Antonio Machado ocupa un lugar central en esta historia de exilio y desarraigo. Hernández ha reivindicado al poeta como un hombre "muy patriota", aunque reconoce que se trata de una palabra "llena de aristas". "Es un hombre que pidió que le enterrasen con tierra de España, que cogió antes de cruzar la frontera", ha recordado.
El escritor ha explicado que hace apenas cuatro o cinco meses visitó el cementerio de Collioure, en Francia, donde descansan los restos del poeta, una experiencia que ha calificado de "muy especial". "Nosotros como país hemos decidido que este gran poeta, que es un símbolo, siga en Collioure, enterrado hasta el día de hoy. No hemos decidido traerlo, sino que hemos decidido convertir su muerte y su exilio en un símbolo para que Machado sea el exiliado por antonomasia", ha reflexionado. Su exilio representa una herida colectiva que todavía permanece abierta: "Es una cicatriz que llevamos todos muy dentro y sobre la que no tenemos tanta información".
La memoria, el origen de las novelas y el paso del tiempo
El germen de 'La añoranza' surgió durante una firma de libros en Sant Jordi con Planeta Cómic, cuando una compañera de la editorial le comentó que algunos vecinos del Barrio Gótico escondían en sus casas a manifestantes que huían de la represión franquista. "En ese momento me voló la cabeza. Yo estaba planeando una novela y cuando llegó esta idea a mí, la verdad es que me obsesionó", ha recordado.
Nacido en 1994, el escritor ha reconocido que siempre ha sentido "un cierto sentimiento de orfandad con respecto a la Guerra Civil", ya que fueron sus bisabuelos quienes la vivieron. Esa distancia generacional despertó su interés por reconstruir un pasado que no conoció directamente.
Para Allende, en cambio, escribir 'La hora antes del alba' ha supuesto regresar a recuerdos profundamente personales. Preguntada qué había descubierto de sí misma durante ese proceso, ha destacado "cuán vívidas son las memorias, el recuerdo, y qué presente está todo". También ha reconocido que el paso del tiempo apenas ha cambiado sus inquietudes: "Soy la misma persona. Uno diría, bueno, con la edad uno madura. Yo no he madurado nada. Todavía me apasionan las mismas cosas. Todavía me enamoro del primero que va pasando. Todavía me gusta Antonio Banderas", ha bromeado.
La autora ha reivindicado además su fascinación por "esa gente anónima que parece insignificante y que en los momentos en que se ponen a prueba sale un heroísmo, un coraje, un valor, una generosidad apabullante", una cualidad que asegura haber presenciado durante los momentos más duros de la dictadura chilena.
El ritual de Allende
Pese a su trayectoria, Allende también ha confesado que sigue enfrentándose a cada nueva novela con inseguridad. "Empiezo todos mis libros el 8 de enero. El 7 de enero yo soy un desastre. Estoy aterrada de lo que viene al día siguiente", ha reconocido. Una sensación que contrasta con la libertad con la que escribió 'La casa de los espíritus', cuando todavía desconocía los mecanismos de la industria editorial.
Y aunque el Premio Planeta supone un nuevo reconocimiento en su carrera, la escritora no siente que le queden metas por conquistar. Preguntada qué le falta por ganar, ha respondido entre risas: "Tal vez un cuarto marido". Después, más seria, ha dejado clara su filosofía: "No tengo nada que ganar, nada. Ahora lo que me falta de vivir es para pasarlo bien, para seguir escribiendo mientras pueda".
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