Con motivo de la publicación de su último libro, En defensa de la memoria (Alfaguara), Elvira Sastre, reconocida autora de numerosos poemarios y distintos títulos que se han convertido en éxitos y obras de culto contemporáneas, ahonda en la entrevista concedida a este periódico sobre algunas cuestiones de calado que afectan a las generaciones jóvenes: desde el problema del acceso a la vivienda a la memoria histórica.
La conocida poeta aborda, con motivo de esta conversación enfrascada en el significado de la memoria y los recuerdos propios, la cuestión generacional, de cómo la vida ha cambiado en los ahora jóvenes veinte y treintañeros en comparación con el estilo de vida que llevaron sus padres. “No tenemos una vida mejor que la de nuestros padres, a nivel adquisitivo y de vivienda. Hacemos otras cosas que nuestros padres no, todo tiene su vuelta, pero crecimos así y estalló la crisis, todo se cayó, la gente no podía estudiar, los trabajos son precarios, somos una generación olvidada por las instituciones, no hay protección ni oportunidades, por eso las fabricamos”, desgrana.
En esta reflexión sobre la vuelta a los recuerdos de la infancia, también apunta a que buena parte de esta consecuencia viene de los estragos que dejó la pandemia de coronavirus, una incertidumbre sobre el qué podrá suceder sobre la que el mecanismo de defensa ha sido volver a “lo analógico, a las series de adolescentes y los lugares seguros” conocidos del pasado.
“Responsabilizar a la gente joven de lo que les pasa es un error”
Uno de los apodos recurrentes que han recibido los jóvenes en los últimos tiempos ha sido ‘generación de cristal’, por hablar sobre no poder acceder a una vivienda asequible y digna como lo hacían nuestros padres, tener que hacer malabares con trabajos precarios y temporales o no poder formar familia, precisamente, por estas realidades.
“Se responsabiliza mucho a la gente joven de los males que tienen, se ha hecho siempre y es algo que veo mucho con la lectura, diciendo que la gente joven no lee, no es mi experiencia. Responsabilizar a la gente joven de lo que les pasa es un error, no me parece justo, si somos menores para unas cosas también lo somos para las demás”, reflexiona Sastre.
En este punto, sitúa, en clave de memoria histórica, como ejemplo la Guerra Civil: “Cuando hay una herida tan profunda hay dos opciones: o hablar de ello, curarla y echarle agua oxigenada cuando está aún abierta o dejar que cicatrice sin hablar de ello, se ha querido dar un salto y se ha pasado página”.
A cuento de esta realidad, entra en juego lo más acuciante de estos días: el uso de las redes sociales y la proliferación de discursos de odio que calan con mayor fuerza en la juventud. Sobre ello, Sastre apunta a que, “más que condenarlo”, habría que actuar desde el entendimiento para descifrar “cómo se ha llegado hasta ahí”, situando “la pedagogía y la educación” como vía resolutiva.
Quizás, el principal muro de avance que encuentran los jóvenes de entre 20 y 30 años en los tiempos que corren para construir un proyecto de futuro se concentra en el problema de la vivienda, sobre el cual la autora señala que se percibe “un poco de resignación”: “Se da por hecho que no nos vamos a poder comprar una casa”, por lo que se empiezan a emprender otras alternativas.
Pese a que es un horizonte que no presenta una solución clara ni a corto plazo, la poeta insiste en que, aunque sea buena quedarnos con los pequeños detalles, no es un escenario que haya que “normalizar”: “En este país siempre hemos sido muy peleones, nos han enseñado a salir a las calles, a quejarnos y protestar. Yo viví el 15M y fue algo increíble, un aprendizaje brutal, eso no pasa ahora porque estamos muy cansados, derrotados, ese es el problema fundamental: no es tanto el futuro, sino el presente”.
Puede leer la entrevista completa en este enlace.