La primera novela prohibida por el Ministerio de Información de Manuel Fraga cumple este 3 de agosto sesenta años de su prohibición. Se trata de Alrededor de un día de abril, del escritor Isaac Montero, una obra que se convirtió en el primer libro vetado tras la entrada en vigor de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 y que permaneció secuestrada editorialmente hasta 1981.

La novela había sido presentada a consulta previa a comienzos de 1966, cuando todavía seguía vigente la normativa anterior. Tras la aprobación de la nueva Ley de Prensa e Imprenta impulsada por el Ministerio de Información, el editor comunicó al autor que la obra había sido prohibida íntegramente por la censura y que únicamente cabía recurrir ante la Dirección General de Información.

La censura rechazó la novela por su contenido

Los informes de los censores calificaron la obra de Isaac Montero como anticlerical, obscena y crítica con la burguesía. El expediente acumuló distintos dictámenes en los que se cuestionaban pasajes relacionados con la Iglesia, las relaciones sexuales, el uso de anticonceptivos, el aborto y diversas referencias consideradas ofensivas para el Estado y sus instituciones.

Tras recibir la propuesta de modificar el manuscrito, el autor realizó algunos cambios antes de decidir remitir nuevamente el texto original, sin aceptar las correcciones exigidas por la censura. La publicación por cuenta propia de la novela motivó la apertura de un expediente que acabó en el Tribunal de Orden Público.

Un proceso judicial y quince años de secuestro editorial

La prohibición dio lugar a un largo procedimiento administrativo y judicial. Entre recursos, trámites y la tramitación del expediente, Alrededor de un día de abril permaneció secuestrada durante casi quince años.

No fue hasta mayo de 1981 cuando la editorial Laia publicó finalmente la novela. Durante su presentación, Isaac Montero explicó que la obra "ni siquiera es una novela política, ni mucho menos. Es simplemente literatura y nada más".

El escritor continuó desarrollando su carrera literaria y pasó a formar parte de la denominada segunda generación de posguerra. Sin embargo, años después reconoció que la prohibición condicionó su trayectoria. En 1999, al recibir el Premio de la Crítica por Ladrón de lunas, afirmó que aquel episodio influyó en su relación con los premios literarios.

Los estudios posteriores sobre el expediente de censura concluyen que el procedimiento fue ampliando progresivamente las acusaciones contra la obra. Lo que inicialmente se fundamentó en supuestos motivos de moralidad acabó incorporando referencias a propaganda ilegal, ofensas a la Iglesia y perjuicio al prestigio del Estado, extremos que quedaron reflejados en los informes conservados en los archivos de la censura franquista.

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