Estamos viviendo una crisis de las gordas en el mundo corporativo. No, no voy a hacer un alegato anticapitalista sobre cómo no vender nuestros sueños por un salario. Sería raro, teniendo en cuenta que servidor se gana el sustento haciendo publicidad.
Voy a hablar de algo mucho peor.
Todo comenzó en los años dos mil. No había internet en los móviles, solo teníamos que elegir entre dos partidos políticos en las elecciones y las letras de las canciones del verano eran las instrucciones para bailarlas. Levantando las manos, moviendo la cintura.
Es posible que ese exceso de sencillez nos hiciera buscar una sofisticación que en realidad no nos hacía falta, pero eso lo descubriríamos demasiado tarde. Cambiamos el limón del gintonic por una rodaja de pepino y el pincho de tortilla por una esferificación de huevo y patata. Y, lo que nos ocupa hoy, comenzamos a utilizar palabras en inglés en el trabajo.
Como sucede en todas las películas sobre adicciones y hábitos destructivos, empezamos poco a poco, por diversión, por destacar un poco, llamando meetings a las reuniones o next steps a los próximos pasos de un proyecto. Y todo son risas hasta que un día te escuchas a ti mismo decir “nos han challengeado más pain points on top of del POC”. Y como sucede también en las películas, cuando tocas fondo, hay que pedir ayuda antes de que sea demasiado tarde.
Los dos miles pasaron, llegó el reguetón, demasiados partidos políticos y hasta una pandemia que devolvió el estrellato al Duo Dinámico. Ahora, al contrario que entonces, lo que buscamos es la sencillez que nunca debimos abandonar. La rodaja del limón ha vuelto al gintonic, y comemos el pincho de tortilla con tenedor y currusco de pan. Por eso es el momento de volver a hablar español en el trabajo. Decir narrativa en vez de storytelling, presupuesto en vez de budget, hitos en vez de milestones, socio en vez de partner, diapositiva en vez de slide, publico objetivo en vez de target o racional en vez de thinking. Así de radical. Así de sencillo.
Paradójicamente, utilizar palabras en español es lo más eficaz para destacar en un mundo corporativo cada vez más homogéneo. Y si no es por destacar, que sea por Cervantes, y si no es por Cervantes, usemos nuestro idioma en el trabajo por los miles de gatitos que mueren cada vez que en una reunión alguien dice talkability.
¿Empezamos esta semana? Yo creo que podría ser un win-win.
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