“Tu tiempo es limitado, así que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto”. Pocas frases del mundo empresarial han tenido tanta circulación cultural como esta, pronunciada por Steve Jobs en su célebre discurso de graduación en Stanford en 2005.

La cita vuelve periódicamente a redes sociales, libros de autoayuda y artículos sobre creatividad, pero detrás del mensaje motivacional hay una biografía compleja: la de un empresario que no solo transformó la industria tecnológica, sino también la música digital, la animación y la forma en que consumimos cultura.

De un garaje en California a cambiar la tecnología mundial

Steve Jobs nació en San Francisco en 1955 y creció en el corazón de lo que después se conocería como Silicon Valley. En 1976 fundó Apple junto a Steve Wozniak y Ronald Wayne, iniciando una de las historias empresariales más influyentes del siglo XX.

El éxito del Apple II convirtió a Jobs en millonario con apenas 27 años, pero su trayectoria no fue lineal. A mediados de los años 80 abandonó la compañía tras conflictos internos, en un momento en que Apple perdía terreno frente a la competencia en el mercado de los ordenadores personales.

Su regreso en 1997 marcó un punto de inflexión. Apple atravesaba una grave crisis financiera y Jobs impulsó una reorganización radical que acabaría redefiniendo la empresa y el mercado tecnológico.

El hombre que cambió la música, el cine y el consumo digital

El impacto cultural de Jobs no se limitó a los ordenadores. Bajo su dirección, Apple lanzó el iPod en 2001 y la tienda iTunes en 2003, modificando el modelo de negocio de la industria musical. En pocos años, la plataforma dominó la venta de música digital y transformó la forma en que el público accedía a canciones y artistas.

Paralelamente, Jobs había adquirido en 1986 una pequeña división de Lucasfilm que acabaría convirtiéndose en Pixar. El estreno de Toy Story en 1995 inauguró la era del cine de animación digital y consolidó a la compañía como una potencia cultural global, posteriormente integrada en Disney.

Ese doble impacto —tecnológico y cultural— explica por qué Jobs no es recordado solo como empresario, sino como una figura clave en la transformación de la cultura contemporánea.

Salud, renuncia y muerte de un icono empresarial

En 2004 fue diagnosticado de cáncer de páncreas. A pesar de periodos de recuperación y de continuar al frente de Apple durante años, su salud se deterioró progresivamente.

Renunció como CEO en agosto de 2011 y falleció el 5 de octubre de ese mismo año a los 56 años en su casa de California.

Su muerte provocó una reacción global sin precedentes para un empresario tecnológico. Apple, Pixar y numerosas instituciones culturales destacaron entonces su papel como visionario que había cambiado la vida cotidiana de millones de personas.

La popularidad de la cita sobre el tiempo limitado no responde solo a su tono motivacional. Resume la imagen pública que Jobs construyó durante décadas: la del creador obsesivo, convencido de que la innovación exige decisiones personales radicales. En la era de las redes sociales, la cultura emprendedora y la creatividad digital, esa idea continúa encontrando eco. Más de una década después de su muerte, el nombre de Steve Jobs sigue apareciendo en debates sobre tecnología, trabajo creativo y cultura contemporánea.

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