Que internet es un nido de basura no es ninguna novedad. Tampoco que sea una representación de las más bajas pulsiones e instintos humanos. Ni siquiera es nuevo que sea un escaparate al mundo para mostrar imbecilidad. Pero hay una dinámica que sí que es relativamente reciente: el diseño deliberado de un contenido sencillo, una afirmación o un discurso irritante con el único objetivo ruin de provocar la indignación del mayor número de personas, generar tráfico en redes sociales y ganar dinero, lo que se conoce como ragebait. Elegida palabra del año por el diccionario de Oxford en 2025, a veces me pregunto si, como sociedad anestesiada por la aguja de la saturación digital, tenemos alguna salida. Porque soluciones existen; otra cosa es que alguna sea realmente factible.

No somos conscientes de lo que ha supuesto la integración de este tipo de comportamientos. Algunos argumentan que “nah, tío, es que así son las redes”, pero precisamente ese es el mayor problema, porque cuando algo deja de sorprendernos, cuidadito. Nos cruzamos a diario con afirmaciones diseñadas expresamente y con la única intención de hacer enfadar. Y entonces aparece la paradoja: si nos enfadamos y  señalamos estas prácticas respondiendo directamente a su autor estamos contribuyendo precisamente a generar más beneficios y a caer en su juego. ¿Se dan cuenta de este delirio kafkiano? La responsabilidad no es del imbécil que provoca, sino del provocado. Y si te enfadas es culpa tuya porque “¡ja ja, has caído en la trampa!”. ¿Ven el disparate que es esto? De hecho el tablero de juego digital está diseñado para premiar este tipo de discursos. Se descubrió que desde que lo compró Elon Musk el algoritmo de Twitter/X funciona por multiplicadores, es decir, si te dan “me gusta” un post su visibilidad se multiplica x1, si lo “reposteas” el multiplicador es x20, pero ojo, el mayor multiplicador aparece si citas o respondes la publicación, con una visibilidad de x75, la mayor de todas. A X y sus empresarios les da completamente igual que alguien responda a un post indignado por las barbaridades que otro usuario ha dicho, es más, el algoritmo lo premia multiplicando su alcance, porque el algoritmo no entiende de moral, entiende de números y códigos. Se incita a la violencia verbal sin ningún filtro ni consecuencia. Así, la arquitectura de redes como X premia el ragebait, algo muy nocivo que contribuye a la infoxicación y a socavar la democracia, ya lo avisa César Rendueles en su libro Redes Vacías.

Hemos llegado a tal punto de antiintelectualismo que nos debería doler, un culto a la ignorancia, al grito, a lo acrítico y al rechazo de los saberes. Hay gente que está orgullosa de ser tonta y lo va proclamando por ahí. Si una persona solo sabe llamar la atención a base de decir monstruosidades es que simplemente es un mediocre. El problema es que si el ecosistema digital protege y se diseña cada vez más a medida para los mediocres, los analfabetos funcionales y los rateros, entonces ha triunfado la mediocridad, el analfabetismo funcional y el raterismo. Porque los tecnoligarcas sólo buscan beneficios económicos, cuanto más circule un contenido en sus redes sociales más dinero podrán exigir a la publicidad que desee anunciarse en sus empresas. A más interacciones del público mayor dinero para la empresa. Si dependemos de cuatro tecnoligarcas sin ética y que concentran el poder de hacer circular contenidos hirientes sin ton ni son, entonces no tenemos ningún tipo de salvación. “El infierno está vacío, todos los demonios están aquí”, que decía Shakespeare.

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