Coctelera

Mi madre y los decretos

Una madre con casa en propiedad se indigna ante la crisis de la vivienda y exige responsabilidades a quienes permitieron que el negocio de unos pocos arrasara los proyectos de tantos

Decenas de personas durante la asamblea informativa, a 29 de septiembre de 2026, en Madrid (España).
Decenas de personas durante la asamblea informativa, a 29 de septiembre de 2026, en Madrid (España).

Todos los días por la mañana voy a casa de mis padres a echar una mano. Hoy he encontrado a mi madre frente al televisor preguntándole muy airada a una ministra del Gobierno de España qué han hecho desde su gabinete durante estos últimos años para impedir que la vivienda se haya encarecido un ochenta por ciento y el alquiler un cuarenta en el mejor de los casos. 

No me saluda. Está enfadada esperando a que la ministra le conteste “¿por qué habéis dejado entrar a los fondos buitre? ¿No sabíais lo que iban a hacer cuando empezaron a comprar viviendas a cintenares y a millares?” La mujer de la tele habla de lo positivo que será todo lo que van a poder hacer si los decretos se aprueban, pero mi madre solo repite que intentar arreglar lo que has permitido que se rompa no te hace menos responsable del estropicio.

Mi madre tiene su piso en propiedad desde hace años, no tiene riesgo de ser desahuciada, su vivienda se ha revalorizado tanto como el resto, de manera que su patrimonio ha crecido con cada subida de precio, pero aún así está indignada. No con el mercado, sabe que es implacable y desalmado, sino con los dirigentes políticos de las distintas instituciones que han sembrado el terreno para que el mercado de la vivienda sea un matadero de proyectos vitales.

Cuando por fin se digna a hacerme caso la escucho con mucha atención y entiendo que es muy probable que una parte importante de la población no esté tan dispuesta a celebrar unas medidas que parecen positivas, como a seguir mostrando su cabreo por el hecho de que no se implementaran mucho antes, o peor aún, que se haya propiciado el ecosistema en el que estas medidas son un parche para un tejido que nunca debió rasgarse ¿Por qué esos fondos de inversión podían comprar por sesenta y cinco mil euros pisos que para un currito costaban cuatro veces esa cantidad? Es muy difícil entender que nuestros legisladores hayan priorizado el negocio de unos pocos sobre las necesidades de sus representados ¿Las prisas por intentar darle vuelta a esta situación son por convicción? ¿Por la cercanía de las elecciones generales? ¿Por la presión de una ciudadanía que se siente al límite? ¿Por lo evidente que se ha vuelto este escándalo tras el caso de Maricarmen?

En el bajo del portal de mis padres hay un piso ocupado por una pareja. El hombre amenazó delante de todos los vecinos con prender fuego al edificio entero si intentaban echarles. Doy este dato porque mi madre ve de cerca la ocupación y aún así entiende que en el tema de la vivienda el problema del acceso a una está años luz por delante.

Me dice que no comprende que pueda haber una sola persona en el barrio a la que le suene decente el discurso de la derecha sobre este asunto. Ahí hemos visto desahucios de gente buena y trabajadora a la que una mala racha le ha costado la casa y con ella el barrio, las amistades y la salud emocional. Quiere que la acerque a Sol a agitar sus llaves junto a los acampados. Quiere hacer algo porque dice que si no lo hacemos nosotros nadie nos lo va a regalar.

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