A mediados de los años sesenta, el periodista estadounidense Hunter S. Thompson se integró durante un año con la banda de moteros Hells Angels, un mito de la subcultura callejera que fascinó y aterrorizó a la sociedad norteamericana, precisamente en esos años. Esta inmersión dio origen al periodismo gonzo y a su icónico libro de 1966, Hell's Angels: A Strange and Terrible Saga, obra muy recomendable para los interesados en este tipo de temáticas. A continuación, analizamos las claves antropológicas de esta caótica relación.
El macarrismo no es un patrimonio exclusivo de las calles de Madrid; es un impulso universal de autoafirmación y soberanía callejera. En la California de la posguerra, ese impulso encontró su lugar sobre dos ruedas. Los Hell’s Angels no eran simples aficionados a las motocicletas; funcionaban como una auténtica aristocracia del asfalto, un sindicato del exceso y el crimen obsesionado con la violencia, las chaquetas de cuero, la transgresión y el ruido atronador de los motores Harley-Davidson.
Para la mentalidad de la época, estos individuos representaban la barbarie. Eran los nuevos bárbaros a las puertas del imperio del bienestar material, que no hacía sino crecer imparablemente. Sin embargo, detrás de la fachada de terror que vendían los periódicos sensacionalistas, existía una mitología profundamente codificada. Los referidos moteros poseían rituales de iniciación, una jerarquía militar (de hecho, se ofrecieron para luchar en la Guerra de Vietnam como un batallón unificado) y un desprecio absoluto por la ley que los convertía en el objeto de estudio perfecto para un antropólogo de la delincuencia.
En 1965, un joven y desconocido Hunter S. Thompson recibió el encargo de la revista The Nation para escribir sobre ellos. En lugar de observarlos desde la distancia segura de un coche oficial, Thompson tomó una decisión radical: compró una motocicleta y se metió de lleno a estudiar su propio objeto de estudio; una sabia y peligrosa decisión.
Esta inmersión total marcó el nacimiento del periodismo gonzo, una metodología donde el reportero renuncia a la neutralidad objetiva para convertirse en protagonista principal de la acción. Thompson compartía sus juergas, consumía sus mismas sustancias de dudosa legalidad y asimilaba sus códigos de conducta. Su mirada captó que los moteros no eran genios del crimen organizado, sino tipos marginales, alienados por el sistema, que utilizaban el terror escénico como su única forma de capital social. Eran los "pijos malos" invertidos de la clase obrera: tipos que infundían miedo y abrazaban su propia exclusión.
Sin embargo, ell idilio entre el intelectual contracultural y los delincuentes de carretera tenía fecha de caducidad. En el submundo de la delincuencia rigen leyes de pura supervivencia y beneficio inmediato. El conflicto estalló por una cuestión tan mundana y prototípica como el dinero.
Los Hell’s Angels descubrieron que Thompson iba a publicar un libro entero sobre sus andanzas y que recibiría un jugoso adelanto económico por ello. Bajo el liderazgo de figuras como Sonny Barger, la banda exigió su parte del pastel en concepto de "derechos de autor" implícitos por haberle prestado sus vidas como material literario (por lo visto, exigían de él varias cajas de cerveza). Thompson, con la terquedad indomable propia de un adicto a la adrenalina, se negó a pagarles (aunque esta es solo una hipótesis).
La respuesta de la calle fue inmediata. En septiembre de 1966, en una carretera solitaria de la costa de California, varios miembros del grupo confrontaron al escritor. La discusión terminó en una brutal paliza colectiva que le dejó un ojo morado y varias costillas rotas. Los mismos salvajes a los que había retratado con cierta empatía le recordaron que la mitología callejera no entiende de romanticismo literario.
A pesar de su violento desenlace, Hell's Angels: A Strange and Terrible Saga se convirtió en un éxito rotundo que catapultó la carrera de Thompson (le ṕermitió comprarse su legendario rancho en Aspen). El libro demostró que para entender los fenómenos microscópicos de la ciudad y la carretera, es necesario mancharse las manos con el barro de la realidad.
La aventura dejó una lección fundamental para la sociología del desvío social: el peligro real de jugar a ser un fuera de la ley cuando tu único escudo protector es una máquina de escribir. Thompson sobrevivió para contarlo, pero su rostro marcado quedó como el recordatorio de lo que sucede cuando los intelectuales confunden el verdadero peligro de la calle con un simple espectáculo de entretenimiento.
Añadir ElPlural.com como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.