A finales del siglo XIX, cuando España intentaba digerir la derrota militar frente a Estados Unidos y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, la prensa se convirtió en un campo de batalla simbólico. En ese contexto destacó la figura de José Estrañi y Grau, periodista liberal, director, entre otros, del diario El Cantábrico y autor de una sátira política que retrató el clima emocional del país.

El contexto: España tras el desastre colonial

La derrota frente a Estados Unidos en la guerra hispano-estadounidense de 1898 provocó una profunda crisis política y moral en España. El imperio ultramarino que había sobrevivido durante siglos se derrumbó en pocos meses. En la prensa de la época proliferaron artículos, caricaturas y versos satíricos que buscaban explicar —o exorcizar— el golpe psicológico del desastre. En ese clima se difundieron descalificaciones contra los estadounidenses, a quienes algunos periódicos describían como un pueblo “plebeyo y tocinero, cobarde y felón”.

El lenguaje no era casual. En la tradición de la prensa satírica española, la caricatura animal funcionaba como un recurso habitual para ridiculizar al adversario político o nacional.

El periodista: de aprendiz de imprenta a director influyente

José Estrañi y Grau nació en Albacete en 1840, hijo de una familia humilde. Su infancia estuvo marcada por continuos cambios de residencia debido al trabajo de su padre, vinculado al transporte en diligencias.

Su formación fue irregular pero temprana: aprendió a leer en Segovia y trabajó como aprendiz de cajista en una imprenta, donde entró en contacto con el periodismo. Allí empezó a colaborar en publicaciones como El Anunciador y fundó su primer periódico festivo, El Mirlo.

Durante las décadas siguientes desarrolló una intensa carrera en la prensa satírica y política. Fundó o participó en cabeceras como La Murga, El Trueno Gordo, El Buzón del PuebloEl Mochuelo o El Gorrión. Muchas de estas publicaciones tuvieron vida breve, pero consolidaron su reputación como periodista combativo y humorista político.

Por otra parte, el periodismo del siglo XIX español estaba marcado por censuras, destierros y procesos judiciales. Estrañi los conoció de primera mano. En 1877 tuvo que abandonar Valladolid para evitar ser detenido por un artículo que había molestado al ministro de la Gobernación. Ese episodio lo llevó a Santander, donde se integró en el diario La Voz Montañesa, en el que trabajó durante casi dos décadas.

Los conflictos con el poder no terminaron allí. En 1887 fue condenado por un artículo satírico sobre una peregrinación religiosa a Las Caldas de Besaya, donde había ironizado sobre la Virgen del lugar llamándola “Virgen del Reuma”. La sanción incluía multa y más de tres años de destierro, aunque finalmente sería indultado.

El punto de inflexión en su carrera llegó en 1895, cuando fundó el diario El Cantábrico, junto a los hermanos Manuel y Buenaventura Rodríguez Parets. El periódico nació como cabecera independiente de orientación liberal y democrática. Bajo la dirección de Estrañi se convirtió en uno de los diarios más influyentes del norte de España. Para 1919 alcanzó una tirada de unos 13.000 ejemplares, una cifra considerable para la prensa regional de la época.

Las “pacotillas”: sátira, política y actualidad

El estilo literario de Estrañi se basaba en textos breves, irónicos y festivos conocidos como “pacotillas”, composiciones que mezclaban verso satírico, comentario político y humor popular. Estas piezas fueron recopiladas en varios volúmenes publicados alrededor de 1900–1901, y se convirtieron en uno de los rasgos distintivos de su producción periodística. En ese formato aparecieron algunos de sus versos más conocidos sobre Estados Unidos, difundidos en el clima de hostilidad posterior a la guerra de Cuba.

La caricatura de los “yankees”

Uno de los ejemplos más citados de esa sátira aparece en un texto atribuido al alias periodístico “Tío Calores”, donde Estrañi imagina una carta enviada por un cerdo a la redacción del periódico satírico Don Quijote. Cabe destacar que el tono grotesco y humorístico respondía a una tradición de sátira política que buscaba provocar la risa del lector más que ofrecer un análisis diplomático.

El poema decía:

“Ha dado la prensa toda,
por patrióticos arranques,
en llamar, siendo ya moda,
sucios cerdos a los yankees.

¡Los yankees son tan marranos
por fuera como por dentro!
Y nunca, por nuestro mal,
comparen en sus secciones
aquella materia asnal
con nuestros ricos jamones.”

Galdós, teatro y vida cultural

Más allá del periodismo, Estrañi formó parte del ambiente cultural santanderino de finales del siglo XIX.

Fue amigo cercano de Benito Pérez Galdós, con quien compartía afinidad política republicana y largas tertulias durante los veraneos del novelista en Santander. El diario El Cantábrico defendió y promocionó activamente los estrenos teatrales de Galdós. Estrañi también participó en proyectos teatrales y literarios. Entre sus obras destacan: El rizo de doña Marta (1874), Una cita en el teatro (1879), La inundación (1880), Santander por dentro (1892). En 1900 colaboró en el libreto de la ópera Doña Perfecta, basada en la novela de Galdós.

En su tiempo, Estrañi fue una figura conocida en la prensa liberal del norte de España. Su estilo —irónico, agresivo pero elegante— le dio una gran popularidad entre lectores y contertulios. En 1914 fue elegido primer presidente de la Asociación de la Prensa de Santander, cargo para el que sería reelegido en 1916.

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